MARÍA MERCEDES, 1900.

30 marzo, 2011


 

Una vez publicado el artículo sobre “las mujeres lectoras” no estaría nada mal

remitirnos al despunte del siglo xx  para traer concepciones de la época  que parecen sobrevivir aún en algunos espíritus.

 

Mercedes, soy una menor de edad

¿Cuál mi condición? ¿Cuál mi destino? -se pregunta María Mercedes Montemayor.

Relatora

Reflexión impertinente ésta cuando todo está claramente pautado: es el padre o el marido, según el caso, quien ha de decidir por ella, porque su debilidad física y mental, o sea su inferioridad de mujer arbitrariamente decretada, la hacen incapaz de actuar por sí misma; es por eso que, repetía su madrina Matilde Durán, matrona muy apegada a los textos tradicionales: “no puede el derecho desconocer que es la mujer frágil de suyo y como tal expuesta a dejarse seducir por mentidas promesas y sugestiones arteras”. Acudía así a fórmulas mantenidas en las costumbres durante siglos; también, Rosa Eugenia, su abuela, las coreaba desde su condición de huérfana quien había salvado su destino en brazos de un esposo déspota a quien ella veneraba como sabio protector.

-Y tengo que esconder las novelas y los folletines que encuentro por allí, son lecturas prohibidas que se supone pueden corromperme llenándome la cabeza de cucarachas, porque todos en la familia afirman que mi misión está orientada al cultivo de lo doméstico y claro, de unas virtudes sociales que me permitan arreglar la casa y hacer lucir el hogar como tacita de plata y pozo de armonía. Y me digo: total que lo poco que aprendí en el colegio debo aplicarlo con modestia y cautela (sin mucha inventadera como diría mi abuela Carmencita Morales Santander), es así como cuento con un bagaje de historias infantiles (fruto de los ejercicios de lectura de mis primeras lecciones) que podré narrarle a mis hijos a la hora de irse a la cama; nociones de gramática que me dotan de un castellano correcto para la fina expresión, y rudimentos de aritmética que enriquecen las clases de “economía doméstica”, útil herramienta para gestionar las necesidades hogareñas con eficiencia y austeridad.

Aquí la prensa llega diariamente para saciar el interés de los hombres, porque  -¡Mucho cuidado!-dijo papá el otro día- ustedes las niñitas, sólo hojeen las  “columnas para señoritas virtuosas”, nada de estar leyendo de política que eso no es para mujeres, después se ponen a opinar durante la visitas y dan la apariencia de unas marimachas, eso es allá en Europa donde las mujeres han perdido la chaveta y se reúnen con los hombres a discutir temas masculinos, y estas otras que publican aquí en la prensa nacional, cuya virtud hogareña me imagino que dejará mucho que desear.-  O sea que eso de haber aprendido a leer es para usarlo sólo en limitadas publicaciones, en especial el misal y la vida de los santos, y además dice mi hermano Enrique  -¿Y qué más?si tampoco entenderías más allá de eso ¿es que no te acuerdas que ustedes las mujeres tienen el cerebro más pequeño que el nuestro?

Colette

Relatora

Pero Trinidad, la mamá de María Mercedes, intenta consolarla: -No hija, no te entristezcas, que las mujeres ilustradas son detestables, y para los hombres ¡ni se diga! ¡aborrecibles! así es que si te instruyes mucho, te quedas para vestir santos, y eso sí tienes que evitarlo a toda costa, porque no hay nada peor que el desamparo de una solterona. Tú debes asegurar un buen matrimonio y para ello has de cultivar las virtudes adecuadas, ahí tienes el manual de la joven que te muestra clarito cómo la sumisión y el recato te garantizan una vida segura y feliz, sin tanta fruslería cómo esa moda que han inventado ahora las mujeres y que “cultas”, que aquí entre nos, no sé cómo les queda la conciencia y de paso la reputación, porque para serte franca, nuestra Madre Iglesia no aprueba para nada ninguno de esos inventos modernos, atentan contra la moral, y no serán estas noveleras las madres convenientes para formar a la prole, para levantar una familia digna y honesta. Yo te aconsejo prudencia y resignación aunque la curiosidad te esté matando, ya se te pasará, pero lo importante es que mantengas entre ceja y ceja que tienes que acatar aquello que tu papá disponga. Por cierto, no le recibas visita al joven Martínez que apenas es un pichón de abogado y para colmo, crítico del Presidente Castro, así es que eso no te llevaría a ninguna parte, con ése no tienes futuro.

