Transformando los días

Transformando

Pescando lo cotidiano

Tan solo el detenernos un instante para apreciar el despertar de cada día, nos da la visión necesaria para concluir que la vida es un milagro: las próximas 24 horas que se nos han concedido y que se abren en cada amanecer,  son un espacio inmenso si queremos convertirlo en un terreno fértil para sembrar sueños, para realizar pendientes, para sentirnos construyendo vida, para descubrir y recoger nuestros frutos. Cada tarea, cada tránsito, cada minuto puede trascender la rutina y la cotidianeidad y enriquecerse, si tomamos conciencia de ellos y pasamos a imprimirles un sentido que se conecte con nuestro pozo íntimo repleto de esperas que sólo necesitan de un empujón para hacerse visibles en demanda de sus derechos de realización.

Despiertas, y entonces aprecia el estar vivo, la sensación de poder que eso significa cuando te sabes capaz de afrontar el día con sentido creativo, no vas a cumplir mandatos ajenos, no vas a repetir ritos, vas a enfrentar con imaginación desde la recogida del desorden hasta las correciones que harás en el documento atrasado que te espera en la oficina.

¿Sabes por qué así haces de tu día un espacio milagroso? Porque tu mirar y tu sentir se han transformado ¡tanto! cómo para convertir lo mecánico e intrascendente de una vida de repeticiones vacías en un conjunto de vivencias que te permiten percibir tu quehacer como el de un artista y un mago. Y cuando te vas a dormir y descubres que las gotas de agua que regaste sobre la mustia planta del macetero de tu ventana, te regalan ahora un tallo firme cubierto de hojas despiertas y brillantes, entonces te duermes con la satisfacción del jardinero fiel.


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