LAS INDIAS DOÑAS, 1600

22 agosto, 2010


Indias y todo fuimos sus compañeras y las madres de gallardas generaciones, con nosotras crearon una sociedad mestiza que se enriqueció con nuestros genes; por más que quisieron probar nuestra debilidad, allí están muchos de nuestros hijos sobresalientes frente a los peninsulares puros, fundadores de poblaciones y mártires de los representantes de la Corona (Fajardo). Lo que pasa es que no nos mencionan, nos silencian, nos borran, nos niegan la figuración en su historia triunfal de combates, matanzas y de sed de oro, sin revelar lo que nosotras les regalamos en sosiego, descendencia, en placeres,  y en su defensa porque los llegamos a considerar nuestros maridos, y sus nombres pasaron a nosotras y a los hijos que nos hicieron. Así con nuestra pasión de hembras y nuestro afecto de madres, fundimos las razas y los sostuvimos para que cimentaran un nuevo continente.


NEGRAS EN LA COLONIA

26 junio, 2010


L

La negra Francisca.

Me han acusado de bruja, y si es porque manejo hierbas y menjurgues con maestría, ¡pues sea! pero no pueden negar que ha sido mucho el sanao que yo he sacado a flote cuando se hundían al borde de la muerte. Ahora qué maleficios también he soplado, pero en buena fe, quiero decir que no a cualquiera le hace uno esos trabajos, sino al que se lo merece por su maldad y traición, por eso quien lo requiere tiene que hacer pruebas muy ciertas, porque la acción de los dioses, es efectiva. Y es por eso que me quieren apresar y prenderme candela, pues porque reconocen con miedo mis artes que no fallan.

Bueno, pero nadie pregunta qué quien me encargó el trabajo ¡si supieran! ¡Jesús Dios! porque fue nada menos que la Doña Joaquina Cabello, que muy descompuesta porque el marido se le sale pa el monte todas las noches, pallá donde vive la india Jacinta que lo tiene bien amarrao, porque ella también sabe de preparados buenos para fijar al hombre, pero la verdad es que mi guarapo surtió buen efecto, fue más poderoso, el hombre está tendido en la cama con fiebres hace más de un mes, y así ¿usté me dirá? ¿Qué puede hacer él con una hembra? Por eso me acusó, pero de la esposa no dijo ni pío.

Está visto que los hechizos se cumplen, y eso lo saben los amos, por eso nos llevan en sus expediciones para darles la suerte, y también para curarlos en sus males cuando caen enfermos con fríos y calenturas.

LA NEGRAS

13 junio, 2010


Las negras 1600

Aquí estamos vendidas como mercancía barata para trabajarles sus tierras y mantenerles sus casas. Nos arrancaron de nuestra selva, nos apartaron para siempre de nuestros hijos y parientes, para arrojarnos al océano a punta de látigo, hambre, sed, hacinamiento y hediondez. Cuántas veces quisimos perder la vida por hambre e inanición, obligados a tragar a la fuerza el mendrugo y la gota de agua que pudiera mantenernos vivos, y todo para cumplir su empresa conquistadora. Y aquí hemos llegado para aligerar el trabajo de estos nativos a quienes oprimieron primero, y también para servirles de carne fresca en su concupiscencia. Y ahí zamparon nuestras vidas, doblándonos bajo el sol caliente para sacar adelante sus cultivos y encerradas criándoles a sus hijos con el seno opulento, con arrullos y dulzuras, para contarles nuestras historias a la hora del sueño, para quererlos y consentirlos con ternuras de madre. Aquí nos desgastamos de puro trabajo y de entregarnos a complacencias ajenas; aquí nos vendieron y nos marcaron con hierro candente en señal de propiedad, como a las bestias.

Y ¿a ver? Cómo les alegrábamos la vida con nuestras juergas y nuestros bailes, ¡cómo se les salían los ojos a las blancas queriendo aprender a desprender la cadera con esta cadencia que nos viene metida en la sangre! Y no se diga de las ganas de los caballeros, ellos con blasones y títulos, con peluca y casaca, pero con su deseo despierto no precisamente por las ganas de aprender a bailar a golpe de tambores ¡no señor! eran las de probar cómo nuestra cintura se estremecería bajo sus cuerpos lascivos y ansiosos y cómo el baile del catre sería la culminación de la noche de fiesta.

LAS INDIAS

13 junio, 2010


Yairé 1500

Y llegaron ellos para  hacerse dueños, bajaron de sus casas flotantes portando armas que blandían ostentosamente, y con mucha rabia nos diezmaron sin recelo ni piedad. Nos quitaron la tierra y a nuestros hombres, también a nuestros dioses, porque tuvimos que adorar a los suyos, a su Dios hemos de llamarlo Nuestro Señor y hemos de permanecer postrados frente a sus Santos.

A nosotras nos han tomado como sus mujeres, para uso y desafuero, sin importarles nuestros hijos nos han arrancado del hogar, y aquí estamos teniendo retoños para ellos, mestizos sin padres ni derechos.

Pero, no lo podemos negar, también en muchas ocasiones, cuando nos hicieron sus mujeres y les tuvimos sus hijos, los aguardamos con impaciencia al regreso de sus combates, de sus conquistas, de la fundación de los pueblos que hicieron suyos. ¡Ah maldición! ésta de la querencia que mezcla la nostalgia con la rabiosa quemazón, porque unos regresaron alguna vez de los puertos acompañados con sus hembras legítimas después de años en que los separó el océano, y entonces las cosas tomaron el orden que sus nexos legales y religiosos exigían, las Doñas pasaron a dirigir y a mandar en los asuntos del hogar que se instalaba en la tierra conquistada, pero nosotras, madres de sus hijos y refugio para sus deleites, nos quedamos del otro lado, a su mandar, para servirlas y para no pocas veces, ser tratadas con recelo y malicia, sospechando de nosotras, no sólo porque nos consideraban como seres inferiores y de malos instintos, sino porque temían la recaída de sus maridos en nuestros lechos de paja. Pero no todas fuimos apartadas del todo, porque a lo que a mi corresponde, no dejé de recibir la impaciente visita de madrugada, quizás más breve y espaciada, y entonces se me clavaba la melancolía en el corazón y se me encendía el resentimiento, y así uno sufre con mucha tristeza y rabia.

MUJERES EN LA COLONIA

13 junio, 2010



Aquí convivimos las mujeres de tres castas. Hemos construido una sociedad singular llena de contradicciones donde, a indias y a esclavas, se nos han pisoteado nuestras raíces y el bagaje íntimo que cada una lleva consigo. Nos educan obligándonos a aceptar los modos extraños regidos por leyes que sólo convienen al conquistador y que se oponen a nuestra cultura. Aquí hemos contribuido de manera activa a la formación y mantenimiento de un régimen que se sostiene con el aporte de nuestro trabajo, y hemos sido elemento sustancial en el poblamiento mestizo de esta nueva sociedad nacida bajo el signo de la guerra y la esclavitud. Las blancas, junto a sus maridos, gozan de los privilegios que se le permiten a las mujeres del grupo dominante y a nosotras nos mantienen a su servicio.