Y con timidez, se atreve María Mercedes a responder:

-Pero ya terminó sus estudios de leyes y a mí me parece muy inteligente y educado.

-No eres tú quien lo decide María Mercedes, ya tu papá dijo que No, y ¡No, es No! y no busques cuchillo para tu propia garganta. El joven no es prudente, en nuestra presencia ha hecho coro con las burlas, con las caricaturas que ridiculizan en el extranjero a nuestro Presidente, yo no puedo creer que él no se haya enterado de que tu papá tiene un puesto en el Gobierno. ¿Qué indelicadeza es ésa? Entonces aquí todo está muy claro, fíjate en tu hermana Sarita, casada desde hace cinco años, ¿con quién? con el pretendiente que aprobaron tu papá y tus hermanos, y él le maneja los bienes heredados a la muerte de su padrino Tomás Lucena, opulenta fortuna, y ella se ha entregado con los ojos cerrados y sin ni siquiera preguntar con cuánto cuenta, tal cual cómo debe ser. Ahora algunas han agarrado ese sonsonete de que las mujeres deben manejar sus bienes ¿quién ha visto? Para eso está el marido, el hombre, el ser competente quien le puede dar el frente a esos retos. ¡Qué pretensión la de las mujeres ahora! y no es nada sino que ¿dónde queda la feminidad? están acabando pues con la naturaleza de nuestro propio sexo.

 

Todavía en 1900, muchas mujeres se resisten a aceptar que algún cambio socave la mística visión que las empuja hacia la entrega en brazos de la voluntad masculina, ajena y descalificante, ellas son cómplices de esa afirmación que minusvaliza su imagen y la condena a la oscuridad y a la humilde dependencia; con razón las ideas de cambio no filtraban fácilmente las costumbres, las propias víctimas defendían las murallas que les cerraban el paso a un espacio público lejano y desconocido, no obstante, pleno de promesas de autonomía y desarrollo.

 

La mujer habla

Pero su ausencia y su respetuoso acatamiento, su pasividad, fueron sólo aparentes, silenciosos, subterráneos aparecían agujeros en ese tejido social. Claro, no fue de golpe que todo ocurrió, ni fueron todas ellas, pero las pioneras en pos de un nuevo horizonte estaban cocinando su rebelión, y una narradora, inquieta, “cosmopolita”, arrimada al “continente corruptor”, estaba recogiendo la insatisfacción de aquellas que yacían bajo una presión que mermaba su conciencia y su voluntad, y la expresa por boca de María Eugenia Alonso (Teresa de la Parra, enIfigenia) quien arriba a su país aldeano para sucumbir bajo el yugo de las costumbres y las tradiciones que la obligan a negarse a sí misma, y asfixiada por el corsé que la familia le ajusta, cumplirá con los códigos previstos en un acto funerario que la inmola en el entierro de sus anhelos. Sus confidencias son elocuentes pruebas de su frustración y su derrota. La creadora del personaje señalará con una pluma penetrante el naufragio de los sueños, la sepultura de la mujer en las primeras décadas del siglo.

 

 

Teresa de la Parra

 

 

 

Mujeres trabajadora.

Pero no todas las mujeres eran absolutamente dependientes, la necesidad las obliga a ejercer labores para garantizar el sustento que ayude a completar lo que devenga el marido o el hombre con quien vive y a cubrir así los gastos de la familia; o aquellas que solas, han de garantizar su manutención. No sólo las que se hayan en los estratos más deprimidos, que salen a la calle y a los mercados a vender los productos que confeccionan, o que trabajan para las manufacturas incipientes donde deben participar en la elaboración de artículos para el comercio; o las empleadas domésticas que ejercen los oficios en los hogares de aquellas familias que están en capacidad de contratarlas. También la viuda de clase media que ya no cuenta con la protección masculina y debe responder por la manutención de la familia; o las solteras que ya no tienen a sus padres, todas ellas deben laborar para crear un ingreso, así tenemos la costura, la repostería, los dulces caseros, la floristería, hechura de ramos para obsequios, y coronas para entierros, y la confección de “cajetillas de cigarros” para la industria tabacalera, donde la mano de obra femenina  es la artífice.

Cocinando para “la calle”

 

Costurera

Confección de cajas de cigarros desde la casA.


