PECADORA

16 diciembre, 2011



Siendo criticada por la comunidad familiar ya que me aficiono a actividades muy desprestigiadas, me atrevo a escribir sobre ello pues debo declarar que tales hábitos tienen una explicación que me dignifica: a partir del ejercicio prohibido me enriquezco en capacidad de análisis, crece mi intuición y ejercito la mente en esta edad tan peligrosa, cuando se necesita mantener las células cerebrales en constante ebullición; entonces le sumo a la lectura y al estudio de algunos tópicos psicológicos (junguianos), el uso de los conceptos sociológicos para la interpretación de aquellos mis pecados. Paso a confesarlos:

-Desde hace tres meses, fecha en que descubrí que existían dos canales de televisión, solamente expositores de Telenovelas, antiguas y modernas, cursis y sobrias, intrascendentes y un poco más profundas (históricas, costumbristas, etc), y todas reverentes o irreverentes con respecto al Amor (con mayúscula); venezolanas, brasileras, mexicanas, peruanas, mayameras, chilenas, colombianas, y hasta ¡japonesas! Pues he aquí que me he vuelto adicta a tales trasmisiones (han sido sustitutas de los policiales), y he de confesar que me dejo atrapar por la trama, hasta el punto de regresar a mi casa con urgencia para no perderme un capítulo culminante.

Como me estoy confesando he de ser lo más sincera posible, por eso tengo que agregar que cada canal trasmite siete novelas, lo que no quiere decir que yo vea las catorce, pero sí ¡nueve!

¿Qué cómo hago? Bueno, los canales son bastante cercanos en el menú, y me resulta fácil cambiar de uno a otro en los minutos de publicidad. Los vacíos que me quedan los lleno en el fin de semana cuando se trasmiten “maratones” de algunas de las novelas, o durante el día cuando logro pescar alguna de las horas, ya que se proyectan tres veces al día. No puedo negar que esto me lleva a veces a ver la que se me quedó, a las tres y media de la madrugada, o a las seis de la mañana, y así hago “la operación relleno”.

Claro que esto se hace increíble habiendo en la casa un televisor con “grabador”, pero como siento repulsión por la tecnología no me he propuesto a aprender el proceso para fijar una hora y ordenar la grabación de lo que me interesa. Este es un pecado peor que cualquiera de los otros, por eso en mi confesión de hoy hago el propósito de enmendarlo.

Creo que una vez confesado lo anterior pasaré en próximas ocasiones, a exponer en este Blog, lo que me redime, es decir el análisis de la conducta del ser humano y de la sociedad, de acuerdo a criterios serios que justifiquen mis frívolas dispersiones.


Sinopsis para Editorial Planteta, 1996.

Un país, una sociedad y allí la voz de una mujer.

Aparición, la protagonista de este relato, quiere escribir, aspira dibujar a una mujer histórica, valga decir, concreta en el espacio y en el tiempo, quiere retratarla. Y esa misión que nace como reto vital, la enfrenta a los episodios de un país que ella puede percibir solamente con los ojos de una clase que se extingue y de una familia que está condenada a perder la senda, a diluirse dentro de la vorágine del cambio que todo lo asemeja con su rasero igualador. Por eso escribe, “Una mujer ha nacido, como crisálida se desprende hacia el encuentro de una nueva identidad, debe enfrentarse a sus ancestros, quienes han grabado en su espíritu la huella de cien años de ritos y poesías, memorias y modos de vivir que la dibujan y la moldean  para un mundo que ha ido muriendo.

Entonces se internará en el espacio de los secretos al reconocer en sí misma los rastros de los actores del pasado que resucitan como testimonio de las generaciones desaparecidas, ocultas sólo a medias, despiertas en la oscuridad.

La lucha vital la lleva a ese encaramiento, porque el orden consagrado hoy, intenta olvidar las raíces, “Tiene que sobrevivir de espaldas y de frente, recibiendo un legado de modelos que no engranan, a veces debe ignorarlos, o en ocasiones los esconde y entretanto inventa nuevos juegos”, Y el reto será ¿cómo hacer un camino propio? ¿cómo compaginar ese bagaje vivo y palpitante que se resiste a morir dentro de sí, con los halagos de una nueva era que abre rumbos insólitos para su realización de mujer?

