PERSONAJE 3

29 agosto, 2010


Bartola: la quiero “dotora”


Bartola llega como todos los lunes a la quinta de los Morón. Viene de su fin de semana libre arrastrando con cansancio su cuerpo grande, negro y de piel lustrosa, prensada sobre unas carnes opulentas y musculosas. Sus caderas prominentes oscilan  al compás de cada paso. Aprovecha su asueto para ocuparse de su hija de ocho años que le cuida una comadre y que es su desvelo permanente, pa sacala adelante, porque no la quiero sirvienta, la quiero ¡dotora!

Se enfunda en su uniforme talla 24, se pone el delantal y comienza la faena. Los patrones no volverán de sus respectivos trabajos antes de las siete, los niños del colegio al mediodía pa su baño y su comida. Entonces la casa es de ella y la obligación de limpiarla y ordenarla también. Antes de barrer la acera llena de polvo, hojas y bejucos, retoca con rubor sus mejillas y su boca de labios prominentes, con labial, va a compartir con los pasajeros de la calle, barrendero, jardinero, el chofer del camión del agua, el marchante de los queso y la fruta.

Bartola con sus apenas treinta ya no tiene sueños amorosos, la estrenaron y la dejaron con una barriga y curada de ilusiones. Se sienta en el murito de la entrada, se quita las “cholas” en ademán de reposo, y sube el volumen del radio de pilas que la acompaña a todas partes. ¿Está contenta con esta familia? Bueno, sí, pero ¿cuándo será el día que podré tener mi rancho y ser su ama de casa? ¡Y tener a Sonia conmigo pa cuidala, pa difrutala? ¡Yo siempre cuidando a los ajenos!

Le duelen las piernas,¡ este peso a cualquiera maltrata! El dotor me dijo que era “la tiroide”, la dieta no basta, tienes que tomar medicamentos.- Y ella se mira en el espejo y queda desconsolada, su cara le gusta, ¡Si! ¡En Guiria me decían que yo era bonita! pero…¡ese cuerpo! Piensa, si le resta un poco a la comadre, le quedará pa pagase ese tratamento, pero ¿y Sonia? ¿Le va quitá la ayuda?  ¡¿y mi dotora?! Bartola renuncia al“tratamento” y procura no mirarse en el espejo.

TAREA PARA EL TALLER M. SOCORRO

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Luisa M.Alcott   y Francoise Sagan

el cambio en

1950

 

 

Luisa M. Alcott

Para quienes hemos vivido dos épocas, y tenemos conocimiento de una más remota traída por los relatos de nuestras abuelas y a través de los códigos trasmitidos en nuestra educación, es motivo de inquietud indagar sobre los cambios porque nos parecía imposible que lográramos traspasar los  recios muros que levantaron para cortar nuestro paso.

 

Francoise  Sagan

Cambiar no es un acto mágico ni normalmente se da de un momento para otro. Subyacen hechos en el afuera y tatuajes en el inconsciente que se unen para dar nuevos frutos. En la vida social se mueven en la niebla como factores clandestinos, síntomas de desajustes que van causando fricción y anunciando crisis: se forma la roncha y empieza la picazón. Mi madre estuvo siempre alerta a las desazondel ambiente, y se la pasaba fumigando para exterminar cualquier intruso que portara novedad, es decir variación, modernismo. Y ésta era una palabra que se cargaba y recargaba de connotaciones tan nocivas que, toda chica moderna, o cualquier innovación en la conducta tradicional, era suficiente para suscitar sospecha.

Por eso estuvimos siempre guardadas, escondidas, protegidas de alguno de esos peligros que empezaron a hacerse más patentes hacia finales de los cincuenta.. Es más, para hacer más segura la empresa desinfectante, mi madre revisaba previamente la prensa y las revistas dominicales para extraerles cualquier idea que pudiera socavar los cimientos de nuestra sólida educación (la de las hembras por supuesto) fundamentada en la piedad, la  sumisión y la humildad,  sólida “cultura general” (ese era el término que empleaba), adquirida en el hogar, porque a la Universidad NO, eso atenta contra la misión femenina, y no sirve para nada, es una perdedora de tiempo, porque en seguida te darás cuenta que el destino es cambiar pañales y dar teteros. Luego, aquellas que sobresalían gracias a sus cualidades estéticas, profesionales o de frívola sociabilidad, eran eliminadas como modelos a seguir, sólo los ejemplos de abnegación y modestia eran aceptados como patrones dignos de imitación.