“Las mujeres, que leen , son peligrosas” es un precioso libro de Stefan Bollman en el que se recoge, una selección de sorprendentes pinturas, dibujos, grabados y fotografías de mujeres leyendo realizado por artistas desde la Edad Media hasta el siglo XXI y así podremos contemplar magníficas obras de Rembrandt, Vermeer, Manet, Matisse, Hopper o Eve Arnold que fotografio a Marilyn Monroe leyendo el Ulises de James Joyce. Supone observar la fascinación del artista ante la lectura sosegada y curiosa de las mujeres. Leyendo, se apropiaron de conocimientos, saberes y experiencias que habían estado fuera de su alcance y sólo reservadas a los hombres.
Este libro es por tanto,una historia ilustrada de la lectura y en el que Esther Tusquets,que escribe el prólogo, se cuestiona sí “¿Son peligrosas las mujeres que leen?.” Un amigo al que se lo preguntó le contestó: “A mi me dan más miedo las que no leen“. Y yo añado que pienso lo mismo pero también respecto a los hombres.
Por último, deciros que es un regalo perfecto para una mujer “especial” a la que querais sorprender con un bonito e interesante libro.

( la pintura retrata a SOR JUANA INES DE LA CRUZ, la selección es nuestra).

No lo he visto ni leído pero creo que bien valdría la pena


“Los hombres , los hombres de su mundo, creían todavía que habían alcanzado una meta.

Por un momento todo lo que vivían, les había parecido definitivo”

(Prólogo de Mauricio Serrahima para En busca del Tiempo Perdido de Marcel Proust)



Ella, la mujer a quien deseo referirme, se llama Eleonora Gabaldón, y el libro, su libro, se intitula “La Horade los Secretos”, novela, ensayo histórico, todas materias que componen el quehacer cotidiano  de la autora, los que antecedieron a la soledad de Aparición va a su necesidad imperiosa, de convocar a los ausentes. El laberinto ¿sería necesario ubicarlo ahora, escudriñar el hecho de que Aparición se envuelve y revuelve en él, como si ella misma fuera su espejo, como si algo no ha pasado aquí entre todos nosostros, multiplicando los espejos en donde nos vemos reflejados en particular y en conjunto?

“Aparición tiene mucho que contar, pero no puede compartirlo con cualquier. Entonces convida a los cómplices de ayer, a los amigos que se fueron de este mundo, y los hace regresar para vivir la hora de los secretos”. Así comienza lasenda por donde va a discurrir “Un viaje en busca de la liberación”, subtítulo de la obra (Planeta, Biblioteca,  Andina, Italgráfica, Caracas 1996).

Con premeditada intención de compartir con el lector la primicia de su decisión, Eleonora Gabaldón nos va indicando el camino a través del cual nos topamos con el laberinto. Este nuestro,  el de este tiempo que pareciera tan incapacitado para recibir de Dédalo  la ayuda requerida para encontrar salidas.

La Técnica


La técnica que Eleonora Gabaldón va a manejar en su trabajo sigue, paso a paso, la maravillosamente inventada por Marcel Proust en su atormentada búsqueda del “tiempo perdido”. No se va a tropezar el lector de la hora de los secretos, con una línea argumental al filo de la cual los personajes integrados al mundo novelístico, a medida que actúan, terminan componiendo la imagen de su propio tiempo.Aquí resulta al revés. Es el tiempo que les toca vivir a cada uno de ellos el que va a ir moldeando sus respectivas presencias vitales.

Un filo halo, diríase, incluso perfumado, va esparciendo una discreta bruma en torno a las vidas que van cobrando forma de referencia presente y aquellos que reúne en su casa destartalada, Aparición. Sombras de un pasado que es el suyo y que, sin embargo, tiene el compromiso de señalar y hasta condenar.  Pero que a pesar de su liberación, -con sus liberaciones-, no se atreve a consumar, pues bien sabe que corre el riesgo de perder la justificación misma de su realizacion de mujer liberada, pero siempre distinta como la inclinaba a ser y permanecer, “mamá”.

El tiempo


El tiempo de la novela, el laberinto, no es otro que el de la conformación dramática de la Venezuela que traspapela su rumbo. La que salta de un extremo a otro siempre empujada a ello por el atavismo de aquella condición de tierra de paso, que tuvo en los días de la búsqueda ansiona de El Dorado, rescatada después de un siglo completo de ruinas infernales, para revivir de nuevo a los muertos que se llevaron al otro mundo, los fardos cargados de imaginarias concepciones de las felicidades que ofrecía “la tierra de gracia”. Aquel embuste hermoso del Almirante que la miró por la primera vez con los ojos enfermos y logró colocarlal mercado de los sueños como un alivio contra la envidia de los empedernidos negadores de sus hazañas.

