A raíz de lo dicho en mi escrito anterior (Pecadora) me veo obligada o simplemente inclinada a exponer algunas racionalizaciones, ¿racionalizaciones? o sinceramente justificaciones. ¿Por qué? Bueno ya que insinué una serie de críticas sobre el género, bien valdría la pena, reflexionar acerca de mi “adiccción” a ellas.

-En primer lugar he de confesar que cualquier trama (o drama) en que esté implicado el tema amoroso siempre me ha seducido, quizás por aquello de la abundancia de la lectura de Cuentos de Hadas, de Príncipes y humildes e indefensas féminas, engarzados siempre por las cadenas de los amores imposibles.

-Luego las intrigas, los secretos, los hechizos y encantamientos, creadores de suspensos asfixiantes (porque te quitan la respiración) creo que son alimento para cualquiera por más inverosímiles que aquellos parezcan; te atrapan hasta el desenlace cuando recobras la paz, y también la alegría y la satisfacción al presenciar el castigo a “los perversos” que te han arrebatado el sueño tantas veces.

-Resulta entonces que debes analizar asuntos incomprensibles, ya que la conducta de los personajes se desarrolla en un espacio de costumbres y modos, que no encajan en el escenario que estás percibiendo, porque ya has visto que la historia acontece en “tiempos modernos o post modernos”, y las aberraciones sociales que suceden dentro de un grupo o en el proceder de una familia o persona, te trasladan a unos cuántos siglos atrás. Claro que te vales de  las explicaciones psicológicas para calificar la “psicopatología” de los protagonistas. ¿Y eso? ¡en cualquier época!

¿Por qué esa mujer no puede declarar que es la madre de la pobre adolescente torturada por su amargada tía, y entonces pasar a defenderla con todo el derecho?

Ahhh ¡no! Porque ella es madre soltera tapiada entre los muros de la casa y su voz ha sido callada desde aquel infeliz suceso. Y resulta que estamos hablando de finales del siglo XX
Entonces no nos queda otro camino sino acudir a diagnosticar el sadomasoquismo en la relación de las dos hermanas, a la docilidad y a las minusvalía de la joven frente a sus compañeras de colegio que caminan en coherencia con la época, mientras ella obedece las normas de la tiránica tía para cumplir su rol de víctima.

¿Es posible aceptar que una astuta ramera con máscara de doncella, embruje y se meta en el bolsillo al galán más correcto para desbaratar sus relaciones, acudiendo a cualquier tipo de estrategia y llevándose por delante todo aquello que le estorbe? Pues sí, y el susodicho confía y cree en su palabra antes que en la de personas honestas y confiables.

Ahora me parece absurdo citar las épocas como prueba de la superación de determinadas conductas, porque no alcanzarán una frecuencia social imponente, pero existen, y parece que los guiones de las telenovelas encierran justamente aquellos casos que de alguna manera motivan la afición del público a pesar de lo dudoso de   su verosimilitud.
La lista de exabruptos sería interminable, pero lo grave de este asunto es que yo avanzo en mi recorrido y voy quedando desprovista de razones para explicar mi adicción, a menos que termine por reconocer que a mí ¡este mundo de realidad y ficción, oscuro y enervante, definitivamente me atrae! porque si no ¿qué es?

Me siento preocupada y me amenazan fantasmas,

¿cuál puede ser la explicación?

Quizás algo tan simple como que ¡si me gusta ver telenovelas! porque soy una novelera, aunque esa realidad sugiera calficaciones peyorativas con respecto a la solidez de mi criterio, y referencias a la ordinariez de mis “alimentos emocionales e intelectuales”.

¡Cómo se hace! uno tiene de todo, no creo que me voy a acomplejar ni lo voy a ocultar. Al contrario me regocijaré del valor de sostener lo que otros consideran un descrédito.

Y además correré como la mujer salvaje de Clarisa Pinkola Estés,

.

Y luego tomaré un baño de esencias que me curará de las heridas críticas.

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Sobre las Telenovelas

17 diciembre, 2011


Buscando interpretaciones

16 diciembre, 2011


PECADORA

16 diciembre, 2011



Siendo criticada por la comunidad familiar ya que me aficiono a actividades muy desprestigiadas, me atrevo a escribir sobre ello pues debo declarar que tales hábitos tienen una explicación que me dignifica: a partir del ejercicio prohibido me enriquezco en capacidad de análisis, crece mi intuición y ejercito la mente en esta edad tan peligrosa, cuando se necesita mantener las células cerebrales en constante ebullición; entonces le sumo a la lectura y al estudio de algunos tópicos psicológicos (junguianos), el uso de los conceptos sociológicos para la interpretación de aquellos mis pecados. Paso a confesarlos:

-Desde hace tres meses, fecha en que descubrí que existían dos canales de televisión, solamente expositores de Telenovelas, antiguas y modernas, cursis y sobrias, intrascendentes y un poco más profundas (históricas, costumbristas, etc), y todas reverentes o irreverentes con respecto al Amor (con mayúscula); venezolanas, brasileras, mexicanas, peruanas, mayameras, chilenas, colombianas, y hasta ¡japonesas! Pues he aquí que me he vuelto adicta a tales trasmisiones (han sido sustitutas de los policiales), y he de confesar que me dejo atrapar por la trama, hasta el punto de regresar a mi casa con urgencia para no perderme un capítulo culminante.

