A ESCONDIDAS EN 1945

24 abril, 2010


 

Estuve lista con anticipación pues prefería salir antes de que la familia llegara, sin embargo una sensación de culpa y vergüenza me invadían impidiendo que mis anhelos se entregaran a la aventura con espontáneo disfrute. No permití ser recogida en la puerta de la casa justamente para evitar que alguien se percatara de mi decisión la cual, pensaba, podría mantener en secreto si obraba con astucia y discreción. Caminé con paso rápido hacia la esquina, allí donde estaba la Pastelería, lugar acordado para encontrarme con Antonio Bellini quien vendría por mí. No hizo falta esperar, al acercarme divisé el Opel azul marino que él me había descrito el día anterior, sólo que omitió el estado destartalado en que se encontraba. Mi corazón daba tumbos, miré hacia todos lados con la intención de comprobar que nadie me había visto. Frente al mostrador de los dulces creí divisar a mi prima Inés comprando el pan de la cena.¡Qué calamidad! ¡La más lengua larga!. Maldiciendo mi olvido me introduje en el carro y con un grito ahogado supliqué: -¡Pronto! ¡Pronto! ¡Vamonos bien lejos! Una voz confundida respondió: -¿A dónde?, -A Los Próceres, -le contesté-donde nadie nos vea. Una vez estacionados en la Avenida, el Profesor de la Auto Escuela dio inicio a su primera clase.

Taller

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LA MUJER EN LA CAJA

15 abril, 2010


El entierro femenino

sepultada viva

No quiero medir el tiempo, no quiero contar los años, tantos anhelos disimulados en la penumbra de un falso escape, tantos momentos de risas falsas y de palabras huecas. Corrí con bríos juveniles buscando el paso para alcanzar los sueños, pero el prado verde y esponjoso desapareció y ante mí sólo el abismo profundo, infinito, barrancos sembrados de rocas  Estoy herida, son laceraciones que han abierto mi piel y han desangrado mi esperanza. Pero esta certidumbre de un destino impuesto llenó mi conciencia de conformidad, una senda oscura he recorrido mientras me apoyo en las virtudes ancestrales que han de darme una acogida favorable. He resistido el maltrato y la minusvalía como si fueran merecidos, velando por no crear malestar ni amonestaciones que rozaran la imagen cuidadosamente construida, aquella que me brinda los méritos por paciente y sumisa. Y soy prisionera de una cárcel que yo he contribuido a levantar y dentro de la cual mi corazón oculta sublevaciones y desquites, entonces ya mis bondades no me envanecen como ayer, se me cae la máscara a pedazos y el rostro aparece anuncia peligro ¡crisis¡ ¡No! no quiero aceptar esta figura enana y desgarbada cuyo encogimiento, hijo del miedo, me aplasta, me esconde y me vuelve invisible.

EL PASEO POR LA CASA

15 abril, 2010


Tarde de domigo, silencio, mis tres hijas lejos transitan por los caminos escogidos: Una, orfebre madre de tres jóvenes universitarios, desvelada día y noche del taller a la cocina y de la cocina al taller. La diseñadora de luces viajando a diario de la computadora a la cónsola mientras crea un universo luminosos para las estrellas que exiben su talento en los escenarios. La pequeña, vecina a los bosques de Robin Hood (Notingham), posgraduándose en responsabilidad social, para traer a su país innovaciones en el mundo de la empresa y el empleo. Y yo en la rueca, la hilandera de letras y palabras llevando al tapiz mis divagaciones y mis fantasías para bordarlas a través de una voz. Pero hoy he decidido un paseo por las casa para encontrarme con mis huéspedes: Las flores cortadas en el jardín, flotando en los jarrones que ornamentan las mesas; las tallas en madera y las figuras de barro que se alzan altivas con rostros expresivos que delatan su historia. La colección de crucifijos que agonizantes, cada uno desde su origen artesano o de escuela, manifiestan la trascendencia del martirio; las fotos de los que partieron regadas entre tramos y estantes, gritando su presencia a pesar del adiós. Y yo ahora descubro interlocutores con los que entablo diálogos memorables porque me cuentan sus historias que yo compongo al ritmo de mis sentimientos y de mis impresiones. Entonces la casa se llena de voces y el silencio huye.