Una prosa suelta, sincera, transparente. Como las charlas de aquellas visitas de antaño, tan graciosamente cargadas de remilgos cargadas de normativas impuestas por la politesse, que enseñaban a sus alumnas las hermanas que en “El Paraíso”, hiciera levantar al doctor Raimundo Andueza Palacio y que el general Crespo le impidió habitar.

La lucha


La lucha interna de Aparición es intensa, consigo misma, al sentirse comprometida, sin posibilidades de renuncias, con su condición de mujer que aspira ser siempre distinta. Aquel consejo maternal que, al final, le resultará tan útil en su decisión de reajustar su vida. Eso sí, obligada a someterse a cuanto el tiempo impone, “no tiene muy claro, cómo es que pueden hacer todas estas cosas, aunque sabe que él ha hecho negocios muy acertados, pero no entiende muy bien como es que la disponibilidad crece así, salvajemente, pero esto es Venezuela, si uno quiere hacer dinero mija, uno puede hacerlo, eso es así.Sin embargo, no por ello descarta la posibilidad de disfrute que ofrece ese tiempo carente de ilusiones. De esa manera  “se enterraba el pasado, lo corotos imponían las costumbres ahora”.

Pretendía encontrar refugio resguardando   formas de actuar que eran de las antiguas maneras de ser noble. Tal como lo fuera siempre el padre, poeta y patriota, dos palabras tan sin colocación, en este ambiente cuyo molde a imitar era chabacanería importada por los representantes  comerciales de USA y por la avalancha de los traídos como mosquitos, por las incandescencias de los petrodólares, desde los países devastados por las guerras de Europa, o por las deficieoncias en el serevicio doméstico, desde las islas y las costas del Caribe. En sus monólogos insitía Aparición: “Me estoy debatiendo entre pasado y presente y hoy libro una batalla entre la mujer incolora que he sido y la que quiso ser, y también con aquella, me dijeron, debía ser. He traicionado y me han traicionado, no he cumplido con nada ni con nadie. Y sueño con volver a tener otra oportunidad”. Una fórmula de arrepentimiento, imposible, tan usada  en este mundo que aborrece y que ella atrapa, inconsciente, en medio de la tempestad seca de su soledad.

Los sueños


Incomprensibles para sus amigas, los sueños de lealtades asolutas que, en un momento cualquiera, se desvanecen en las manos del marido infiel, tan abogado de prestigio y tan hábil para presentarse ante ella como el impoluto juez que siempre tiene la mano la explicación que le parece satisface todas las quisquillosidades morales, de los náufragos de los ciclones que levantaron los corruptos. Sus amigos de la política, le regalaron cargos mientras él les lograba la entrada en los clubes de moda; o los de las grandes empresas, renovadoras de las gerencias de pulpería que era la única conocida por los viejos,  desubicados, tercos hablando de democracia en un país que se empeñaba tanto en retornar a Africa o a las churuatas de los indígenas que la Conquista les diera condición de gentes capaces de recibir el bautismo.

El libro de Eleonora Gabaldón deja un regusto de amargura, a la cual pudiéramos ponerle fecha cierta y lugar preciso. Es así, porque está escrito con honradez y con dolor y con ternura. Es como un libro de memorias que ella no quiso escribir anotando fechas y nombres propios. En verdad aquellos que los llevaban no merecen que se les recuerde. Lo sabemos nosotros, los de este tiempo y los del otro. Ese que se empeñó en cabalgar en dos caballos a la vez, como en los circos, pensando en la posibilidad de hacerlo sin descanso, infinitamente. Lo que en verdad, era imposible. Quien no la conoce tiene razón para imaginarla consumida en medio de los sombríos encuentros de sus sueños con los fantasmas que corean las furias generadas por los impostores, que pretenden realizar como normas de vida la confusión de lo cierto con lo falso, de lo factible con lo irrealizable, lo amable y fino, con lo chabacano y soez. Su libro es un grito de protesta, digna,  severa, profundamente honesta. También cargado de hermosa reveerencia por todo olo que guardaba un mundo conmovido por afectos entrañables, que ella recrea adornados de una poesía pura, como la de “Padre y eso fue cuando para nosotros la Navidad era Navidad y estábamos contigo, porque eras nuestro huésped de nochebuena y eras el portador de los mensajes , vida y muerte, compromiso y renuncia, y nos dabas tu tiempo, tu palabra y tu amor”.