Aunque parezca una exageración aún en los cincuenta contrastaban estos dos estilos, a pesar del revoltijo que se venía meneando en la semipenumbra desde mediados de los treinta, cuando algunas inquietas y criticadas mujeres  les dio por reivindicar sus derechos y privilegios, muy pisoteados por cierto.

BINGOTERAPIA

25 agosto, 2010


Ana Luisa

Tengo 40 cuarenta años y soy una mujer que me había considerado “una triunfadora” gracias a mi espíritu intrépido y decidido a la hora del cumplimiento de mis aspiraciones. Graduada de bioanalista a los 26 ejercí en diferentes laboratorios de prestigio hasta que me casé con Marcelo médico hematólogo, propietario de un centro clínico y quien fundó el departamento de anatomía patológica conmigo a la cabeza.

He aquí que hace dos meses el susodicho me sorprende con una revelación caótica: -Nuestra relación, ya no es lo mismo, me quiero divorciar-. Cómo comprenderán, más claro no canta un gallo, y mi dignidad no me permite entrar en menudencias, de modo que con fingido estoicismo, atiné a decirle -Bueno hagamos los arreglos -Pero claro si yo siempre me había sentido libre de las trabas ancestrales que condenaban a otras a la obediencia ciega, al abandono de los sueños, y sobretodo a una dependencia morbosa de los maridos.

Y ahora ¿Cómo es posible que porque él me haya dejado yo no rebalse del fondo de esta laguna oscura donde me he sumergido? Estaba convencida de mi atractivo pues no me han faltado conquistas ni de soltera ¡ni de casada! pero la verdad es que mi autoestima se ha venido al suelo y me reviso física y psicológicamente con obsesión, descubriendo una mata de defectos que me definen como una mujer candidata, “de antiojitos”, a ser botada. Ya las cualidades de las que me ufanaba se me perdieron, no las encuentro ni frente al espejo, ni a raíz de mi compulsiva inspección interna que antes me arrojaba virtudes muy apreciables.

Creía que me había portado excelentemente como esposa, amante y compañera, como madre dedicada a la atención y formación de los hijos, que no es por nada, pero han resultado piedras preciosas dignas de engastar, buenos y brillantes.

¿Qué gastaba mucho? Bueno, entre los dos ganamos un buen ingreso, y yo lo refuerzo con unas iditas al bingo con mis amigas jugadoras. Pero siempre he empleado el dinero en beneficio de la familia, en el realce social y por supuesto en mantener una imagen que me llevó a figurar en la lista de “las profesionales mejor vestidas de la capital” y en la de las propietarias de “Casas de ensueño” reportaje publicado en prestigiosa revista. ¿No era para que él se sintiera complacido y vanidoso? ¡Ah no! Ahora me entero que viene pagando mis deudas de juego y que las últimas se pasan de castaño oscuro y que él no ve a su mujer porque ella se la pasa en los bingos. ¡Qué egoísmo el de los hombres! Trabajo todo el día y no puedo relajarme con unas jugaditas y unos tragos, ha tenido el valor de decirme que mi conducta se ubica entre las adicciones y que requiero tratamiento  y ¡todo para justificar que me deja!

LAS INDIAS DOÑAS, 1600

22 agosto, 2010


Indias y todo fuimos sus compañeras y las madres de gallardas generaciones, con nosotras crearon una sociedad mestiza que se enriqueció con nuestros genes; por más que quisieron probar nuestra debilidad, allí están muchos de nuestros hijos sobresalientes frente a los peninsulares puros, fundadores de poblaciones y mártires de los representantes de la Corona (Fajardo). Lo que pasa es que no nos mencionan, nos silencian, nos borran, nos niegan la figuración en su historia triunfal de combates, matanzas y de sed de oro, sin revelar lo que nosotras les regalamos en sosiego, descendencia, en placeres,  y en su defensa porque los llegamos a considerar nuestros maridos, y sus nombres pasaron a nosotras y a los hijos que nos hicieron. Así con nuestra pasión de hembras y nuestro afecto de madres, fundimos las razas y los sostuvimos para que cimentaran un nuevo continente.


LA BUSCADORA DE RASTROS

22 agosto, 2010


La Buscadora de Rastros


 

Las vidas que voy conociendo han pasado a formar parte del material de mi laboratorio donde trato de analizar datos para entender tantas historias. Y observo estos elementos, me apodero de ellos, voraz los ingiero, y una vez dentro de mí, monto un espionaje para ver y sentir cómo vibra mi espíritu, mi conciencia, conocer dónde se topan las notas de la feminidad esencial, dónde está la resonancia, donde la identificación.