MADRE ES MADRE

15 abril, 2010


Dulce Doncella

Dulce Doncella, mi gatita mestiza, trepó sobre mis piernas y con un miau lastimero me envió una misiva sugerente. La seguí hasta su cesta y ahí encontré a un gato dormilón que roncaba plácidamente cobijado entre la manta que tejí para ella. Sin vacilar registré entre los pliegues para descubrir los rastros de la virginidad perdida junto al resto de las semillas derramadas del macho violador. Indignada espanté al Fausto que la había asaltado durante la noche y acogí en mis brazos a la joven felina que aún asustada y adolorida maullaba quedamente. Tres mese después una madrugada sentí su salto sobre mi cama y sus paticas sobre mi rostro, me avisaba una vez más algún acontecimiento. Nos acercamos a su nido y allí varios animalitos se retorcían en busca de calor. Dulce Doncella abordó la cesta y con diligente precisión los arrimó hacia su vientre donde se adhirieron con celeridad como lo dicta el instinto, y entonces con maullido cantarín me presentó a su prole mientras los lamía tiernamente.

(Taller)

LA DECISION

9 abril, 2010


 

¡Y entonces?

Salí del trabajo emocionada, Miguel me esperaba como todas las tardes. Mi espíritu había cambiado desde que lo conocí, ya mi regreso a casa no era esa montaña a escalar donde la rutina y las frases obligadas se habían vuelto abrumadoras. A pesar de la culpa que me provocaba el sentirme desleal  la ilusión era tan luminosa que apagaba el remordimiento  y me inyectaba  vida. Hasta ese momento mi matrimonio había sido una comedia a juro jugando un papel que escondía el desierto y la congoja. La fuerza renovadora que he inhalado, estira hasta hacer de las obligaciones una alegre actividad. Pero la invitación de Miguel hoy, me desconcertó, nos veríamos en un café. Enseguida conocí el motivo, no soportaba la situación secreta y me exigió una definición: debería divorciarme a pesar de mis escrúpulos basados en el estado de mi esposo después de una quiebra, un juicio  y sin trabajo, entonces no le di ninguna esperanza.  Camino a la casa tomé la decisión: nuestro matrimonio era una mentira  insoportable. Me recibió huraño y casi insolente, se sentía solo, sin compañera  y había revivido un viejo amor con el cual emprendería una nueva vida. El desconcierto y la secreta alegría me invadieron, tanto que sin responder fuí a marcar en mi celular. En la grabadora apareció una voz cortante: Aparté un pasaje en internet, acepté el proyecto y me voy por cinco años; reflexioné y me di cuenta  que no valía la pena, sólo fuiste algo pasajero por lo cual no renunciaré  a otras opciones. No me llames.

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MOTIVOS

7 abril, 2010


 

 

El otro día me preguntaste    -¿Por qué escribes?


-Buena pregunta….. muy buena pregunta, -respondí alelada concediéndome una generosa tregua que me permitiera lidiar con la impronta tribulación e instalarme frente al reto echando mano de algún arma eficaz, aquella que me ayudara a salir del trance más o menos airosamente. Y en ese momento sentí que intentabas derribar las barricadas que protegían mi intimidad, que ibas tras algo que era mío solamente. Ingenua de mí que huía de los motivos profundos, aquellos que subyacen entre las nieblas de una conciencia no siempre despierta.

Y me asusto al ver cómo esta simple pregunta ha sido capaz de suscitar en mí diversas, paradójicas reacciones: al principio, un enigmático bloqueo me obliga a congelar la respuesta dentro de un gesto vago y sorprendido, en una mueca torpe e inútil, incapaz de cooperar en el alumbramiento de la palabra; y luego, me desbordo locuaz en catarata que rebota desordenadamente sepultando cualquier intento de exposición lógica, de armónica declaración; y es que, contradictorios comportamientos, acusan mi estupor, he sido sorprendida. Y no sé si tú, mi interlocutor, has quedado defraudado, yo, sin duda alguna, permanezco aturdida; y entonces te convoco hoy, porque en el interludio de nuestros diálogos, yo he tratado de recoger para la confidencia, el vaso derramado de mis secretos.

Primero me acerqué a mis temores desentrañando el por qué de mi desconcierto, ¿por qué a tal punto, me he sentido violentada en mi intimidad, empujada hasta el borde del abismo? Y entonces veo con nitidez cómo este oficio se hilvana con sólidos remates a lo más profundo de mi espíritu, cómo en cada frase desgranada sobre el papel queda impreso un pedazo de vida. Por eso, hablar del por qué escribo, significa desnudarme, y tú, estoy segura, ausente de tal implicación, me has invitado a hacerlo. Y si te contesto con integridad, quizás voy a descubrirte quien soy, y me pregunto si debo hacerlo, si estoy preparada para ello, si estoy obligada. Y me doy cuenta que estoy jugando con mis contradicciones, que es un ejercicio de lúdica dialéctica, donde el halago de hablar sobre mi oficio se combina con la timidez de develar mis secretos. Paradojas, confieso que me enfrento a una tentadora seducción, el deseo de volcarme, el mismo que da sentido a mi oficio.

