A LA MEMORIA DE CARLOS AGUSTO

20 noviembre, 2010


A LA MEMORIA DE CARLOS AUGUSTO

A LOS SEIS MESES DE SU PARTIDA,

LOS VERSOS DE SERRAT,

POETA DE PALABRAS CIERTAS,

INTENSAS HASTA OPRIMERTE EL ALMA.



UNO SE CREE QUE LOS MATÓ EL TIEMPO Y LA AUSENCIA

PERO SU TREN VENDIÓ BOLETO DE IDA Y VUELTA,

SON AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS QUE NOS DEJÓ TIEMPO DE ROSAS

 

 


EN UN RINCÓN,

EN UN PAPEL,

O EN UN CAJÓN,

COMO UN LADRÓN TE ACECHAN DETRÁS DE LA PUERTA,

TE TIENEN YA A SU MERCED

COMO HOJAS MUERTAS QUE EL VIENTO ARRASTRA ALLÁ O AQUÍ,

QUE SONRIEN TRISTES SÍ

Y NOS HACEN QUE LLOREMOS CUANDO NADIE NOS VE.

(Aquellas Pequeñas Cosas, Juan M. Serrat)

 

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LA HORA DE LOS SECRETOS

5 noviembre, 2010


Gabaldón Eleonora. La Hora de los Secretos. Caracas. Planeta, 1996

Por Anabella Acevedo Leal, en Venezuelan Literature&Arts Journal. Revista de Literatura y Artes Venezolanas, Vol.3, 1997.

La Hora de los Secretos lleva también el subtítulo de Un viaje en búsqueda de la liberación, y está precedida por lo que aparentemente es una confesión de la escritora, en la que ésta nos comunica que en un primer momento su plan era atrapar la canción oculta de la hembra en un ensayo, pero debido a haberse dejado seducir por la memoria y la ima ginación, el resultado fue una novela o, en palabras de Gabaldón, la arbitraria fusión de remembranzas y delirios, un acopio de momentos. Más adelante, cuando ya la novela se ha iniciado, nos encontramos con una nueva explicación de la misma, esta vez como un ensayo novelado que pretende atrapar el mundo femenino en una época determinada, sin olvidar la singularidad del yo de muchos de sus miembros, explicación que se repite nuevamente cuando llegamos a la página final, pues la novela se acompaña de una sinopsis que a estas altura resulta, más está decirlo, innecesaria. (Obvio, fue la sinopsis presentada con el texto para optar a su publicación en Editorial Planeta. Nota de la autora). Las palabras claves para acceder a este texto  son entonces ensayo e imaginación, pues es la combinación de estos elementos la que marca el sentido y el ritmo de esta obra, la primera novela de la historiadora Eleonora Gabaldón, cuyo trabajo historiográfico ha sido ampliamente reconocido.

A través de la novela nos enteramos de la vida de Aparición, una mujer sola que comparte los hechos más significativos de su existencia con las personas más amadas –especialmente sus padres, que murieron y que ahora son su única compañía y los oyentes de sus memorias. La historia de Aparición es aparentemente fácil de reducir: criada en el seno de una familia acomodada, por padres inteligentes que siempre la instaron a ser diferente, con el que parece ser su hombre ideal: guapo, popular y de ideas progresistas. Todo va muy bien hasta que se da cuenta de que su esposo la engaña, y que además, está involucrado en negocios corruptos. De ahí en adelante Aparición se dedica a buscar la felicidad a través del trabajo, la superación intelectual y el amor y aunque en ninguno de estos campos llega a triunfar-se enamora de un hombre casado que la abandona y deja su exitoso trabajo por él-, la novela termina de una manera positiva, con la aceptación de los hechos cumplidos mirando hacia delante para lidiar con un nuevo quehacer (352), y ese nuevo quehacer es, precisamente, escribir con el doble fin de convencer y consolar (353).