Proust




Hay mucho de Proust, insisto, en el libro de Eleonora Gabaldón. Con lo cual, entiendo, valoriza la calidad que ofrece ese matiz retropesctivo que es su sustentación más percibible. Pero en todo caso, es ella sola quien maneja esas sutiles cuerdas  que van trasmitiendoo el movimiento vital a su obra. Por eso en todo caso,  no hay tiempos en el recorrido en doonde queda borrada la presencia de la socióloga y la historiadora, abriendo sus propios caminos, a codazos, en ese campo cubierto de delicadezas añoradas por la mujer, -el complemento de la trilogía- que no esconde su protesta contra aquellos que se convirtieron en murallas tras las cuales buscaban defender sus atributos de macho.

Estoy escribiendo hoy sobre ese libro y me alejo mucho de cuanto hago corrientemente para el periódico, sin embargo, debo decir, con sinceridad, que quien tenga la oportunidad de leer entre líneas no le sería tan definitivamente extraño el que me dedicara hoy a estas especulaciones literarias. Si algo se hace indispensable descifrarlo hoy, me atrevo a señalar que con prioridad, es la oculta, tan oculta razón  sobre la cual el historiador del futuro habrá de apoyarse para tratar de comprender este laberinto por donde andamos. El libro de Eleonora es lo más parecido a un testimonio descarnado del tiempo que perdimos y de los pavorosos desvaríos que se armaron para hacer todavía más patética la entrega que hemos de hacer desde ahora.

Ha sido un tiempo de fantasmas , trastornados y trastornadores. De ceguedades imperdonables, de derroche, de oportunidades y de abrumadoras soledades sufridas en medio de cúmulo de desilusiones, como nunca antes había sucedido en esta tierra. Los protagonistas de este libro, innominados, mínimos, componen el sustrato sobre el cual se levantó este torreón sin fundamentos, destinado a salvaguardar la dignidad de Venezuela.

Proust

  • (Manuel Rafael Rivero, REPORTE, diario de la economía, Las cosas de los días, agosto 1998).



CHAPLIN


Ya perdoné errores casi imperdonables. Trate de sustituir personas insustituibles, de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas , mas también yo decepcioné a alguien

Ya abracé para proteger . Ya me reí cuando no podía . Ya hice amigos eternos. Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad. Ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos . Ya llamé sólo para escuchar una voz .

Ya me enamoré por una sonrisa. Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y …

Tuve miedo de perder a alguien especial (y termine perdiéndolo) ¡¡ pero sobreviví !!Y todavía vivo !! No paso por la vida.

Y tú tampoco deberías sólo pasar … VIVE!!!

Perder con clase y vencer con osadía,por que el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante

BONIFACIO DE JESUS

16 marzo, 2011


Bonifacio de Jesús Rolando, el hijo del más rico hacendado de la región, nació el día del Santo del mismo nombre, quien según Doña Carmela Rolando, su madre, era el patrono de los puros y limpios de corazón, aquel que hace el bien Por eso no pudo privarse de anteponer al de Jesús, el patronímico que identificaba al noble caballero, conde inglés que se entregó a la conversión de los paganos. Todo estuvo muy bien hasta que el niño entró al colegio donde fue objeto de risitas burlonas, y cuando él defendía con obligada dignidad su nombre a través de los argumentos heroicos de su madre, venía implacable la respuesta de sus compañeros:
_Bonifacio ¡cara de batracio!
Bonifacio de Jesús, gordo, pequeño, cabezón, de miembros cortos y tronco opulento, voz atiplada, se defendía con mucha voluntad y poco garbo; cuando decía, entonando una cantaleta:
.-¡San Bonifacio, conde inglés, mártir, evangelizador, obispo -era muy desairada su defensa con aquel pitico que salía de su garganta, con unos ademanes torpes, y una gesticulación que su mamá le ponía a practicar, imitando a un predicador que tomó como modelo de un cromo adquirido en la Parroquia. Mientras tanto le recalcaba: -No hay que tener vergüenza de semejante privilegio, no llevas el nombre de cualquier santo, llévalo con orgullo y hazle honor con tu conducta.
Desesperado Bonifacio de Jesús, fue él mismo a indagar en la Enciclopedia, para conocer mejor de quien se trataba el personaje que le habían endilgado. Luego de leer toda la historia apostólica del santo se encontró con una sorpresa: aquello de patrono de los limpios de corazón, por ninguna parte. Sólo aparecía; patrono de los cerveceros. Indignado ya que su mamá, influenciada por unos vecinos mormones, había suprimido toda gota de alcohol en la casa, se presentó al colegio con un paquete de latas de cerveza que obsequió en el recreo, tomándose él las últimas.
La queja de la maestra no tardó en llegar a la casa con la amenaza de expulsión, y Doña Carmela desesperada lo interpeló:
¡¿-Pero que fue lo que hiciste!?
El, imperturbable respondió:
-¡Hacerle honor a mi nombre!

