UN REGALO PARA CASANDRA

7 abril, 2011


Mi amiga Casandra vive de acuerdo a un oscuro destino que, según ella, le fue dictado por voluntad divina obligándola a cambiar su nombre de pila. Taciturna y melindrosa suspira entre historias de llanto y desenlaces desdichados, y a ese ritmo compone grises predicciones cuya credibilidad pretende sustentar en teorías arbitrarias, a mi juicio, más cercanas al mito trágico que a la rigurosa reflexión. Casandra enfermó la noche del seis de diciembre después de escuchar los primeros resultados del evento electoral. A pesar de que se había esmerado en hacer vaticinios, quedó atónita cuando el radio y la televisión le devolvieron, en hechos cumplidos, su perorata de presagios . Han pasado los días y Casandra, incapaz de escuchar los buenos propósistos de los triunfadores y de visualizar síntomas prometedores en la conducta poilítica del electorado, no quiere abrir la puerta a la esperanza.

La vida continua y como diciembre es temporada de ofrendas y regocijo, me confundí entre los compradores de ilusiones a lo largo de las galerías donde se alinean opulentas vidrieras. En mi peregrinar intenté descubrir entre trapos, bisutería, música y libros, un presente para Casandra, algo que contribuyera a disipar, por un ratico, los nubarrones que se alojan en su cabeza y en su corazón. No obstante fracasé en adivinar cuál sería el bálsamo adecuado y cuando regresé con las manos vacías, resolvì enviarle un mensaje.

Querida Casandra: ningún momento más oportuno que la Navidad y el ocaso del año para replantear proyectos y revisar nuestra postura frente a las nuevas circunstancias; entonces es preciso desechar el pesimismo y la inercia, salir del enconchamiento y proveernos de la objetividad necesaria. El 6 de diciembre se abrió la posibilidad de un nuevo país ¿? Sí Casandra, no creas que yo soy chavista de última hora, (mucho menos de primera) , pero esa fecha y el proceso electoral nos están diciendoo muchas cosas que no debemos echar en saco roto. El país se ha expresado críticamente, y ya eso es un paso adelante patentizado en el certero golpe a la conducta de los partidos. Esto nos lleva a pensar que tal vez existe un terreno fértil donde embarnecer ola incipiente conciencia política hacia la organizacióon y fortalecimiento de una sociedad civil dispuesta a participar responsable y comprometidamente, en la construcción y en la defensa de la sociedad democrática por la que tanto hemos esperado. ¡Esperado! aquí está justamente el problema, tenemos cuatro décadas de espera, mas no de compromiso ni de trabajo, un votico cada cinco años, y una quejadera crónica. No obstante, si miráramos con atención, descubriríamos cómo se consolidan experiencias en diferentes terrenos nacionales donde los individuos, antes que observadores o jueces, han sido creadores de nuevas realidades. Entonces, debemos rescatar la esperanza sustituyendo la pasiva espera por el compromiso en acción; los espacios son infinitos, tanto como la suma de todos y caca uno de los que vamos ocupando en el desarrollo de nusstros proyectos, en ellos podemos sembrar inquietudes y trazar caminos transitables hacia las metas de equidad y eficiencia que aun debemos alcanzar. Amiga, trata de descubrir con ilusión lo que tu puedes hacer, y no esperes por lo que deben hacer los otros. mucho menos por milagros. Puede ser una ruta edificante, aquella que nos dé la posibilidad de dialogar, debatir, negociar, educar, en fin, aprender a vivir en democracia, aquella que se ejerce desde la misma cotidianeidad.

Aguardé inútilmente por la respuesta de Casandra y en vista de su silencio, me atreví a visitarla en vísperas de año nuevo. Lamentable sorpresa, desde una clínica de salud mental, donde alterna curas de sueño con delirios persecutorios, cumple con su trágica estrella: identificada con la leyenda se refugia en el templo después de la caída de Troya, así realiza a cabalidad el destino que ella misma eligió el día que se bautizó con el nombre de Casandra.

(Publicado en VERBIGRACIA, País especular, 9-01- 1999, EL UNIVERSAL)