“Vuela la mariposa hacia la segunda mitad del siglo XX desde un híbrido subdesarrollo simulador de los patrones foráneos, ídolos que se reverencian con fervor, útiles parabanes  que encubren los oscuros orígenes tercermundistas. Tímida receptrora de mensajes civilizados quiere aprender y crear, le repugna la mera imitación, quiere ser.  Esa nueva mujer se incuba al calor de las contradicciones y teinta años después empieza a despuntar con una nueva personalidad. Mágica, sorprendente, irrumpe como una aparición”.

Aparición, su nombre, nacido del azar y de la hechicería compañera inseparable de toda mujer, irá marcando la ruta de un viaje intrincado en busca de la liberación del mundo de lo ajeno, de todo aquello que no puede reconocer en el camino hacia su autenticidad. Sendero sembrado de alucinaciones que se mezclan arbitrariamente con la realidad, travesía que recorre de la mano de compañeros espectrales en pos del amor y de un oficio que la consagre en el encuentro de su propia identidad. Y en ése, su pequeño gran mundo, cohabitan la nostalgia por los amores heróicos de los cuentos de hadas y de las leyendas, junto a la rebeldía contra el varón tramposo quien la defrauda protegido por una cultura milenaria, inmóvil para legitimar la mentira cruel que destroza sus sueños. Y es un viaje doloroso que la conduce al castigo y a la soledad por haber sido una ilusa pescadora de estrellas en un mundo donde los valores se materializan a través de la tenencia de infinitos corotos y en el culto al poder sustentado en la parafernalia y en la picardía.

Y Aparición se mueve en un escenario dialéctico, el que ella misma ha creado con ensoñaciones y escrúpulos, sobre un telón de fondo teñido de convulsiones, el desgarramiento del país que perdió el rumbo. Y debe librar un reacio combate para no sucumbir frente a la ciega adaptación, para no claudicar ante los clichés y los modelos coercitivos aplastantes, inclementes frente a toda singularidad . Y en esa lid ha de revalorar su condición, ha de salvar a la mujer de eternas cualidades, su sensibilidad, su innegable valor y su entrega a seductoras magias.

Y la historia, llena de paradojas, culminará con el rescate de la paz en el reencuentro con aquellos que se marcharon de este mundo con los ojos incendiados por los sueños utópicos. La única salida será lo insólito de construir una respuesta única, aquella surgida del dolor y de la lucha por encontrar lo auténtico, por descubrir su verdad en contra de falsos esplendores y de los designios disolventes de su propia personalidad.

ESPERANZA

12 abril, 2011



Caracas, 1928


Esperanza no puede conciliar el sueño, las emociones de la tarde han sido intensas y ahora su corazón sobresaltado la mantiene en vigilia.

Hace tres meses que conoció a Sebastián y desde ese día ha traspasado una puerta que la conduce a un nuevo mundo, su manera de ver las cosas y su forma de sentir han variado notablemente. No es un hombre de físico sobresaliente, flaco y un tanto desgarbado, pero sus ojos profundos y sus ojeras oscuras pintan en su mirada un extraño atractivo de cuyo misterio la muchacha no puede sustraerse. Su voz grave y la entonación de un discurso novedoso la sorprende hasta el estupor e imprime en ella la convicción de haber permanecido hasta ese momento al margen de la realidad que signa al país. Su conciencia no conoce sino de un Orden legítimo constituido para ser respetado, y de la intromisión de fascinerosos que atentan contra su sacralidad, por tanto son privados de la libertad y a veces hasta de la vida. Criada dentro de una familia conservadora, obediente a la tradición militar, no sintió en ningún momento que los pecadores podían ser los adeptos al régimen. Privada de una educación que fuera más allá de las enseñanzas del Colegio de las Hermanas para quienes todo aquello que se estaba batiendo en la contienda política clandestina, eran pensamientos “ilustrados y anticlericales”, establecían entonces prohibiciones muy estrictas sobre lecturas de la “historia europea”y sobre los movimientos “iluministas” previos a las revoluciones democráticas; así “las niñas bien” efectivamente estaban dentro de la campana de cristal de la ignorancia y los prejuicios.

