EL CONCIERTO

20 abril, 2011


Para Carlos Augusto

(febrero de 2011)

CARTA PARA EL PADRE DE MIS HIJAS

In Memoriam


Ayer se cumplieron nueve meses de tu partida y aun no me acostumbro a la certeza de tu ausencia definitiva, es por eso que a menudo te invito para contarte cosas, para compartir de todo aquello que siempre fue material de nuestra comunicación y motivo de alegrarnos o entristecernos juntos.

Porque el divorcio, hace un cuarto de siglo, no fue razón para truncar ese río de emociones solidarias que nos permitieron vivir al unísono el afecto por nuestras hijas, el gusto por la naturaleza, la música, las letras, en fin todo aquello que comprendía el amor, la belleza y el arte.

Y la gente común se sorprendía de nuestra relación porque el que se divorcia ¡se divorcia! Y no podían entender cómo era que hacíamos mercado juntos, (cada uno el suyo) y cómo era que asistíamos a conciertos, películas, galerías, conferencias y ágapes; mucho más cuando tuvimos parejas a quienes les exigimos respeto y cordialidad para los ex cónyugues, nuestros amigos entrañables.

Y entonces surgieron opiniones acerca de que lo nuestro no era amistad sino una enfermiza dependencia gracias a un cordón umbilical aun sin cortar. Pero nosotros ajenos e impermeables a todo chisme e interpretación psicológica, desafiamos la crítica convencidos de que la gente no perdona que alguien asuma comportamientos inusuales y que no traduzca ningún complejo ni vergüenza por ello.

Por eso con el mayor desparpajo te estoy hablando y escribiendo desde que te fuiste porque si la realidad te impone separación y dolor, yo creo que bien puede uno acudir a remedios insólitos si ellos te alivian las ausencias. A medida que te cuento y te hablo puedo asegurar que oigo tus respuestas, y es que quizás muy pocos han tenido la oportunidad de conocerse tanto como nosotros, y no sólo por el matrimonio sino justamente por haber prolongado nuestra comunicación después de roto el vínculo, ya que seguramente fuimos más sinceros al liberarnos de la preocupación de mantener el prestigio del uno frente al otro, situación que tantas veces nos resta autenticidad.

Y pienso que te hablo y te escribo, es decir me comunico contigo porque el hacerlo significa de alguna manera esconder tras un velo la pérdida de un lazo excepcional que aunaba confianza, consideración, solidaridad, respeto, ayuda e inquietudes comunes que nos permitieron una comunión de gran riqueza en todo lo que llevamos a cabo juntos, y ¿cómo no reconocer en todo esto la existencia del amor aunque tomáramos distintas veredas, si éstas respetaban los sentimientos que manteníamos?

Y hoy te escribo para relatarte una experiencia que justamente avivó la inconformidad de tu ausencia al no poder compartirla contigo. Por eso paso a contarte:

Fui al cine a ver “El Concierto”, una película francesa de una exquisita singularidad, sobre una historia plena de emoción cuyo tema se entrelaza apasionadamente al Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky: ¡nada menos que tu concierto preferido! y que escuché esta vez con mucha más admiración y bajo un torrente de lágrimas que me inundaron de nostalgia, sin poder evitar el regreso de tantas imágenes, de tantas momentos vividos con aquel fondo musical que mil veces acompañó nuestros días con la repetición de sus notas sublimes, pues tú podías estar sumergido entre las páginas de Platón o de Kant, o cortando la melena del sauce llorón, pero la música en 33 revoluciones no callaba, girando como fiel compañera del oficio del filósofo y.de la faena del jardinero, ambos sembradores de ilusiones y de vida. Por eso te esmerabas en comprar las interpretaciones de distintas orquestas, solistas y directores, para afinar tu deleite haciendo comparaciones. Y no hubo evento que presentara ese concierto en que no estuviéramos presentes, por eso el Teresa Carreño y el Aula Magna nos acogieron en tardes de sábado o en mañas de domingo multitudes de veces, y en New York, tu ciudad exultante y en Venecia, tu espacio mágico, fueron lugares donde se nos dio el milagro de las coincidencias, para encontrar en ellos, justo en nuestra permanencia, la oportunidad de escuchar los excelsos acordes.

Ahora que las horas de tertulia familiar acusan el vacío que dejaste, disfruto con nuestras hijas del bosque plantado por ti, y sentada bajo su sombra aspiro el perfume de tus emocionadas utopías, tus sueños que yacen esparcidos por doquier y que se mezclan con las notas apasionadas de un violín que un CD, reproduce para nosotras.

Eleonora 





TU PRESENCIA PERPETUA

13 diciembre, 2010


 

 


TU PRESENCIA PERPETUA

Para:

Carlos Augusto

(también conocido como el padre de mis hijas).

DESTINO: El Paraíso Terrenal

De

ELEONORA

Querido Carlos, ésta misiva que hoy te dirijo tiene como fin compartir la emocionante experiencia que ayer vivimos y en la cual, estoy segura, estuviste misteriosamente presente no sólo como primer expectador sino como protagonista principalísimo, quien además se había esmerado en asegurar previamente, a través de sus contactos celestiales, una tarde sin lluvia.