Pero este resumen de la novela solamente se refiere a su parte más anecdótica y deja de lado lo que le da más validez, es decir, el relato paralelo y aparentemente secundario de la historia de Venezuela. Aparición se presenta como una metáfora del país: esperanzado en un principio, engañado por una falsa abundancia luego, abandonado a su suerte más tarde. Por supuesto, el discurso histórico de La hora de los secretos continua la tradición de novelas venezolanas, que cuenta con obras como No esa tiempo para rosas rojas (1983), de Antonieta Madrid; La casa en llamas, de Milagros Mata Gil (1985); Colombina descubierta (1991), de Alicia Frelich: El exilio del tiempo (1990) y Doña Inés contra el olvido (1992, de Ana Teresa Torres; entre muchas.

Este paralelismo entre historia personal e historia nacional se encuentra reforzado através de la polifonía del discurso, y sería imposible elegir la voz que predomina en la narración pues esta cambia constantemente, a veces aún dentro de un mismo párrafo. Con frecuencia, sin embargo, la voz de la historiadora Eleonora Gabaldón pasa a dominar demasiado el relato con reflexiones sobre hechos históricos específicos, su impacto en la realidad de Aparición y sus consecuencias para el desarrollo de la vida en Venezuela. Por supuesto, esto cumple uno de los intereses de la escritora, es decir, con sus intereses como historiadora, pero en ciertos momentos este estilo ensayístico distrae nuestra lectura y hace que la presencia de Aparición se oscurezca un poco. Aunque esto mismo podría ser intencional, pues es precisamente la búsqueda de la voz propia y la reafirmación del ser de una mujer venezolana lo que se cuestiona en La Hora de los Secretos.

Dentro del universo de la novela hace suyos los problemas por los que ha pasado la mujer en la historia, tales como la falta de preparación profesional, la creencia de que las únicas opciones para la mujer son el matrimonio y la maternidad; la dependencia de los padres primero, y del esposo, más tarde; y la resignación frente a la infidelidad del esposo, etc. Y aunque Aparición es víctima de todos estos problemas por lo menos la certeza de que existe algo más allá, de las realidades que sufre. Pero claro, esta certeza se ve compañada de sentimientos de insatisfacción y de búsqueda, lo cual le lleva a experimentar las formas más diversas de liberación, desde aquella fundamentada en el éxito profesional, hasta la liberación a través del amor.

La temática de la novela no es demasiado original pero se compensa con las estrategias narrativas utilizadas por Gabaldón. Como se dijo en un principio, el estilo polifónico se convierte en una metáfora de las problemáticas tratadas. Por una parte nos encontramos frente a un diálogo entre la realidad personal de una mujer y la realidad de su país, hechos tan multiformes que admiten –casi exigen-el uso de varios puntos de vista. La realidad femenina que se textualiza en la novela se perfila como una mezcla de voces, precisamente porque el sujeto de la historia que se nos narra no posee la individualidad ni la seguridad que caracterizan a una persona feliz. Lo que busca Aparición en la novela es precisamente ese equilibrio y para lograrlo se ve en la necesidad de encontrar una voz propia que la satisfaga, de ahí que busque constantemente interlocutores que la asistan en su empresa. Aparición es, pues, la suma de muchas vidas que la han ido modelando, como este mismo personaje evidencia en un momento de la novela: llevo conmigo todo, lo temido y lo anhelado, estoy llena de las voces reconocidas y también de las extrañas, y es un coro que entona una canción de raras convivencias, temo extraviarme en este espacio sorprendente y caótico (341). Y es este temor a extraviarse el que experimenta asimismo el lector durante la lectura al saltar de un espacio temporal a otro y de una voz narrativa a otra. Sin embargo es algo que no nos toma por sorpresa ya que responde a la tradición narrativa hispanoamericana del presente siglo y, si queremos ser más específicos, a la tradición narrativa venezolana de los últimos tiempos, de las ya mencionadas novelas de Ana Teresa Torres. De esta multiplicidad de voces sobresale, como habría de esperarse en una novela de este tipo, el monólogo interior, que funciona como el perfecto vehículo para la confesión frente a la cual nos encontramos y frente a la cual se encuentran también los convidados por Aparición para acompañarla y escucharla.

Uno de los aciertos de esta novela es, como se adelantó antes, el juego constante con los planos temporales. Por una parte, lo que tenemos es una fragmentación que refleja realmente el estado de confusión de la mujer que recuerda y reflexiona acerca de todo lo que se le viene a la memoria. Pero por otro lado, las trecientos cincuenta y siete páginas transcurren en una tarde, lo necesario para que los convidados a esta reunión lleguen-y se cierra el círculo iniciado en las primeras páginas-y escuchen lo que aparición necesita compartir con ellos.