Pero Esperanza a pesar de una aparente docilidad, consentía sentimientos de rebeldía que avivaban su curiosidad por aquello que le mantenían oculto y desde el día que conoció a Sebastián no ha podido apagar los presentimientos oscuros que él sembró en ella la tarde de su encuentro: la engañan, y en el país suceden cosas que se esconden o se visten con disfraces de legalidad.

Cuando le contó a su mamá acerca del conocimiento del muchacho, ésta no pudo disimular un gesto de preocupación:

_¡Mucho cuidado! ÉL es hijo de un General rebelde, y por lo que he sabido él está en la Universidad, luego no me extraña que ande por ahí en los zaperocos de los estudiantes.

Esperanza pierde el aliento, ¡claro que sí! Lo que él expresó en metáforas, ahora lo ve con claridad, él está comprometido en algo peligroso. Y para su propia desazón, ella siente que le cree y que lo apoya.

Pero no ha renunciado a verlo, por Anita su amiga sabe que él frecuenta su casa, entonces la complicidad de las dos muchachas logra que se encuentren y que suceda lo inevitable, la mutua atracción de los jóvenes crece y se enriquece en las citas, pero la última tarde la visita se interrumpe, una llamada de teléfono y él se despide azorado y con apuro, pero se atreve a tomarle las manos temblorosas y a depositar un breve beso en sus labios, con la voz entrecortada, le susurra,

_Debo esconderme, me están buscando.

Esperanza regresa a su casa desolada, se encierra en su cuarto, no quiere ver a nadie, atribulada de que le pregunten algo ¿acaso podrá mentir?.

Luego, una noche en vela atormentada por emociones contradictorias, no puede borrar el roce de los labios del joven, no sólo su boca tiembla, también todo su cuerpo ha despertado, nunca ha vivido tal intimidad con un hombre ¿y esta deliciosa turbación? Está confundida, ¿pecado? …pero está segura de que no renunciará a eso si vuelve la ocasión. Y…¿qué sucederá con Sebastián?

El desayuno con la familia es oportunidad para obtener información:

-¡Y estos muchachos locos se han expuesto hasta caer presos! ¿Cómo creyeron que blasfemando contra el gobierno iban a permanecer ilesos?-dice su padre.

Esperanza se estremece, a eso se debió la huída de Sebastián, no hay duda, y ahora ¿cuándo volverá a saber de él? ¿Estará en la cárcel? ¿O habrá sido seguro su escondite?

Y comienzan los días de angustia e incertidumbre, el silencio corre con pasos torturantes, Anita no sabe nada, pero la acompaña a la casa de una tía de Sebastián y allí la dama con aspavientos y pidiéndole discreción le cuenta:

-¡No mija, no cayó preso con los estudiantes! Sigue bien escondido, pero esperando unirse a su papá que viene alzado desde el interior, se va a la guerra. Te lo digo porque él me habló muy bien de ti y me inspiras confianza, ¡pero cuidado! ¡mucho cuidado con abrir la boca¡

Esperanza se marea, siente que su cabeza le da vueltas, a su lado se abre un abismo.

-¡Mija! Anita ayúdame, esta muchacha está perdiendo el sentido. ¡Camelia, Camelia! Prepárese un agua de azúcar con astillas de canela, pero volando, ¡Ya!

Esperanza regresa a su casa muda, finge un dolor de cabeza para esconderse en su cuarto y dar rienda suelta a su dolor entre sábanas y almohadas. ¡Qué luz se había encendido en su espíritu! ¡Su primer amor! Y qué precaria su existencia, porque ya ha tomado plena conciencia acerca del peligro que corren los que hacen la oposición al gobierno, pero además, la tía Virginia le ha hablado muy claro: -¡Se va a la guerra!- siente escalofríos, su piel arde, sin duda tiene fiebre.