 

Es un camino que emprendo desde la oscuridad. La vida que vivimos tiende a taparlo todo, a nublar nuestra visión y a empañar la conciencia, luego la búsqueda de la luz es un camino arduo, pero igual pleno de emoción vivificante. Estamos rodeados de monstruos ávidos que devoran nuestros valores, nos los arrebatan cuando depositan en nuestros ojos una falsa mirada, nublada por el miedo y una equívoca discreción.

Difícil tarea descubrir en la mujer su naturaleza esencial cuando confrontas escenarios ambiguos, las épocas y la cultura, pero es allí, justamente en los contrastes, de donde partirá paradójicamente la verdad.


MARIA HELENA 1995

22 agosto, 2010


Triunfadoras del año 2000

Durante años, más que eso, yo diría que desde niña, he tenido mi meta bien clara y la he perseguido con ahínco, perseverancia y tesón, y he aquí que la alcancé y la superé con creces ¿cuándo pude imaginan que estaría muy cerca de la cabeza de una Organización estrella? Pero sí, claro que debía esperarlo, si ellos me dictaron, sin saberlo, las pautas necesarias, me trazaron el camino, me mostraron las herramientas eficientes y yo pude mirar como las usaban, ellos fueron mi modelo, (tuve escuela pues). Pertenecemos a una familia donde el éxito era palabra que formaba parte tambiéndel silabario infantil (e-xi-to), había que aprendérsela porque esa era la meta. Un grupo patriarcal donde mi padre, a pesar de su cacareada modernidad, mandaba con el absolutismo de un señor feudal; y aunque mi rol no quedaba muy claro dentro de las expectativas del clan, por aquello de mi sexo y de algunos residuos de tradicionalismo del cual padecían, no fue ninguna sorpresa que me graduara en ciencias económicas con post-grado en el extranjero y de inmediato pasara a hacer carrera dentro de la empresa familiar. Única hembra entre cuatro hermanos, no tuve más estímulo que imitarlos y competir con ellos, a pesar de que mi voz no siempre pareció sobresalir entre las de los caballeros de la mesa redonda, pero una vez que pisé los amplios pasillos del lujoso edificio y ocupé oficina propia con vista a El Ávila desde el 8º piso, dándole la espalda a una obra de Jacobo Borges desde mi confortable silla ejecutiva, mis pasos circularon por una correa sin fin; los varones tuvieron que escucharme en cada junta, y no sólo eso, consultarme en repetidas ocasiones. Pero ¡Por Dios si fueron unos estudiantes poco aplicados!

Claro yo crecí en época proclive al cambio de la condición femenina, justo cuando se derrumbaban las paredes que había guardado a nuestras madres, eficientísimas amas de casa a pesar de estar rodeadas de lujo y confort, y de contar con una servidumbre de primera, allí en ese estrato nos movíamos nosotros. Pero mi modelo clarísmo, fue otro, no obstante el hecho de que haya nacido “colocada” no fue óbice para tener que luchar por mis medallas y mis ascensos, y para hacer ganador mi punto de vista en muchas oportunidades, o sea el hecho de que hoy esté a punto de presidir la Institución, no fue un obsequio, ni preferencia alguna, fue el resultado de competir y rendir a la par, aprender a defenderme de intrigas y zancadillas, y cumplir mis obligaciones sin escudarme en el nexo familiar ni en mi condición de mujer para gozar de favoritismos. Tuve, es verdad, que echar el bofe, mi carrera no ha tenido descaso, pero de no haber sido así, tampoco lo serían los resultados. Claro que ellos opinan que todo fue por preferencias y debilidades del jefe de la familia, ¡que se derretía con su niñita! ¿Porque reconocerme como algo valioso? ¿Ellos? No, muy difícil.