La hora de los Secretos se inscribe, además, dentro de las corrientes más modernas de la narrativa femenina, y los elementos que mejor la definen dentro de este espacio son la denuncia de una realidad injusta; necesidad de modificar esa realidad y la búsqueda de otras posibilidades; y la desmitificación de supuestos culturales que se aceptaban como sagrados. Aunque como se dijo antes, esta desmitificación no se limita a la situación de la mujer sino que se lleva a un plano más general, como el del plano de la historia  nacional vista, eso sí, desde una óptica femenina y, a ratos feministas.

Esta primera novela de Eleonora Gabaldón puede verse como la manifestación de una serie de dualidades. Desde un punto meramente formal podría decirse que funde ensayo y ficción; si nos situamos en el plano histórico social, es evidente que la historia personal camina de la mano de la historia nacional; y si pensamos la novela a partir del discurso lo que tenemos es un lenguaje que se desdobla y que se plantea como un diálogo en el que necesariamente nos vemos obligados a participar.

Anabella Acevedo Leal

Texas ,Christian University.

ANABELLA ACEVEDO, VENEZUELAN LITERATURE&ARTS JOURNAL. REVISTA DE LITERATURA Y ARTES VENEZOLANAS.Vol 3, No.1.1997

GARDENIA

5 noviembre, 2010


GARDENIA

En esa casa vetusta cubierta por la hiedra y fortificada por una reja donde se trenzan las enredaderas color mandarina, nació Gardenia, en una calle ciega que culminaba en una redoma con fuente donde pícaros angelitos se salpicaban con el agua. Allí transcurrían cada tarde sus juegos solitarios bajo el cuidado de la Nana y bajo la vigilancia de un padre tardío quien la engendró a los sesenta años. La presencia de la institutriz remplazó a la escuela y una madre sumisa, prisionera del bastidor y la seda para el bordado, completaban su condena a cumplir las virtudes de la abnegación y la renuncia, como correspondía a su papel de hija única destinada al cuidado de sus padres, hasta el útimo suspiro.

Pero la adolescencia con sus briosos estallidos llegó para derribar el sublime plan de Don Samuel: las mejillas de Gardenia se cubrieron de rubores y su cuerpo de desconocidas apetencias que conspiraban contra el modelo virginal al divisar la silueta varonil que serpenteaba en bicicleta frente a su casa, girando alrededor de la fuente sólo para mirar a la muchacha.

No pudo Don Samuel resistir la agonía al percatarse del riesgoso enamoramiento y entonces prohibió toda salida a Gardenia y mandó a clausurar las romanillas del frente de la casa para evitar indiscretos asomos. _¿Porque aquí –bramó- yo no acepto perritas en celo, como las sirvienticas.

Aquellos que sólo habían osado mirarse, que desconocían el timbre de sus voces y el roce de sus manos, empezaron a languidecer suspirando por su amor contrariado. Y el joven osadamente trepó por medio de una cuerda hasta el balcón para desde allí llamar a Gardenia quien con intuición supo de qué se trataba, y no vaciló. El par de adolescentes con el ímpetu de su púber impaciencia culminaron su encuentro con el ardor y las lágrimas del estreno, sin percatarse de que Don Samuel habiendo oído suspiros y gemidos de éxtasis, mandó a hervir azúcar para caramelo y con él mandó a cubrir a los amantes.

-¡¡Porque a mí la servidumbre no me falta el respeto¡¡- Pero al darse cuenta de quienes eran las víctimas, horrorizado se tiró por el balcón.

La casa fue abandonada, no obstante, conteniendo tesoros antiguos y una historia tan particular, no dejó de ser gancho a explotar por los guías turísticos quienes la apodaron la mansión de los amantes caramelizados, y figuró como una de las visitas obligadas del tour en esa localidad.

DE GARCIA LORCA

5 noviembre, 2010


Medio pan y un libro. Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931. 


“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia , alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía:
‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Septiembre de 1931.

…asi que no se olviden de leer queridos amigos .


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