Al pasar de los días las primeras noticias: ha ocurrido un combate, las tropas del General han salido victoriosas en Guanare, pero….la coalición de los otros grupos rebeldes no se consolida para el momento culminante ¡los han dejado solos! Los otros se han echado para atrás y los alzados son vencidos: con un mecate al cuello recorren las ciudades como viles facinerosos, hasta las cárceles que los recibirán durante años: El Castillo de Puerto Cabello y Las Tres Torres en Barquisimeto.

Esperanza está desolada, ya su familia sabe del recién nacido romance, la compadecen y no le dan esperanza.

-¡Pero hijita! ¿A quién se le ocurre? Fijarse en un estudiante y para colmo poeta y revolucionario, eso no tiene futuro.-Dice su madre.

Y su papá:

-Siempre dije que el romanticismo de esta niña no la llevaría a nada bueno.

Pero Esperanza se aferra al optimismo, a las plegarias y a las promesas. Todos los lunes se engalana con esmero para dirigirse a La Santa Capilla a cumplir un ritual: ha prometido al Cristo de Limpias visitarlo siete lunes seguidos en espera de que El le conceda la libertad de Sebastián.

Cepilla su larga melena negra y la recoge en la nuca con cintas, lazos o flores. Sus ojos negros esplendorosos no se dejan apagar por el miedo ni la tristeza, ella inyecta en ellos la luz de la esperanza y su cuerpo grácil vestido con muselina y seda, termina sobre dos bellas piernas sólo visibles después de sus rodillas. Una sombrilla y el carriel de cuentas rematan el atuendo.

Se comunica con la familia de Sebastián, su madre y sus hermanas, que se han instalado cerca del presidio para ayudar al prisionero hasta donde se les permita: el lavado de la ropa, alguna medicina, algún brebaje para aliviar las calenturas del paludismo que ha minado a muchos.

Y entonces un día recibe la noticia de que podrá escribirse con Sebastián: un curioso secreto, una estrategia inventada por la comunidad femenina que se ocupa del muchacho. Han comprado una pieza de fino algodón blanco y la dividen en tiras de diferentes anchos. Con lápices muy bien afilados escriben sobre ellas y a la vez envían tiras en blanco para que el prisionero pueda escribir. El equipaje epistolar viaja en los ruedos de los pantalones que se van a lavar, descosidos y vueltos a cerrar para el trayecto.

Y a Esperanza se le abre el mundo ¡cuánto tiene para decirle! Para hablarle de su transformación, de su corazón lacerado por el dolor de la separación y emocionado cuando siente a plenitud el amor que ha crecido hacia él.

Pero la comunicación se enriquece cuando él le escribe y ya, sin la timidez de las primeras citas, le confiesa abiertamente las emociones que su encuentro han causado en él. Y más, porque empieza a pedir que le copie fragmentos de novelas, de filosofía, párrafos en inglés y francés, y el significado de aquellas palabras que desconoce. Y para ella será el sumun de las misiones esta tarea cuyo resultado es interés y vida para él tan privado de luz y de ilusiones en su claustro, donde ha de esperar la noche para encender la vela y entregarse a su tarea de lectura sobre la documentación que va recibiendo de quien amorosamente se esmera en copiar los textos salvadores para el prisionero cuyo más rico alimento será esa correspondencia. (Continuará)

 

NARRATIVA

 

 

 

ILUMINADA ll

3 febrero, 2011


II) Bienvenida a una nariz

Iluminada presintió que había ocurrido algo prodigios, no podía pasar por debajo de la mesa aquel hallazgo, pero manteniendo con discreción el secreto de la presentida identidad, haría un homenaje subliminal. A las siete de la noche fueron regresando todos de sus respectivas rutinas y obligaciones, y por supuesto no dejaron de notar la novedad: entre burlas y elogios fue acogido el pintoresco altar que hoy se alzaba en el atrio de El Ajídulce, y no faltó quien señalara el perfil aguileño con malicioso acento:

-¡Pero bueno, es que ni en los altares nos libramos de los picos de loro!