Claro que ya en mi época las feministas fundamentalistas no hacían falta, sino que al contrario, estaba demodé nombrarlas y daban pena ajena, ya habían cumplido con su importante papel décadas atrás y habían obtenido sus buenos logros, el voto, por lo menos y otros muchos tantos en el terreno laboral. Pero ahora nuestras veredas se ampliaron al empuje de otros movimientos, no sólo en el mundo del trabajo sino que una nueva definición del papel de la mujer empezó a cundir, y ella incluía desde cómo relacionarse con el sexo opuesto en eso del amor (¡ y que libre!) y por supuesto en la constitución de la familia (o simplemente de la pareja), y obviamente en la participación en la vida pública. Así nuestros caminos a transitar se ampliaron, aunque no vamos a decir que no quedaban espacios y huecos por alcanzar los cuales se evidenciaban cuando comparábamos nuestras áreas de ocupación, con aquellos privilegios masculinos que les permiten todavía tener la exclusiva en ciertos desempeños. Y claro ahí rige la valoración de ambos sexos, donde han sido las mismas mujeres quienes no hemos estimado lo suficiente la riqueza que portamos en nuestra condición femenina sobre la cual tenemos mucho que aprender. Con razón la literatura a este respecto crece y crece para descubrir hallazgos que de verdad valdría la pena conocer, sobre todo cuando nosotras captamos como las resistencias y las fricciones para avanzar en diferentes campos se mantienen latentes o francamente evidentes.

Muchas feministas han querido deprimir lo relativo a la mujer, lo femenino, preocupándose de que imitemos, rivalicemos, seamos iguales a los hombres, sintiendo que la condición que nos han adjudicado, nos minusvaliza. Y resulta que no es problema de nuestra naturaleza, al contrario, el problema es cultural, quizás un problema de poder que se sustenta en deprimir nuestra índole, para dominar, pero cuando ahora se estudia y se revisa todo lo concerniente a nuestro sexo, resulta que se descubren cualidades fabulosas que nos ponen a valer justamente por aquello que nos distingue, y es inherente a nuestra esencia, desde lo hormonal hasta lo espiritual y lo intelecual.

Y todo esto me ha ido llevando no sólo a apreciar lo que ha sido mi trayectoria laboral exitosa y triunfal, sino que también ahora echo de menos todo aquello que no he cultivado y que yace dentro de mí a la espera de ser alumbrado, y que dicho sea de paso, sólo brota en las fuentes secretas de mi interior gracias a que soy mujer, y por tanto con aptitudes creativas no sólo explotables en mi trabajo sino que me permitirían desarrollarme con singular innovación en cualquiera de los campos de la vida, desde lo doméstico más rudimentario, hasta los social más sofisticado, pasando por las áreas artísticas que siempre me han motivado y a las cuales no he podido dedicarles suficiente atención porque tenía que cumplir con una gesta empresarial exitosa y ganarme los primeros lugares, y bueno, también pienso que de no haberlo hecho así, me hubieran puesto a un lado, y no hubiera cumplido con el triunfo tan soñado. Y más vale que me calle porque ahora rozo con un tema escabroso, y es aquel de la vida afectiva, ¿acaso me voy a preguntar porque mi matrimonio fracasó y no quise tener ni un amante más? ¿por qué aplacé la maternidad hasta llegar a edad tan peligrosa que ya no admitía esos sueños? Bueno tampoco la respuesta es algo tan oculto, no hay nada como los rollos sentimentales para atascarlo a uno, la verdad es que me hubiera querido quedar por lo menos con un hijo pero ¿para qué? para entregarlo en manos ajenas y verlo dormido a mi regreso en la noche y sólo en aquellos ratos durante los fines de semana en que no me enredaba con compromisos laborales o sociales en relación con la empresa. Por eso mismo me dejó mi marido, pero en fin la gente tiene que elegir, uno no puede tenerlo todo. Y ahora que lo veo a distancia, él me parece un mediocre y un acomplejado ¿entonces? ¿Para que habría de conservarlo?

Esto me lo digo y me lo repito, pero ¡ayayay! ando huyendo de los sueños, hasta el punto de no querer dormir, porque inmancablemente escenas y voces, aparentemente disparatadas, me traen a la realidad: ¿es verdad que el haber renunciado al afecto de un hombre y a la ternura de criar a un hijo me ha dejado imperturbable? Escapo de las interpretación de las imágenes oníricas, porque puedo afirmar que me acaban con el día.

Sobre la mujer

MERCEDES

21 agosto, 2010


16 agosto, 2010



PERSONAJE 2

4 agosto, 2010


TAREA (PERSONAJE 2)

Teófilo Hernández al fin ha logrado su inserción en un bufete de prestigio, diez años de graduado y matando tigritos a través de trabajos menores, ésos son los que llega al humilde escritorio jurídico donde trabaja desde que terminó la carrera junto a dos socios sin ambición y bastante desordenados. Ha estado cómodo, pero sabe a conciencia que los retos que ahí se presentan no le permiten crecimiento profesional, mucho menos económico, la familia le echa unas ayuditas encargándole algún remate de una pequeñas hipoteca y el desalojo de inmuebles marginales.

