Memorias de la Adversidad 1

24 noviembre, 2011


Una noche de insomnio 2001

 

Ahora cuando pienso en escribir, es más, cuando me siento frente a la computadora, hay una palabra que de manera obsesiva me ronronea en los oídos y se amalgama a mi tenue conciencia: delirio, delirio, delirio. Y me traslado a las madrugadas de insomnio, a mi porfiado revolverme en la cama debajo de la cobija, entre las sábanas, y encima de ellas también, porque a medida que mi desvelo se acrecienta voy pateándolas hasta quedar descubierta, y mis vueltas no terminan, no es un problema de calor o incomodidad, es la respuesta a una ansiedad sofocante que empieza aquí en medio del pecho y luego se extiende hacia mis extremidades, abro y cierro los brazos, los encojo, estiro las piernas, las doblo, las levanto; es una maníaca y desordenada gimnasia que termina por agotarme, aunque no me rinde hasta alcanzar el sueño, eso no.

Quiero ahora atrapar estas imágenes y todo este enjambre de ideas que mortifican mis noches, al menos así podré conocerlas, estudiarlas y atacarlas, quizás pueda burlarme de ellas una vez impresas en el papel; patentes ante mis ojos, se merecen mi mofa y mi desprecio, por malucas y ridículas. Y entonces podré obtener un diario delirante que me permita reírme de mis fantasmas, y al mismo tiempo destruirlos. Sé que serán apenas un conjunto de páginas que podrían confundirse con las anotaciones de un psiquiatra durante la sesión del paciente, o mejor aún, las palabras grabadas en busca de un hilo conductor que encauce hacia el núcleo del trauma. Páginas que recojan esa memoria alterada por la emoción torturante, por el miedo, por la rabia; alucinaciones y aturdimiento, todo ese amasijo de fantasías e ilusiones, de desvaríos que conducen al disparate, al desatino.

Y para atizar estas llamas, para volcar este incendio, yo no quiero a mi lado la cordura, me aprisiona, me ata, me amordaza. Debo desatarme, soltarme, volar, gritar esta hiriente realidad que día a día me empuja hacia la enajenación.

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