Era Azucena, la mayor de las hijas, víctima de su “garfio” considerado inoperable por cautelosos galenos, pero que una vez ocurrido el destape de la cirugía plástica hasta el extremo de que el bisturí llegara a los salones de belleza, una osada doctora consiguió derrumbarlo. No faltaron reingresos urgentes al “centro estético” a raíz de obstinadas y recurrentes inflamaciones y torrenciales hemorragias, pero al fin, a pesar de que la familia convocó a especialistas del “derecho” para intentar una demanda por mala praxis, la médico logró controlar el cuadro caótico y salvarse del juicio, y Azucena a partir de ese momento pudo lucir dos estrechas fosas nasales verticales, rematadas por un respingo graciosísimo, según decía y repetía Briseida, la madrina de la feliz desganchada. Y no sólo eso sino también, aunque ya sin el anzuelo, paradójicamente alcanzó pescar a un marido, asunto de suma urgencia pues el calendario galopaba ya en desbocada carrera. Siguiendo los pasos de su mamá logró concertar matrimonio con un maracucho, Anfiloquio Montiel entró a engrosar las filas de la familia Coronado Mendizabal tranquilizando los ánimos de Iluminada que ya presagiaba la desdichada soltería de su hija.

El resto de los hijos, Lupino, Geranio, Jacobo y Melquíades, y su padre Preámbulo, a quien Iluminada llamaba Prea,  hicieron su arribo justo a la hora de la cena, cuyo servicio se retrasó pues ella les hizo saber que las compras del día y las remodelaciones ornamentales la habían puesto de magnífico humor y por ello los convidaba a un aperitivo. Esto los sorprendió gratamente pues los últimos meses había caído sobre la familia un manto de pesimismo, era comprensible, Silogismo, el varón mayor, había desaparecido hacía más de seis meses y ni la policía ni la inteligencia militar habían dado con rastro alguno.

Después del segundo trago Iluminada no pudo obviar al huésped sagrado y entonces invitó a una plegaria de bienvenida y entonó las primeras palabras del aguinaldo navideño, “El Ángel Gabriel anunció a María…..” tal era su emoción que estuvo a punto de delatar la personalidad que adjudicaba al prominente miembro del coro celestial,  enmudeció entonces y luego de rodillas en el piso, cambió el rumbo: bien venido Ángel de la Guarda: Ángel de la Guarda, dulce compañía.. ..Y todos corearon: no me desampares ni de noche ni de día, Ángel de la Guarda………Iluminada concluyó con una petición, Angel de la Guarda cuida de este hogar que hoy te honra y rescátanos a Silo porque su ausencia nos está consumiendo, Amén.

Este tipo de escenas, podríamos decir un tanto exóticas, no podían sorprender en la familia ya que de Iluminada podía esperarse cualquier hecho extravagante, pero hoy se regocijaban de que ella lucía en franco camino de recuperación.

Y cuando se fue a la cama aquella noche, sintió muy dentro de sí la convicción de que algo había ocurrido, y que sin duda a partir de ahora, cambiarían muchas cosas, porque el recién llegado no estaba ahí casualmente, esta visita estaba escrita, no sería intrascendente su estadía en El Ajídulce, un torrente de fe la invadía y decidió que no antepondría prejuicio alguno a una esperanza que con misteriosa magia se apoderaba de ella. Por eso antes de que la venciera el sueño pronunció una oración de agradecimiento y súplica:

-Precioso querube, Ángel de amor, ¡gracias por tu generosa presencia! ¡Confórtame! Limpia mi corazón de oscuras sombras, te he buscado con “fe de carbonero”, como diría mi abuela Luisana, porque sabía que me esperabas impaciente en algún lugar,  ansioso por consolarme, por ello rastree las calles de la ciudad con obstinada perseverancia, del Este al Oeste y viceversa seguí la lucecita que tú encendiste para mí como guía que me permitió encontrarte. Después de tanta frialdad y escepticismo me despierto al mundo de la confianza para creer en las voces que me arrullan cada vez que los malos presentimientos me amenazan. Voy venciendo la oscuridad que  ha caído sobre nosotros, con esfuerzo por rescatar la fe trato de aliviar esta zozobra que me ha  enterrado en vida. Ya son diez años de sobresalto, nos han quitado la esperanza en cámara lenta, torturándonos, retrasando la protesta, minando nuestra energía, mientras intentan engañarnos y engatusar a la opinión mundial.