Pues sí, se nos casó civilmente tu niña, en una ceremonia llena de afecto y esperanza, dentro de un entorno bella y singularmente ornamentado con todos los detalles desafiantes que tú les enseñantes a descubrir bajo los candiles temblorosos colgando de paredes y techos, y danzando movidos por el viento entre una atrevida naturaleza ostentosa de verdes follajes y flores multicolores, todos iluminando y celebrando la presencia de cariñosos amigos y familiares; y por supuesto la de los humildes huéspedes rescatados del anonimato en tus perseverantes peregrinaciones a mercados, galerías y ranchitos, desde las metrópolis hasta los pueblitos perdidos a donde te llevó tu eterna y amorosa inquietud de explorador del arte, en busca de la belleza evidente de los artistas consagrados y aquella que sólo tu sensibilidad exquisita era capaz de develar, para realzarla y exaltarla en algún sitio de honor. Nos dejaste acompañadas de sus siluetas, formas, cuerpos y rostros sugerentes, por eso los tropezamos en este desplazamiento hogareño, y entonces tu presencia se hace viva, porque a través de esos encuentros surge el recuerdo pleno de anécdotas e imágenes.

Fue una noche de brindis, lágrimas y una música que empujó al baile hasta las matronas que fingímos en principio mucha compostura.

Tus niñas mayores, artífices de ese hechizante escenario, madrecitas de su hermana, nuestro bebé, conmovidas por el significado del evento y seguramente por la necesidad de verte de una manera “sensorial”, buscaban con ojos anegados entre los abrazos de los asistentes, un algo que sólo pudieron encontrar con los ojos del corazón, el cual las mandó a la pista de baile para danzar contigo hasta que la noche murió.

Al terminar la ceremonia los novios resplandecientes, bañados por una luminosa alegría, no pudieron ocultar su emoción y sus miradas se nublaron para liberar un torrente de lágrimas que reveló también, quizás el cúmulo de nostalgias que aprisionaban a causa del dolor, las despedidas y las ausencias.

Pero la música, bálsamo mágico, y el baile, vuelo hacia los espacios imposibles, nos devolvió en la euforia del amor, a una pareja sonriente cuyos ojos se perdían los unos en los otros, mientras los giros y las volteretas los arrojaban de un lado a otro a través de la pista. Nuestro bebé despojado de sus caprichosas timideces se reveló entonces como danzarina en brazos de tu nuevo yerno quien inundó a los presentes de la más contagiosa de las risas.  Nuestra casa pequeña creció entonces para recibir a una multitud que drogada por las notas musicales bailó desde el Pata Pata de Miriam Makiba, de los 70, hasta las melodías de ABA que tanto nos conmovieron en los 80.

Entonces, tú, diestro bailarín, enamorado de la música y el ritmo, tienes que haberte sentido prolongado, perpetuado en las piruetas de nuestras  hijas, y……presente……..siempre presente, tal y como nosotras te sentimos.

 

A LA MEMORIA DE CARLOS AGUSTO

20 noviembre, 2010


A LA MEMORIA DE CARLOS AUGUSTO

A LOS SEIS MESES DE SU PARTIDA,

LOS VERSOS DE SERRAT,

POETA DE PALABRAS CIERTAS,

INTENSAS HASTA OPRIMERTE EL ALMA.



UNO SE CREE QUE LOS MATÓ EL TIEMPO Y LA AUSENCIA

PERO SU TREN VENDIÓ BOLETO DE IDA Y VUELTA,

SON AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS QUE NOS DEJÓ TIEMPO DE ROSAS

 

 


EN UN RINCÓN,

EN UN PAPEL,

O EN UN CAJÓN,

COMO UN LADRÓN TE ACECHAN DETRÁS DE LA PUERTA,

TE TIENEN YA A SU MERCED

COMO HOJAS MUERTAS QUE EL VIENTO ARRASTRA ALLÁ O AQUÍ,

QUE SONRIEN TRISTES SÍ

Y NOS HACEN QUE LLOREMOS CUANDO NADIE NOS VE.

(Aquellas Pequeñas Cosas, Juan M. Serrat)

 


PARA CARLOS AUGUSTO AL PRIMER MES DE SU PARTIDA

¿Sólo así he de irme?

¿Cómo las flores que perecieron?

¿Nada quedará en mi nombre?

¿Nada de mi fama aquí en la tierra?

¡Al menos, flores, al menos cantos! (Cantos de HUETZINGO)


¡NO!

Nadie olvidará al jardinero fiel,



Qué transformó la tierra con follaje y aromas,


Nadie olvidará a quien esparció la música

Para llenar el espacio vacío

De cantos y melodías








Edith Piaff 


Nadie olvidará al desvelado maestro que se acercó al las almas juveniles para

enriquecer sus espíritus





Con la Promesa de publicar la “novela” en que invertistes tantas jornadas para ayudarme a su correción, he aquí su primera página.

 

LA COLMENA AZUL

 

Para Carlos Augusto,

El soñador irreductible

El compañero leal hasta el fin

 

 

ELEONORA GABALDON