PERSONAJE 6

29 septiembre, 2010


 

 

VIAJE INTERIOR

14 septiembre, 2010


Voz de la Buscadora de Rastros

Escribo y descubro mi propia forma de vivir y mis propios sentimientos. Me sorprendo cuando queda plasmado en el papel un modo de mirar al mundo, una manera de percibir las cosas y de reconocer a las personas. Soy yo que estoy sacando fuera una mezcla que he conformado a raíz de lo vivido: miro, oigo, siento, y ahora lo extraigo de mi espacio interior para exponerlo, para hacerlo visible ante mis ojos, como resultado de esa argamasa donde cada elemento se funde y se matiza por obra de mi propia conciencia que los absorbe y los recrea.

Me he recriminado durante mucho tiempo por mis años de aislamiento y pérdida de mi misma, la ausencia de una actitud luchadora para vencerla. Ahora me doy cuenta que he sido en demasía exigente y ciega ¿cómo podría pelear contra ese morbo si las armas yacían tullidas? Mis reproches, lejos de motivarme, me hundían en la minusvalía, y mis intentos de acción no produjeron más que choques y fracasos, y a la larga, la dolencia que me paralizaba, se iba haciendo invencible. Cuando contraes la enfermedad, es porque algo se ha secado dentro de ti y no hay estímulo que pueda fertilizar ese terreno marchito y yermo. Tienes que ir al origen que te ilumine la respuesta, y es un proceso difícil y doloroso. La tarea es de rescate porque te has perdido a ti misma, debes iniciar entonces un espinoso camino donde esperanza y desconsuelo se alternan de manera hiriente, porque la ilusión se ve a veces truncada por la caída, la inercia y el efecto que ellas provocan en tu propósito de recuperación. Y este avance irregular que el retroceso ataca, no es sino la lucha interna que se libra entre dos contrincantes enfrentados tenazmente por fines antagónicos: crecer hacia la luz, pasando por la oscuridad, es la creatividad que asoma; y su opuesto, el permanecer  en la rutina infantil que te mantiene escondida y temerosa practicando el mismo juego medroso. El primero te exige retos, te provoca miedo y te advierte sobre los riesgos. Sin embargo tú sabes que allí está tu misión para responder a tus anhelos, y tú presientes que en ese encuentro contigo misma está la meta, la salvación, porque es la respuesta al sentido de tu vida, ése que tu inventaste en tu sueño, el que has querido alcanzar y se te escurre, él se ve entonces disminuido y relegado, porque has cedido terreno al adversario que convive allí adentro y sabotea tus sueños. Entonces el temor, la angustia de tu inferioridad, de tu incapacidad, inundan tu espacio interior, rico, pleno de contenidos que se ahogan bajo el ímpetu de esa corriente malsana que sólo te deja un sedimento de pequeñez y minucia mientras chapoteas torpe y desencantada entre el lodo y el agua turbia. Por eso es preciso un recogimiento, un escape de la trivialidad hacia allá donde puedas construir un espacio sagrado para la meditación y entonces emprender el recorrido hacia la desnudez de lo cierto, para poder apreciarlo en su autenticidad, libre de pegostes ficticios que turban y confunden. Luego arribar a un reposo donde el silencio y la soledad te permitan recibir los mensajes, y ser capaz de descifrarlos para llegar al descubrimiento, ése que pesimista y descorazonada, has intentado empañar con la huída.

Necesitamos de coraje, pero también de fe, hay que reconocer en nuestro trayecto cumplido aquellos escalones que alcanzamos alguna vez y que nos dieron vida y la satisfacción de coronar los sueños, y entonces enaltecer el costo y el esfuerzo que gastamos en ellos. Si fueron interrumpidos por caídas y golpes, realzar aquellos momentos tras los cuales nos levantamos para continuar en la lid. De eso está hecha la vida, la que soñamos, la que quisimos escoger, sobrevendrán los impases, es necesario reconocerlos y aceptarlos para saber que estamos vivos y es ése un reto que lo incluye todo.

(Voces de Mujer)