Me dicen que mi enfermedad me hace ver todo peor, pero a pesar de los delirios  yo sé lo qué sucedió, y también lo que mi mente atolondrada por las pesadillas creyó ver: hoy puedo separar la realidad de los sueños, pero ¿es qué acaso no hay relación entre ellos? ¿No es verdad que nos arrebataron las tierras de mis ancestros donde durante tantos años, desde mi niñez, había cabalgado entre prados y pajonales rodeada del aroma del café y del dulzor de la caña? Allí donde crié a mis hijos como lo hicieron conmigo, rodeada de conucos y familias campesinas que labraron la tierra, ahuecándola para sembrar su comida y nuestra fortuna en esas fincas que desde el momento en que mi abuelo Hipólito (el progresista) asumió el mando, compartimos con la peonada, intentando, según sus afirmaciones, paliar “el feudalismo tercermundista” haciendo discretos repartos a antiguos “siervos”, y compartiendo algo del producto de las cosechas. Porque Hipólito Mendizabal había heredado en 1920 la propiedad ancestral y se vio asediado durante la década por nuevas doctrinas que voceaban hijos y sobrinos desde la tribuna de la Universidad, y después clandestinamente, en pedazos de papel arrugado que a veces lograban filtrarse desde el presidio y llegar a sus manos.

Pero resulta que justamente, estos desarrollos “más modernos” han sido expropiados para que nuevos latifundistas disfrazados de revolucionarios se beneficien, y a nosotros nos han remachado hasta el cansancio, la concesión tan extraordinaria con que nos han distinguido: nos permiten conservar “la mansión”, pero nos han rodeado de muros, más bien murallas altísimas que nos aíslan del paisaje de nuestra vida y también de nuestra gente, allí donde nacieron  generaciones amorosas y fieles a “sus señores”, sus amos, para ser más cruda. Y la chismografía política no para de cuchichear que éste es sólo el comienzo de un proceso que llegará muy lejos, porque desde las tribunas presidencial y legislativa, el discurso es cada vez más amenazante. ¿Y qué más me pueden decir a mí que tengo a mi hijo desaparecido desde los días bravos de la Plaza a donde él asistía con sus amigos militares? ¡Bastante que se lo dije: ¡No te expongas que eso es muy delicado! Pero no, ¡no le hacen caso a uno! Ahí está, desaparció, y como si se lo tragara la tierra, no hemos sabido ¡nada de nada! Y enseguida procedieron a quitarnos las tierras, para mí que lo tenían fichado, y esto fue una venganza.

Y no obviemos las “tragedias puertas adentro” que me han exprimido  el corazón a punta de desbocadas y dolorosas palpitaciones, y no puede ser de otra manera cuando yo vivo para mis hijos y pierdo toda cordura cuando les sucede cualquier cosa, o de tan sólo presentirlo.

Iluminda concluyó sus confidencias y oraciones, se despidió del Ángel prometiendo asignarle un nombre más íntimo y familiar, y contenta de todos los progresos que sentía en su estado de ánimo, ofreció continuar su relación espiritual y su camino en busca de apoderarse de su corazón extraviado durante tanto tiempo.

ILUMINADA

1 enero, 2011


Iluminada

I) El Ángel de la Guarda

Y a Iluminada le creció la vida; después de tanta estrechez se borraban los días magros y las horas mezquinas porque hoy abría ese cofre cerrado que llevaba en el corazón largo tiempo hermético contra cualquier rayo de luz; ahora, misteriosamente había aparecido la llave que develaría tantos rincones repletos de milagros.

Después de recorridos interminables a lo largo de muchos días por los tugurios de olvidados artesanos, encontró arrumbado bajo polvo y cajones viejos, un “ángel de la guarda” vestido de Nazareno y con alas de azúcar repujadas en verde, naranja y oro; de inmediato quedó cautivada frente a la imagen, no obstante necesitaba un signo que le indicara que era ésa la figura prodigiosa que estaba buscando, aquella que debía hospedar en El Ajídulce y acogerla como al agua bendita, pues era imperioso lavar los malos augurios  y todas las pavosas lilas de paloma que habían arrojado esas aves sobre los techos de la mansión durante sus raudos vuelos y sus escalas arrulladoras. Entonces, conmovida encontró la señal en aquel rostro lánguido de melena oscura pegada a las orejas, porque allí, en medio de unas enjutas mejillas, se asomaba una prominente y aguileña nariz que expresiva, evocaba las afirmaciones que se referían a ese rasgo facial:

-La Nariz de los Mendizabal, nariz que busca boca, nariz cual pluma que firmó la Independencia en 1811, nariz de pico de loro.

