TU PRESENCIA PERPETUA

13 diciembre, 2010


 

 


TU PRESENCIA PERPETUA

Para:

Carlos Augusto

(también conocido como el padre de mis hijas).

DESTINO: El Paraíso Terrenal

De

ELEONORA

Querido Carlos, ésta misiva que hoy te dirijo tiene como fin compartir la emocionante experiencia que ayer vivimos y en la cual, estoy segura, estuviste misteriosamente presente no sólo como primer expectador sino como protagonista principalísimo, quien además se había esmerado en asegurar previamente, a través de sus contactos celestiales, una tarde sin lluvia.

Pues sí, se nos casó civilmente tu niña, en una ceremonia llena de afecto y esperanza, dentro de un entorno bella y singularmente ornamentado con todos los detalles desafiantes que tú les enseñantes a descubrir bajo los candiles temblorosos colgando de paredes y techos, y danzando movidos por el viento entre una atrevida naturaleza ostentosa de verdes follajes y flores multicolores, todos iluminando y celebrando la presencia de cariñosos amigos y familiares; y por supuesto la de los humildes huéspedes rescatados del anonimato en tus perseverantes peregrinaciones a mercados, galerías y ranchitos, desde las metrópolis hasta los pueblitos perdidos a donde te llevó tu eterna y amorosa inquietud de explorador del arte, en busca de la belleza evidente de los artistas consagrados y aquella que sólo tu sensibilidad exquisita era capaz de develar, para realzarla y exaltarla en algún sitio de honor. Nos dejaste acompañadas de sus siluetas, formas, cuerpos y rostros sugerentes, por eso los tropezamos en este desplazamiento hogareño, y entonces tu presencia se hace viva, porque a través de esos encuentros surge el recuerdo pleno de anécdotas e imágenes.

Fue una noche de brindis, lágrimas y una música que empujó al baile hasta las matronas que fingímos en principio mucha compostura.

Tus niñas mayores, artífices de ese hechizante escenario, madrecitas de su hermana, nuestro bebé, conmovidas por el significado del evento y seguramente por la necesidad de verte de una manera “sensorial”, buscaban con ojos anegados entre los abrazos de los asistentes, un algo que sólo pudieron encontrar con los ojos del corazón, el cual las mandó a la pista de baile para danzar contigo hasta que la noche murió.

Al terminar la ceremonia los novios resplandecientes, bañados por una luminosa alegría, no pudieron ocultar su emoción y sus miradas se nublaron para liberar un torrente de lágrimas que reveló también, quizás el cúmulo de nostalgias que aprisionaban a causa del dolor, las despedidas y las ausencias.

Pero la música, bálsamo mágico, y el baile, vuelo hacia los espacios imposibles, nos devolvió en la euforia del amor, a una pareja sonriente cuyos ojos se perdían los unos en los otros, mientras los giros y las volteretas los arrojaban de un lado a otro a través de la pista. Nuestro bebé despojado de sus caprichosas timideces se reveló entonces como danzarina en brazos de tu nuevo yerno quien inundó a los presentes de la más contagiosa de las risas.  Nuestra casa pequeña creció entonces para recibir a una multitud que drogada por las notas musicales bailó desde el Pata Pata de Miriam Makiba, de los 70, hasta las melodías de ABA que tanto nos conmovieron en los 80.

Entonces, tú, diestro bailarín, enamorado de la música y el ritmo, tienes que haberte sentido prolongado, perpetuado en las piruetas de nuestras  hijas, y……presente……..siempre presente, tal y como nosotras te sentimos.