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OLIVER CHAPPEL

16 marzo, 2011


Se acerca a cumplir los ochenta años pero eso no lo amilana, a pesar de que el estado lo ha pensionado desde la edad reglamentaria no por eso ha bajado el ritmo de su actividad. Empleado en una biblioteca pública durante toda su vida laboral, no hay quien lo iguale en el conocimiento acerca de los ejemplares en existencia, aquellos encargados y sobre el destino de los que han salido de circulación, allí ha transcurrido su vida y hoy, ¿quién lo reprocharía al verlo llegar puntualmente, desembarazándose de su abrigo raido y colocando la ahuecada gorra de gamuza en el colgador del pasillo? Al contrario, se le aprecia porque nadie como él para sacarlos de un apuro a la hora de la llegada de un investigador acucioso que aspire más que una ficha de archivo, o una orientación en la computadora para la búsqueda de un ejemplar raro.

No obstante para el recién nombrado director, bibliotecónomo de escuela, y con la aspiración de innovar dentro de la antigua library,este espécimen de pelo largo, gris y grasiento hasta los hombros, carente de la aplicación de un shampoo, vistiendo ropa anticuada y andrajosa, botines maltratados donde sus pulgares inferiores rompen las puntas de los viejos zapatos y portando un bulto maltrecho, resulta simplemente insoportable. Desde que llegó a su nuevo cargo ha tratado persistentemente de salir de este fantasma del submundo que incomoda su concepción moderna del trabajo con el cual ha de toparse a diario y que para colmo, juega un papel protagónico dentro del entorno. Porque sí, Oliver no tiene empacho en ace

rcarse a los lectores para preguntarles por sus necesidades, para ofrecer su ayuda mientras posa en sus mesas sus uñas mugrientas producto de unas excavaciones que ha emprendido como estudio y como hobby.

Robert Maylor no agunta más y un día lo llama a su oficina para leerle la nueva cartilla donde se restringe la relación del lector con el personal, porque dado que estamos en la era de la cibernética no hay necesidad, la gente se defiende con la computadora, aparato que por cierto Oliver ha menospreciado, confiado en su memoria y en los viejos archivos que amontonan papel inservible ya que todo ha sido trasladado al banco de datos, y ofensivamente le dice:

-Oliver, convénzase, usted es un antigualla inservible.

Oliver no responde nada pero la noche de ese día va al lugar donde suele reunirse con sus amigos, el Pub del Castillo de Robin Hood, y casualmente coincide con Maylor. Es una acogedora cueva que rememora las aventuras medievales, y donde, además de beber, se juega a ensartar un aro en un cuerno clavado en la pared. Entonces Oliver, campeón en esta lidia, reta en tono obligante a Maylor a competir. El director es un londinense que por primera vez pisa estos terrenos desconocidos, tímido ante la invitación se ve obligado a participar frente a un público de alegres bebedores que muy pronto descalificarán su torpeza con burlas y pitas. Entonces Oliver se incorpora al juego para repetir aciertos incansablemente, hasta que abrumado por los aplausos, toma distancia y en voz sonora y con claras palabras hace la presentación de Maylor:

-He aquí señores, el testimonio de lo qué es un hombre moderno quien ha venido a Nottingham a traernos la luz y la verdad.

Las pitas avergüenzan a Maylor que se escabulle cabizbajo.