Y maliciosas sugerencias no faltaron cuando algunas voces apuntaban hacia un gen hebreo semiculto en algunas generaciones pero que parecía no conformarse con su estatus de “cromosoma recesivo” y entonces de pronto afloraba en todo su esplendor.

Con aquellos alias calificaba la abuela Berenice a esa facción, peculiaridad de la familia que originó muchos pesares en los frágiles espíritus de las adolescentes siempre anhelando con respingarse aquel carácter que tanto las amargaba y que, gracias a Dios, pudieron borrar después de los años 70, cuando el mago de las mises popularizó a los cirujanos plásticos para recomponer a las muñecas concursantes, sin ningún límite: desde la celulitis de los muslos y las caderas, hasta los implantes de tetas alcanzando las tallas adecuadas: 90-60-90, deteniéndose en cualquier detalle disonante que pudiera empañar el modelo prescrito y llegando hasta el rostro para liberar a la víctima de cualquier rasgo deprimente. Se acababan entonces las narices que no fueran respingonas, los ojos chiquitos, las mandíbulas prognáticas; y ni qué decir de la eliminación de los descalabros de la edad: la piel crecía hasta donde fuera necesario, y se estiraba hasta ponerse transparente dejando adivinar huesos y vasos sanguíneos los cuales se tapaban con fluidos mágicos que barnizaban el cutis con acabados de porcelana o bronceados de terracota según los gustos de la clientela. Las orejas de Dumbo desaparecían al contacto con el bisturí tornándose en diminutos “orejones navideños” de mandarina o melocotón, ya no se podría volar pero sí, lucir moños y melenas recogidas de medio lado que desnudaban el cuello y la nuca. Nunca la mujer había sido tan feliz, aunque a precio de oro, pero para eso estaba el crédito, los préstamos, las hipotecas, los aguinaldos, las prestaciones, las horas extras y los “sanes”, todo de acuerdo a las posibilidades de las quebrantadas féminas. Endeudarse por la belleza no provoca complejo de culpa, al contrario, es algo obligado en pro de la autoestima, el amor propio, el respeto a sí misma.

Hoy estaba en el sorpresivo sucucho, frente a Iluminada, aquella imagen ingenua de profunda candidez guardando promesas de salvación, entonces sin vacilar y regateando como siempre, adquirió el santo y voló a El Ajídulce mientras pensaba en el lugar apropiado donde debería ubicarlo de acuerdo a un rango justo, pues ella sospechaba con profunda certeza que el serafín era nada menos que el arcángel Gabriel enconchado humildemente, disimulando sus virtudes proféticas tras la túnica cárdena y la inocente mirada, con la apariencia de sólo ejercer la guarda y custodia de las almas ordinarias. Con ese criterio y sin comentario alguno, arregló la mesa lateral del vestíbulo con un pañolón guatemalteco verde limón rematado en borlas de tonos berenjena que colgaban en los extremos; rescató del closet de los peroles dos maltratados vases siglo XIX con asas de bronce herencia de la tía Conchita, impresos con réplicas antiguas y barnices amostazados recipientes propios para acoger tallos largos: lirios morado obispo que cortó en el jardín y los dispuso entonces, haciendo guardia de honor, a los lados del candoroso querube iluminado por dos palmatorias de barro con sendos velones violeta que despedían aromas de canela. Así pues lo ubicó dándole prioridad, la entrada de la casa, pero al mismo tiempo, disimulado realce: pared lateral pero inevitable a la vista.  Se reunía de esta manera la aparente modestia a la personalidad oculta que, según su intuición, encerraba la rústica talla de madera.

