INTRUSOS

17 abril, 2012


MARSUPIALES A LA MEDIANOCHE

 ¡Todo vuelve! He aquí que hemos regresado  ¡¡sesenta años atrás!!  A finales de la década de los años 40, cuando gobernaba en nuestro país el Partido Acción Democrática por primera vez,  sufríamos de los famosos  “apagones” que nos llevaron a usar con frecuencia lámparas de querosen para alumbrar dentro de nuestras moradas en horas de la noche

Pues sí,  habiendo llegado al año 2000, más una década, nos vemos sorprendidos por apagones a cualquier hora, con el agravante que de que dependiendo hoy en día mucho más de la energía eléctrica, no son pocos los apuros que pasamos y los contratiempos en el hogar, por no mencionar los desastres en los sitios públicos. Tampoco contamos con la seguridad del líquido precioso que calma nuestra sed, que nos permite asearnos, cocinar, mantener al reino vegetal, etc…y pare de contar, porque supuestamente protegidos por el hidroneumático para enfrentar las escasez de aquel,  resulta que éste depende de la energía ausente. Y todo no se queda en tales carencias porque poseyendo aparatos tan sofisticados como los frízers que abarrotamos de reservas alimenticias para no pasar hambre, dada la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en este país donde la sorpresa y lo inverosímil es el pan nuestro de cada día, resulta que nos vemos en estas circunstancias arrastrados por los mares que fluyen de tales artefactos eléctricos, que llevan consigo la sangre de los animales domésticos sacrificados para nuestra alimentación, las reservas de hielo y todo aquello que brota de los paquetes congelados y de los vegetales conservados en el frío para su preservación, total ¡ un caldo de desechos!

Si por una mala suerte hemos salido por más de algunas horas, entonces lidiamos con la inundación, y toca cocinar de urgencia un montón de kilos de carne ya que no se pueden  re-congelar por aquello de las salmonelas,¡ entonces ¿a la basura?! ¡No por Dios! ¡Qué pecado! Y por supuesto hemos de atajar todo lo que va manando, de modo que de coleto en mano sea la hora que sea.

Ahora les contaré las peripecias que tuve que pasar en uno de estos apagones, es el contenido de una carta que dirigí a mis hijos para compartir con ellos mis angustias y frustraciones. Todo ocurrió en una noche de apagón en que habiendo corrido el río que salía del frízer en dirección al  patio de lavar, atrajo hacia dentro de la casa un singular intruso. (CONTINUARÁ  en CORRESPONDENCIA Carta a Barcelona)).

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CASO INSOLITO

21 julio, 2010


El águila rapaz

 

Teresa, con la niña en brazos se asoma al portón de la casa campesina y desde el corredor mira con fruición el prado soleado que se extiende hacia el frente: -Vamos niños que hace un buen tiempo para sacar de paseo a Rosarito- Cinco pilluelos se acercan atropelladamente al llamado de la madre que los invita a celebrar el fin de la “cuarentena”, el adiós a la cama y al sacrificio de la gallina diaria para el sancocho de la parturienta. Se aleja el grupo entre el follaje rematado por flores silvestres, los niños se pierden entre la maleza tupida jugando al escondido, la madre escoge los claros buscando un poquito de sol para la recién nacida, y entretanto le entona un arroró

Han salvado definitivamente el terreno boscoso y ahora disfrutan de una verde llanura que los llama a descansar en ese tapiz verde de monte y grama.

El silencio se rompe y un enjambre de aves los cubre en raudo vuelo dispersándose para dejar paso a unas alas enormes que cubren dos garras prestas para atrapar el envoltorio que estrecha Teresa  entre sus brazos. Un chillido triunfal surca el cielo mientras el secuestrador con su botín se pierde entre las nubes y los cerros más altos. Teresa enjuga su llanto enloquecido con la mantica rosada de Rosarito.

Los Andes, 1912.

CCE: 1254