Como me estoy confesando he de ser lo más sincera posible, por eso tengo que agregar que cada canal trasmite siete novelas, lo que no quiere decir que yo vea las catorce, pero sí ¡nueve!

¿Qué cómo hago? Bueno, los canales son bastante cercanos en el menú, y me resulta fácil cambiar de uno a otro en los minutos de publicidad. Los vacíos que me quedan los lleno en el fin de semana cuando se trasmiten “maratones” de algunas de las novelas, o durante el día cuando logro pescar alguna de las horas, ya que se proyectan tres veces al día. No puedo negar que esto me lleva a veces a ver la que se me quedó, a las tres y media de la madrugada, o a las seis de la mañana, y así hago “la operación relleno”.

Claro que esto se hace increíble habiendo en la casa un televisor con “grabador”, pero como siento repulsión por la tecnología no me he propuesto a aprender el proceso para fijar una hora y ordenar la grabación de lo que me interesa. Este es un pecado peor que cualquiera de los otros, por eso en mi confesión de hoy hago el propósito de enmendarlo.

Creo que una vez confesado lo anterior pasaré en próximas ocasiones, a exponer en este Blog, lo que me redime, es decir el análisis de la conducta del ser humano y de la sociedad, de acuerdo a criterios serios que justifiquen mis frívolas dispersiones.

EN EL TALLER

16 diciembre, 2011


En el Taller de Actualización Literaria dirigido por Astrid Lander acabamos de concluiur este trimestre con una sesión, donde,  todos los integrantes expusimos nuestras impresiones acerca de la visitas de destacados escritores, quienes nos dejaron sus vivencias sobre diversas facetas de su “oficio”. A continuación transcribo el texto que yo llevé en esta oportunidad.


En el Taller de Astrid Lander

Sobre la Voz

Recibir a los escritores ha sido una experiencia sin duda enriquecedora desde múltiples aspectos. Para mí, ha constituido un estimulante recorrido que me permite hacer contacto con mi interior y es ésta una tarea de descubrimiento crucial para mi oficio de narrar.

No es otra cosa que traer luz a mi “sombra” (en términos Junguianos, al inconsciente) y desde ella identificar “mi voz”. Es por eso una labor de rescate vivificante en la medida en que te regala hallazgos que, a pesar de constituir parte de ti misma, en este trance se hacen palpables, y entonces es camino hacia la plenitud del reconocimiento propio.

Es liberar de su mordaza ese espacio que late en la penumbra pujando por hablar, y al identificarlo como mi voz, aquella que ha venido murmurando hasta llegar al grito, darle paso, alumbrarla para que cobre vida en el acto de escribir.y recibirla como algo auténtico, genuino de mi ser.

Se expresan las voces del pasado, la melodía ancestral cargada de significados que se habían tatuado en la oscuridad, en la memoria oculta, palabras, frases, párrafos, ¡historias! Surge mi voz para rescatar a mi tierra, a los míos, a las mujeres enmudecidas desde tiempos antiguos.

Y cuando me enfrento al papel estampado por mi entrega, el despertar de mensajes soñolientos cobra vida en la mente y empujan a mi mano a proseguir el compromiso hasta el fondo, para pescar al escenario y a los personajes que quiero dotar de formas, colores e intenciones, un elenco y un guión no siempre absolutamente conocidos, porque el acontecer que voy labrando de pronto cabalga como bestia desbocada hacia acciones y desenlaces que me sorprenden a medida que van en curso.

Y escuchar a nuestros invitados ha sido momento para sintonizar con sus ilusiones y angustias durante el quehacer creativo; admirar sus talentos y su temple para bregar con la misión que se han propuesto, y que llevan dentro de sí como compromiso imponente y sagrado. Sus palabras han sido testimonio que nos turba y enriquece, y que tomamos como ejemplo, vibrando con el anhelo de que “nuestro enamoramiento” sea tan fiel y fecundo como para dar a luz la obra que germina en nuestro espíritu.  Eleonora Gabaldón