El primer día se cuida de no ir en su carro, mejor un taxi, así no ven la cacharra, le ha aconsejado su esposa frente a quien habitualmente es dócil. Su arreglo personal, siempre esmerado, hoy añade detalles en el atuendo, en el peinado (siempre engominado, hoy estrena un corte más moderno); el reloj que heredó de su abuelo Eustoquio, un Omega de 1940 (lo antiguo siempre tiene su cachet), pantalón gris y un blazer Pierre Cardin, “chiva” de su hermano Gabriel.

Arriba al lujoso edificio abordando de inmediato el ascensor, no sin antes ceder el paso a las damas que se precipitan para tomarlo. Se siente nervioso, le sudan las manos, siempre en situaciones de ansiedad le ocurre esto, entonces toma un pañuelo de su bolsillo para secarlas, se prepara pues para el momento de los obligados saludos.

El Jefe del bufete no ha llegado y su secretaria le pregunta el motivo de su visita: para habla sobre el cargo de abogado vacante, lo invita a sentarse en el hall, ahí puede entretenerse con revistas sobre temas jurídicos extranjeros y unos folletos finamente encuadernados donde se presentan los últimos casos donde la firma ha conseguido altos méritos en diferentes áreas y a nivel nacional e internacional, Teófilo comienza a inquietarse, no es tan corto como para no captar que su desempeño no le da por los talones a toda esta documentación que está revisando.

Mientras trata de tranquilizarse, la secretaria llega con una hojas – Esto es mera formalidad, no es un curriculum, -sírvase llenarlo- Teóflo tiembla, tiene que sacar el pañuelo pues las manos se le inundan, mojará lo papeles: Lee, datos formales, estudios superiores, postgrados en el extranjero, idiomas, especialidades, docencia, conferencias y seminarios dictados (en el país, afuera, universidades, institutos de jurisprudencia…..)

Teófilo no puede más, empieza a dar vueltas por la sala de espera. De pronto se abre la puerta y llega Ricardo Martínez, ¡mi recomendante! -Caramba, ¿ya te enseñaron la oficina de archivos?,-Teófilo vacilante atina a musitar.  -¿A? No, estoy esperando para la entrevista, el Doctor Manrique no ha llegado-

-¡No chico! ¿qué entrevista? Tú estás sobrado para ordenar el archivo, sencillo, por orden alfabético y materia, un paseo vale. Antes lo hacía una muchachita entrenada por Mirla la asistente.

Teófilo recuerda el ofrecimiento de su amigo días atrás: -¿Qué estás a punto de comerte un cable? No vale yo te consigo algo, ¡Justamente! En el escritorio Manrique y Asociados hay algo para ti, te aviso.

Entonces Teófilo se da cuenta que nunca le dijeron de qué se trataba.

Tareas.


El Valor de la Comunicación


El escrito de Carolina Jaimes, compañera del curso de Imaginación y Creación dictado por la sin par Milagros Socorro, me ha estremecido hasta lo más hondo. ¿Por qué? Haciendo uso de mi creencia en la “sincronicidad”, relaciono el sermón dominical de ayer sobre la pérdida de la autenticidad, la comunicación y el disfrute de la calidez entre los seres humanos. El mensaje de Carolina trasmite exactamente la voz de la esperanza en cuanto al rescate de estos rasgos de la naturaleza humana tan maltratados por la prioridad del consumo de los placeres artificiales de la sociedad moderna, de aquellos que nos alejan a los unos de los otros, y de nosotros mismos. El realce de la bella y valiente personalidad de Nelliana, expresado por Carolina en un lenguaje directo, sincero, amoroso, conmueve con su profunda calidad expresiva, por la resonancia que obtienen sus palabras en lo más íntimo de nuestro espíritu.

La relación entre Carolina y Nelliana nos revela la riqueza que dos seres humanos pueden regalarse, simplemente con la apertura de su corazón al fundar una amistad auténtica, la del a confianza, el respeto, la admiración.

Quiero agradecer a ellas el haber podido compartir una experiencia que me emociona y me enriquece, y que renueva la esperanza sobre el valor del amor y la comunicación en nuestra vida en comunión con los otros.

Miscelánea.