Satisfecha contempló la ornamentación y de inmediato se dirigió al recién llegado: -No te imaginas cómo he esperado por ti, necesito alivio a mis angustias y para ello deben despertar mis palabras dormidas en este cofre cerrado ¡ábrete corazón! busca el aire que ha de resucitarte, ¡no más silencio! Pero ¿cómo podía yo desahogarme sin contar con el confidente digno? Todos me miran y se conforman con decir que tengo una crisis, que eso es propio de las mujeres de la familia en épocas tan delicadas como la menopausia. ¡pues no! Yo no estoy menopáusica, tengo cuarenta y cinco años y reglo cada ventiocho días, y mi pena tiene otro origen ¡acaso la familia no ha sufrido largo tiempo el flagelo de las calamidades! Hemos estado sin protección, a la intemperie, expuestos a las más diversas desdichas. Desde el influjo de las brujas, la rapacería de los revolucionarios, el extravío de los hijos, las infidelidades maritales, y las enfermedades que habían desaparecido hace medio siglo, pues ¡justamente vinieron a posarse aquí!: paludismo y tuberculosis atacaron a Jeremías y a Prudencia, la servidumbre más antigua de la casa, la perdimos a ella y antes de su muerte contagió a mi pobre Lupino que todavía padece de una tos indiscreta en etapas de estrés; y en él subsiste periódicamente la fiebre malárica, de manera que no sale de calenturas y temblores. Yo a veces me quedo sin palabra por varios días, es lo menos que podría sufrir, el compadre Jonás Lugo, médico aficionado a la psiquiatría le dijo a mi marido que creía que se trataba de un caso de melancolía. Enseguida cundió el pánico y lo mandaron a callar, que esa palabra tenía connotaciones peligrosas dijo una y el otro que no había ocurrencia de manicomio en la familia. El se avergonzó un poco, se veía que su intención nunca fue alarmar, menos ofender, entonces sólo atinó a murmurar: -Bueno como ustedes dicen que se hunde en el silencio y que a veces cuenta cosas irreales cómo si las hubiera vivido, ustedes me perdonan, eso se llama depresión una, y delirio la otra.- Y ya no dijo más pues la familia comenzó a levantarse como para despedirlo, y él ni tonto ni perezoso con un breve, adiós pues, se marchó. (Continuará)

CELESTE

10 mayo, 2010


 

LA COLMENA AZUL (novela sin publicar).

 

 

Sinópsis

Celeste surge como protagonista desde una oscura infancia que le permite cultivar fantasías para terrenos futuros, dentro de una Caracas dibujada a medias desde los años 20 del siglo pasado. Las costumbres y modos de un sector social la nutren desde afuera, porque Celeste proviene de otro mundo que ha configurado en ella los primeros rasgos de niña transida por la curiosidad, la incertidumbre y el desconcierto. Hija, solamente de su madre, porque el papá no existe, ¿por qué? porque no, es toda la respuesta que reciben sus angustiadas preguntas. Así su inquieta mente vive revoloteando entre interrogantes y extrañas conjeturas, hasta entrar, a raíz de la muerte de su madre, a convivir, como recogida por los parientes del padre ausente, quienes la educarán dentro de un entorno ajeno, donde uno de los primeros valores será la negación de cualquier nexo con ella, para así guardar las formas de una familia decente donde “no pasan esas cosas”.

Y Celeste se alimenta de congojas y rencores, y desde su mirada “azul”, irá atisbando un mañana que la convierta en triunfadora; toma así los modelos del mundo amurallado que se le niega y los convierte en metas a lograr. Pero no es fácil tal aventura, por eso Celeste, movida por la revancha motor de su incansable acción, inicia la escalada que la conducirá a ser figura del acontecer social más codiciado, camino que transita conducida por los vehículos eficientes, antes que los legítimos, cualquier medio será digno de escogencia si prueba su eficacia. Trayectoria que aplasta a cualquier intruso que ose interponérsele y a través de la cual deja atrás a quienes intentaron minimizarla.

La Colmena Azul es símbolo del poder, es el recinto de quien reina entre las abejas y fustiga a los zánganos. Ella es la emperatriz de la miel, atractivo empalagoso y traicionero, cuidado aquellos que, empegostados, se ahogan en su dulzor.