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ABOGADO O CAMARERO

16 marzo, 2011


Teófilo Hernández al fin ha logrado su inserción en un bufete de prestigio, diez años de graduado y matando tigritos a través de trabajos menores, ésos son los que llegan al humilde escritorio jurídico donde trabaja desde que terminó la carrera junto a dos socios sin ambición y bastante desordenados. Sabe a conciencia que los retos que ahí se presentan no le permiten crecimiento profesional, mucho menos económico. El primer día se cuida de no ir en su carro, mejor un taxi, así no ven su cacharra. Su arreglo personal, siempre esmerado, hoy añade detalles en el atuendo, estrena un corte más moderno; el reloj que heredó de su abuelo (lo antiguo siempre tiene su cachet), pantalón gris y un blazer Pierre Cardin, “chiva” de su hermano Gabriel.
Arriba al lujoso edificio, está nervioso, le sudan las manos, siempre en situaciones de ansiedad le ocurre esto, entonces toma un pañuelo de su bolsillo para secarlas.

El Jefe del bufete no ha llegado y su secretaria lo lo invita a sentarse en el hall, ahí lee revistas sobre temas jurídicos y unos folletos donde se presentan los últimos casos donde la firma ha conseguido altos méritos en diferentes áreas a nivel nacional e internacional. Aumenta la angustia, su experiencia es limitada. La secretaria llega con una planilla : -Sírvase llenarla- Teóflo tiembla, sus manos se le inundan, mojará lo papeles. Lee, datos formales, estudios superiores, postgrados en el extranjero, idiomas, especialidades, docencia, conferencias y seminarios dictados en el país, y en el extranjero. De pronto se abre la puerta y llega Ricardo Martínez, ¡mi recomendante! -Caramba, ¡¿Todo listo mano?¡- Teófilo vacilante -Estoy esperando por el Doctor Manrique -¡No chico! Tú estás sobrado para archivar y servir unos tragos a los clientes.-Entonces Teófilo se da cuenta que nunca le dijeron de qué se trataba. Murmura,-¡Con razón me llaman Pánfilo!

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MERCEDES

16 marzo, 2011


Mercedes se levanta siempre temprano aunque su trabajo no le exige madrugar, no obstante ella dedica un tiempo considerable a su arreglo personal y eso no se puede llevar a cabo con apuro. La escogencia del atuendo ha quedado lista desde la noche anterior, porque si no se desvelaría repasando mentalmente su percha y las posibles combinaciones, sí, es norma conseguir un equilibrio entre los diferente accesorios de la vestimenta, por eso y por otras cosas, algunos la llaman obsesiva.
• Mercedes tiene muy presente que es la secretaria del presidente de la empresa, cargo alcanzado sólo hace pocos meses cuando la ascendieron, y ella tiene la convicción de que además de su competencia laboral influyó mucho aquello de la “buena presencia” que en ella es mucho más, es “excelente presencia”.
• Y esto no es algo innato sino que ella se ha dedicado a la observación de los “tips” de las elegantes, por eso tiene años gastándose fortunas (en relación a su ingreso) en la adquisición de magazines importados sobre belleza y moda. Así mismo su maquillaje no es ordinario pintorreteo y el cuidado de su pelo y de su figura es sometido a manos expertas y reconocidas.
• Mercedes ha hecho uso siempre del transporte colectivo para su acceso a la empresa, pero una vez ascendida piensa seriamente en la compra de un vehículo, algo que le daría mayor prestigio y por supuesto ayudará al complemento de su imagen, porque no es lo mismo que me baje del autobús, la camionetica, o salga por la boca del metro, a que llegue al estacionamiento del edifico en mi propio carro, y eso sí, exigiendo que me lo estacionen.
• Mercedes es una mujer clara en sus metas y definida en los medios para alcanzarlas: esmerada preparación para el desempeño de su trabajo, distinción en su presencia y trato personal, y eso sí ¡nunca operación colchón! Se le critica no obstante el ser un tanto discriminadora con el resto del personal femenino, y en el cotorreo de los zamuros que merodean, se dice que es más dura que un sancocho de piedra.

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ESTRELLA

16 marzo, 2011


Estrella está en su cuarto al regreso de un evento de Ballet, es la primera vez que ha presenciado su pasión en vivo porque videos, los tiene todos, ellos la han animado durante sus diez y ocho años a soñar con el protagonismo en ese arte. Pero Estrella padece de un mal incurable, una obesidad endocrina que ha provocado que desde niña, no sea admitida en ninguna de las escuelas donde pretendió ingresar, y por supuesto las burlas de todos aquellos que explotan para su placer, las desgracias ajenas.