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31 de marzo, Miercoles Santo en Caracas. Salgo muy temprano , aún el calendario laboral marca fechas de trabajo y además debo pasar por la funeraria para acompañar un rato a mis amigos que han perdido a su padre. Intento tomar la Autopista del Este a la altura del distribuidor de Los Ruices, y ¡oh sorpresa! mi abordaje, en apariencia infinitamente libre, se ve interceptado por la veloz presencia de un flamante vehículo de color encendido ¡pero si es una camioneta roja de panadero! entonces, que fácil retroceder a la década de los cincuenta con sólo esa visión. ¿Qué significaba para nosotras, alumnas de primaria en aquellos días, cruzarnos con una camioneta semejante?  Pues nada menos que caer en el mundo de la magia a partir del siguiente mensaje: Frente a la aparición de una camioneta roja de panadero, ¡atrápala con tu mano! pide un deseo y luego échaselo a un perro. Así como en el cuento oriental, frotar la lámpara de Aladino y alcanzar nuestros anhelos. Y como los años pasan, peero los reflejos condicionados quedan clavados en nuestra manera de reaccionar, yo, sin pensarlo, al borde de la Autopista, atrapé a la camioneta y de inmediato cerré los ojos y empecé a desear. Pero Dios mío, ¿por dónde empiezo? Dentro de este mar de adversidades debo jerarquizar primero. ¡Ay… frenazo violento! Claro deseando tan vehementemente y con los ojos apretados ¿cómo ver el carro que se interpuso en mi camino? Afortunadamente nada grave sucedió, el chirrido de los frenos y el susto ante lo que ha podido pasar. Rápido, debo pedir un deseo, ¿por quién pido? ¿por la desaparición de las guerras? ¿por el resurgimiento de nuestro país? No, debo concretar, tal amplitud es trampa, no me van a conceder nada. Me distraigo súbitamente, un programa en la radio convoca a “las cuaimas” para que usen en estos días el efecto liberador del alcohol con intenciones amorosas, o para que finjan ser víctimas de esos efectos cuando se insinúen agresivamente con esa misma finalidad. ¿La cuaimas?así se autodenominan estas voces mientras propagandean, a todo grito, condones al revés (¿?) y píldoras anticonceptivas. Si mal no recuerdo, cuaima, según el diccionario de venezolanismos, además de persoona astuta y cruel, se refiere a una serpiente malísima provista de una uña puntiaguda en la cola.

Cambio la emisora a pesar de la curiosidad que me provocan tales desatinos, la mano que atrapó a la camioneta se vuelve inútil pero no he concretado el deseo, no puedo abrirla y lo más importante, tampoco he avistado un perro. ¿Cómo? ¿Cómo es esto que ya voy a llegar a la funeraria sin toparme con un can?¿perderé el hallazgo de una camioneta roja de panadero en pleno 1999? Caracas urbana, definitivamente no eres mi aldea de los años cincuenta donde los perros, los gatos, las gallinas, los pollos, los gallos y otros miembros del reino animal doméstico, alternaban con nosotros en cualquier ruta. ¡Cónchale! estoy a nivel de la Avenida Libertador, ya el tráfico se empieza a condensar, además tengo que conseguir un puesto, confiempos en que sea amplio, no soy nada experta con la mano izquierda, la otra se ha convertido en un puño apretado y alerta en espera de un perro; así y todo después de llegar a mi destino, con torpeza me coloco e instalo el sistema de seguridad. Cumplo con las condolencias, mis abrazos son los de una manca, una de mis manos se esconde en el bolsillo de la chaqueta , ¡No, por Dios! no puedo exponerme a perder mi camioneta roja. Pero ¿y mi deseo?

 

Apenas abandono la funeraria miro distraídamente hacia un balcón ¡Aleluya! la cabeza de un perro se asoma airosamente a través de la baranda, entonces, con gesto veloz alzo mi mano cerrada en puño hacia el objetivo ¡Epa! ¿y el deseo? rápida reflexión, mi mamá decía que la caridad empieza por casa, luego yo escojo calamidades nacionales, ¿cuál de ellas ufff?…ya está, en la oscuridad que crece y nos envuelve, a pesar de que el 99 corre y corre, y a cincunta y cuatro días de Pentecostés, mi deseo será: que descienda el Espíritu Santo sobre las testas de los doctores de la Nueva República, que ilumine a la nueva clase comandante con la sabiduría y la eficiencia necesarias para entender que la emergencia nacional, no puede diluirse entre el discurso apocalíptico y la verborrea mesiánica. Ya, ya, ya está el deseo, pero ¿dónde está el perro? Allá va hacia el otro extremo del balcón en pos de una mariposa, debo correr y pararme justo frente a él para que mi lanzamiento sea certero; voy llegando, el can se devuelve, yo también me devuelvo, la mariposa revolotea y yo con mi puño alzado intento una reubicación correcta, pero los dos se desplazan hacia el otro extremo, corro de nuevo sin percibir la presencia de personas que vestidas de negro se aproximan, trato de no chocar, y en ese preciso instante tomo conciencia con terror, de la escena que vengo representando. ¡Trágame tierra! si además son tres féminas militantes y que de los partidos “moribundos”, y yo frente a ellas actuando mi supersticioso maratón. ¿Y ahora cómo les explico que estaba arrojado una moneda como en “La Fuente de Trevi” a favor de un buen deseo? En medio de mi sofoco la torpeza gana y entonces con el brazo en alto, abro la mano y la apunto hacia ellas. La respuesta no se hace esperar y suena francamente alterada:

_¿A ver si te clarificas, ¿fascista o comunista?…¡o tal vez chavista! ¡Qué cuaima!