Escribo para regalarme espacios prometedores, despertares donde aún la somnolencia se cuela en la vigilia rasgándola con imágenes y palabras que se atropellan para anunciar la aurora de una nueva composición. Y el día cobra de inmediato la luz de un nuevo reto, la esperanza del trabajo creador, aquel que en cada párrafo te regocija en el convencimiento de ser un poco mago y alquimista, propietario de una identidad de inventor.

Y cómo ves, soy vanidosa, ¿acaso no me elogio? quizás nadie lo note, he procurado disimular practicando mil peripecias y humildes aplazamientos donde, no obstante, la demora no apaga la esperanza del reconocimiento. Y es que siento que este incesante bullir que late en mi cabeza debe llegar hasta el papel, y entonces me resisto a confinarlo entre las rejas de mi porfiado elucubrar donde temo que se agote en sí mismo; tampoco quiero dejar que el viento errante lo desgaje entre olvidos después de haber encendido la conversación apasionante.

Y en este examen que ahonda en los motivos de una tarea que está ceñida a la propia carne, y que es el aire con que se oxigenan cuerpo y espíritu, vas descubriendo paradojas: el escritor con etiquetas de egocéntrico y ermitaño está acosado por una sed de sociabilidad, y es que no se conforma con que ésos, sus hallazgos, aterricen solamente sobre la hoja de papel, él quiere compartirlos, él quiere difundirlos. Por eso, desde su cueva, tiendes hilos comunicantes, lanza voces al viento que convierte en heraldo portador de sus mensajes, quiere darlos a conocer con la esperanza de encontrar resonancias, quiere adivinar el impacto de su misiva, quiere descubrir el meollo del posible intercambio. Y será ese su descubrimiento, el encontrar sin proponérselo la tarea de escribir con atrayentes significados: conocer y conocerse, liberar memoria y corazón y dejar fluir la palabra que ayer aguardaba entre bastidores. Emprender en soledad un viaje sin agenda, y en el camino, ir reclutando compañeros insólitos.

Y en esta ruta intrincada, camino hacia sorpresivos encuentros, senda que te depara novedades, el oficio se vuelve catarsis y confesión, sueños y existencia, el duende que despertará a la memoria, la magia que hará estallar la fantasía. Y entonces en una travesía quimérica, disparatadamente irás atravesando la propia realidad, drogada de palabras y espejismos, de recuerdos y de anhelos pendientes, componiendo armonías caprichosas al ritmo de una lengua que cada vez te ofrece más hallazgos. Y escribir es entonces el trance que escogemos para volver a vivir o para vivir todo aquello que nos ha sido negado; es ocasión para adjudicarnos premios y castigos. Y porque soy rebelde escribo para denunciar, y como soy cobarde me escondo tras alguno de mis personajes para expiar mis culpas. Escribir te permite jugar el adivina quien soy, burlarte de los tiempos y crear escaramuzas donde batallan mentiras y verdades, es a la vez disfrazarte y quitarte la careta, porque escribir es compromiso que te lleva a delatar tu propia esencia.

Entonces contestar a la pregunta inicial, motivo de mi turbación y de mi desconcierto, es declarar que soy vulnerable a todas esas seducciones, a ese llamado que incesantemente me incita a vuelos etéreos en busca de estrellas o a pisar tierra a través de agobiantes caminos, que me descubre a ratos como obstinada impenitente y también como pecadora contrita en busca de la redención.

Por eso, hablar del por qué escribo, significa desnudarme, y tú, estoy segura, ausente de tal implicación,  me has invitado a hacerlo.Y si te contesto con integridad, quizás voy a descubrirte quien soy, y me pregunto si debo hacerlo, si estoy preparada para ello, si estoy obligada. Y me doy cuenta que estoy jugando con mis contradicciones, que es un ejercicio de lúdica dialéctica, donde el halago de hablar sobre mi oficio se combina con la timidez de develar mis secretos. Paradojas, confieso que me enfrento a una tentadora seducción, el deseo de volcarme, el mismo que da sentido a mi oficio.