Está tirada en la cama con desgano pero en su mente y en sus oídos bullen imágenes y melodías que la transportan al universo de sus sueños, y que la empujan a identificarse y a envidiar a las ligeras aves que esta noche han volado por el escenario.

Con gesto resuelto se levanta y se dirige al gabinete de sus tesoros, extrae a Margot Fonteyn emplumada muriendo con belleza y elegancia, como un cisne. Pero no, ha equivocado el CD porque en la cajuela han introducido la película equivocada y cuando toma asiento para disfrutarla, aparecen bochornosos los hipopótamos de Walt Disney (Fantasía) bailando La Danza de las Horas.

Estrella regresa a la cama en un mar de sollozos, el video equivocado le ha traído un mensaje, el error es una señal, nunca lucirá sino así, como los hipopótamos.
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JOSEFITA

16 marzo, 2011


 

Josefita Campos nació inesperadamente, faltaban dos meses para cumplirse el tiempo reglamentario cuando irrumpió de súbdito dentro de un carro y en pleno viaje por la carretera vieja de La Guaira. Era la sexta de los hijos del matrimonio que desde hacía un año vivía a la orilla del mar pues el padre, galeno, pasó a trabajar en el hospital de esa ciudad. Afortunadamente su profesión ayudó en las circunstancias y una mantilla que Milagros llevaba cuando viajaba a la capital, cubrió a la niña.

Baja de peso como era de esperar, Josefita, se convirtió en la miniatura de la casa a quien todos consentían La amamantó una holandesa pues Milagros tuvo trastornos a raíz de lo violento del parto en plena carretera.

Creció con lentitud pero con armonía, en ella todo era pequeño aún cuando alcanzó la edad adulta, convirtiéndose en una bella jovencita siempre con aire más de niña que de adolescente. Era llamativa para todo el mundo por su singularidad, decían: es como una muñequita, es un “bibelot”.

No obstante entre el consentimiento de la familia y la pérdida deLenche, la nodriza holandesa, cuya separación no superó nunca, Josefita desarolló un carácter quejoso y regañón, y una rigidez de conciencia que caía en lo medioeval. Esto no atraía fácilmente a las “conquistas”, a quienes espantaba con su modo de ser. Sin embargo no dejó de tener sus enamoramientos, un estudiante de medicina a quien terminó rechazando porque consideraba que los orígenes europeos del joven entorpecerían la convivencia conyugal: -Pensamos distinto- afirmaba con convicción- para después de la ruptura no recuperarse nunca. Y luego fue cortejada por el viudo de una prima, entonces huyó de la relación porque no se vería bonito, sería una falta de gusto y consideración con la difunta y sus hijos.

Así la vida la sorprendió a los cuarenta y cinco años sola y repleta de nostalgias, soñando con lo imposible y lamentándose de su mala suerte. Y si su carácter era agrio, ahora se desahogaba mandando arbitrariamente a todo aquel que se le cruzara: los sobrinos, sus hermanos, las domésticas, el chofer, el jardinero, y hasta a su propia madre, Milagros, convertida en una dulce ancianita a la disposición de sus caprichos.

Todavía a sus cuarenta años y a pesar de su discreción, llamaba la atención por lo bonita y bien arreglada no obstante la monotonía: camiseros de piqué o seda natural, hechos a la medida por una modista italiana, zapatillas talla treinta y uno y medio, también encargados a un virtuoso del cuero; un pelo como copo de nieve dadas sus prematuras canas, impecable corte gracias a las manos de prestigioso peluquero Sus uñas almendradas, en una manitos de dedos finos vestidos de discretos y elegantes anillos.

Se había hecho cargo de la casa materna y en ella recibía con lujo y distinción a la familia, entonando en las sobremesas sus arias predilectas con su voz de mezzo soprano digna de los más dignos elogios.

Tardíamente tomó clases de manejo y compró un WW tan pequeño como ella, en él recorría la ciudad siempre en el canal equivocado y a velocidades extremas, con la suerte de no haber conocido lo qué era un choque, aunque sí los insultos de transeúntes y choferes.

Siempre pendiente de la moral y de la salvación de aquellas almas en peligro, espiaba a toda mujer cercana, desde las sirvientas hasta las féminas de la familia, y cuando sospechaba o descubría algún paso en falso, montaba el tribunal y se erguía en juez para condenar los pecados cometidos. Así pasó a la historia de los Campos, como la inquisidora del amor.

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Publicado por Eleonora Gabaldon en 10:25 4 comentarios