Ya de regreso, abochornada, entré en la emergencia de la primera clínica: mi mano derecha se había tornado violacea, (qué susto ¿gangrena?) claro había permanecido obstinadamente asfixiada durante casi tres horas en busca de un perro y en pos de un deseo.

 

 

(Publicado en VERBIGRACIA, País Especular, abril de 1999. EL UNIVERSAL).


 

El reloj emite su chillido de alarma y con imperioso mandato cumple su cometido, el sueño se interrumpe. Despertar cada día, agenda en mano, registrando dentro del montón de pendientes para ponderar el cumplimiento ineludible, elegir y aplazar salvando la esperanza.

Descorrer las cortinas y entornar los ojos frente al resplandor de la aurora, abrir la ventana azul, que preside la ciudad despierta y palpitante.

La taza de café acompaña una lectura veloz sobre los titulares de la prensa. Una temerosa y fugaz reflexión: la bola de nieve viene rodando y crece cada vez  más, ¿cuál sera su destino? , ¿choque explosivo o descongelamiento caudaloso? Yo les digo una cosa: ¡sálvenos Jesús del estallido o del arrastre de los glaciares deshechos y desbordados !

Pero la faena espera, debo enfrentarla de una vez o me perderé en solitarias conjetura,  o quizás en impacientes contactos telefónicos  tras una pitonisa  y en pos de certeros pronósticos  en pos de certeros pronósticos sobre el acontecer nacional.

Tomo asiento sobre la alfombra; protegida por una higiénica máscara y unos guantes de cirujano, voy a registrar un maltrecho baúl. Los hongos perniciosos hacen de la suyas en los documentos antiguos y debo defenderme contra una infección pulmonar o de una posible urticaria. Frente a mí, un mundo de papel, desorden polvoriento que mezcla diversas texturas y caligrafías, distintas épocas, pliegos que nadan con arbitrariedad entre bloque se cartas aprisionadas por cintas desteñidas y mohosas. Papeles donde yacen cosidos retazos de una historia narrada desde la cotidianidad; elegimos algunos a la suerte.

1945.  Muchos rumores a raíz de la curiosa enfermedad del candidato del consenso, ahora parece que la conspiración crece y se habla de turbios pactos con  “cachuchas” ¿A dónde pretende llevarnos esta gente?, yo no me lo explico, con un hombre tan bueno y tan equitativo como el General Medina. ¿Qué es lo que quieren entonces? Ambición pura ambición y aprovechar el apoyo de todos los resentidos y el país que se hunda. Yo te digo una cosa, de aquí a una revolución no hay sino un paso.

1929. Las cosas están malísimas para los estudiantes, ya yo presentía que estos muchachos no iban a sacar nada bueno con tanta bravuconería y exaltación. Ahí están ¡perseguidos y encarcelados! Para colmo confinados a un lugar insalubre, expuestos a todas las miasmas y a las fiebres tropicales. Yo te digo, ¿a quién se le ocurre hacerle la contra al General Gómez? ¡sólo a unos insensatos! Una dictadura es una dictadura,  eso se sabe, lo demás es ignorancia o terquedad. El Tucusito, a salvo por ahora, eso í, enjaulado, no ha podido volver a asomar la nariz a la calle, bueno él se lo buscó, nada bueno podía sacar de estar dando discursitos en las plazas de Caracas.

1834. Mi apreciado doctor: la República se va a pique, esto es una vergüenza, si usted hubiera podido oír el discurso de nuestros candidatos y conocer de las alianzas oportunistas que se han sucedido, se formarían una idea del escaso nivel y de la ausencia total de señorío y de civismo; y uno se pregunta: y es que acaso son éstos, hombres dignos de ser elegidos para la suprema magistratura?

1835. El doctor Vargas ha sido vilmente arrancado del pedestal que honestamente alcanzó; bajo el pretexto de la necesidad de  reformas constitucionales y de la convocatoria a una Convención Nacional, fueron a la revuelta y lo expulsaron ¿acaso se podría esperar algo diferente de esta plebe que ahora nos comanda?

LLuvia de testimonios se engarzan en el tiempo y vibran en la comunicación habitual; 1834, 1835,  1928, 1945, no hay secuencia temporal. Estoy sumergida entre epístolas elegidas al azar, voces que me empujan hacia el presente para descubrir ese hilo que enlaza la conducta individual y los hechos colectivos; reconstuir un camino y buscar ls huellas, meditar hoy sobre nuestro destino de país.

(Eleonora Gabaldón, Socióloga , en VERBIGRACIA, País Especular, EL UNIVERSAL, 1998)