EL VUELO DE LA CENICIENTA

10 octubre, 2012


EL VUELO DE LA CENICIENTA

La Cenicienta desapareció a las voces de cortejo, de consideraciones y halagos, aquella sensación de ser apenas una silueta borrosa a quien nadie miraba, de garabato arrumbado en el tobo de la basura, fue desapareciendo, ahora emergía una vanidosa flor que ostentaba sin pena sus virtudes: colores y texturas, una sonrisa confiada cambió la mueca triste de la niña fea, y un raudal de cantarinas palabras remplazaron a los torpes balbuceos. Y así, del brazo de él, recorrió el mundo para sorprenderse del privilegio de volar, y la paz de que gozaba en la distancia, la cual nunca soñó alcanzar porque la amedrentaba alejarse del nido que desde siempre la había acogido, temía separarse del manto protector que la arropaba inmovilizándola. Y entonces descubrió que podía ser algo más que semilla sin germinar, capullo sin abrir, y que la campana que la había abrigado era la misma máscara que la asfixiaba, y sus miembros raquíticos no se habían aventurado a crecer, allí había estado sólo como cuerpo sin vida, una momia que ocultaba el relleno latente que él pudo desenterrar.

Por eso todo cambió, ya no sólo era una estrella en una noche de baile, su fulgor se esparcía más allá de sí misma y llegaba hasta los otros, así podía iluminar a los demás.

Anuncios