HUECOS Y MALOS OLORES

7 abril, 2010


Me he levantado con retraso, llueve, es un día para flojear porque la oscuridad y la calina aún a las 6.30, envuelven la ciudad y nos invitan a prolongar el sueño. Debo vestirme con rapidez pues mi curso despega a las 7. Revuelvo las gavetas y la zapatera en busca del atuendo. Ahí están en estado deplorable tres pares de zapatos para caminar. He rumiado la compra de uno nuevo y siempre me arrepiento, total en esta trotadera higiénica se ponen viejitos enseguida, es un gasto extra que debo eludir. Tomo unos suecos con plataforma y me lanzo a las calle, debo abordar el tráfico de un día lluvioso y estacionar a cinco cuadras del Instituto. Comienzo mi periplo: a comerme un semáforo peatonal siempre pegado y a brincar grietas, huecos y tanquilas destapadas, hoy todo inundado. Y lo peor, esquivar los cerros de basura provenientes de bingos y restaurantes apostados en mi vía.

A una cuadra de mi destino cruzo la calle atenta a los carros mientras extraigo un Klinex para taparme la nariz y aliviar las náuseas, justo en el momento en que una zanja fangosa recibe mi pie con tan poca acogida que mi tobillo se dobla y mi cuerpo se desploma.

Enchumbada en un barro pestilente y cojeando llego a la clase y ante las miradas críticas, una idea surge para alegrarme el día: ¡Un par de zapatos nuevos,! su adquisición, se impone en pro de mi seguridad para trajinar por terrenos tan peligrosos. Al terminar la clase, con toda legitimidad, los compro ¡sin complejo de culpa!

 

DESPERTARES

5 abril, 2010


 La mañana llega después de las tinieblas que sólo abrigan sombras. Yo sé que ha amanecido porque la luz se cuela entre mis pestañas, parpadeo, no quiero abrir los ojos porque aborrezco ese otro día que arriba con la resaca tortuosa del desvelo que marca mi despertar.

Todo comenzó una semana atrás a raíz de dolorosas jornadas consumida a lo largo de pasillos asépticos, malolientes a fármacos y a desinfectantes En la madrugada apareció un fantasma verde con gorro de Terapia para decirme: -¡YA!

Ocho días esperando por ti, por alguna palabra que me dijera que la celebración de nuestro encuentro sobreviviría; anhelando de tus labios resecos un himno de esperanza. Sólo escucho ese monosílabo que golpea en mi cabeza con sonidos de muerte:¡YA, ya¡ ¡Y me resisto! por eso, desafiando prejuicios ancestrales me entrego a un brujo que te convoca y me acojo a la calidez de tus manos y a tu apasionado beso. Y mis noches ya no son amarga vigilia porque en ellas habita tu presencia.

Pero hoy he despertado atribulada en los brazos del hechicero y he descubierto la estafa.


es un hada hilandera, famosa por la habilidad y destreza de sus manos. En Cerdeña buscan a Giane por las cuevas para que adivine el futuro. Sus predicciones son muy acertadas, conocedora como es del interior del ser humano. A Giane hay que imaginarla hilando ante la rueca, adivinando por medio de sus hilos el destino de cada uno de nosotros, envuelta en una maraña de posibilidades que marcaran nuestro futuro.Yo me refugio bajo el “portal” cuando la lluvia arrecia, cuando el afuera se vuelve sordo, cuando fenece la comunicación, el diálogo  con las voces de los otros.  Entonces yo necesito escuchar ese caudal de palabras que corre dentro de mí, expresarlo porque es el agua que me alimenta y me consuela, por eso lo atrapo antes de que se borre. De no hacerlo, lo pierdo. Debo convertirme en “hilandera” que devana los hilos para formar las palabras, las frases que han de tejer el tapiz que mostrará mi mensaje, la historia que entregaré a otros donde, como Giane (*), dictaré el acontecer que de ella se desprenda.

(*) La alusión a Giane se debe a que “..es un hada hilandera, famosa por la habilidad y destreza de sus manos. En Cerdeña buscan a Giane por las cuevas para que adivine el futuro. Sus predicciones son muy acertadas, conocedora como es del interior del ser humano. A Giane hay que imaaginarla hilando ante la rueca, adivinando por medio de sus hilos el destino de cada uno de nosotros, envuelta en una maraña de posibilidades que marcarán nuestsro futuro“.