EN EL TALLER

16 diciembre, 2011


En el Taller de Actualización Literaria dirigido por Astrid Lander acabamos de concluiur este trimestre con una sesión, donde,  todos los integrantes expusimos nuestras impresiones acerca de la visitas de destacados escritores, quienes nos dejaron sus vivencias sobre diversas facetas de su “oficio”. A continuación transcribo el texto que yo llevé en esta oportunidad.


En el Taller de Astrid Lander

Sobre la Voz

Recibir a los escritores ha sido una experiencia sin duda enriquecedora desde múltiples aspectos. Para mí, ha constituido un estimulante recorrido que me permite hacer contacto con mi interior y es ésta una tarea de descubrimiento crucial para mi oficio de narrar.

No es otra cosa que traer luz a mi “sombra” (en términos Junguianos, al inconsciente) y desde ella identificar “mi voz”. Es por eso una labor de rescate vivificante en la medida en que te regala hallazgos que, a pesar de constituir parte de ti misma, en este trance se hacen palpables, y entonces es camino hacia la plenitud del reconocimiento propio.

Es liberar de su mordaza ese espacio que late en la penumbra pujando por hablar, y al identificarlo como mi voz, aquella que ha venido murmurando hasta llegar al grito, darle paso, alumbrarla para que cobre vida en el acto de escribir.y recibirla como algo auténtico, genuino de mi ser.

Se expresan las voces del pasado, la melodía ancestral cargada de significados que se habían tatuado en la oscuridad, en la memoria oculta, palabras, frases, párrafos, ¡historias! Surge mi voz para rescatar a mi tierra, a los míos, a las mujeres enmudecidas desde tiempos antiguos.

Y cuando me enfrento al papel estampado por mi entrega, el despertar de mensajes soñolientos cobra vida en la mente y empujan a mi mano a proseguir el compromiso hasta el fondo, para pescar al escenario y a los personajes que quiero dotar de formas, colores e intenciones, un elenco y un guión no siempre absolutamente conocidos, porque el acontecer que voy labrando de pronto cabalga como bestia desbocada hacia acciones y desenlaces que me sorprenden a medida que van en curso.

Y escuchar a nuestros invitados ha sido momento para sintonizar con sus ilusiones y angustias durante el quehacer creativo; admirar sus talentos y su temple para bregar con la misión que se han propuesto, y que llevan dentro de sí como compromiso imponente y sagrado. Sus palabras han sido testimonio que nos turba y enriquece, y que tomamos como ejemplo, vibrando con el anhelo de que “nuestro enamoramiento” sea tan fiel y fecundo como para dar a luz la obra que germina en nuestro espíritu.  Eleonora Gabaldón

Estudiando a la Mujer

24 noviembre, 2011


Diosa de la sabiduría

“Iluminadora, nos lleva al despertar y la sabiduría

Instructora-Iniciadora, nos otorga las herramientas para hacer de la vida,

Un proceso de aprendizaje, una prueba de Iniciación

Maga, conoce los secretos ocultos de la naturaleza toda,

Y por ello guarda los misterior relacionados con la vida y con la muerte

Y actúa como la gran Curadora

(En Google)

                  La Buscadora de Rastros

Las vidas que voy conociendo han pasado a formar parte del material de mi laboratorio donde trato de analizar datos para entender tantas historias. Y observo estos elementos, me apodero de ellos, voraz los ingiero, y una vez dentro de mí, monto un espionaje para ver y sentir cómo vibra mi espíritu, mi conciencia, conocer dónde se topan las notas de la feminidad esencial, dónde está la resonancia, donde la identificación.

Es un camino que emprendo desde la oscuridad. La vida que vivimos tiende a taparlo todo, a nublar nuestra visión y a empañar la conciencia, luego la búsqueda de la luz es un camino arduo, pero igual pleno de emoción vivificante. Estamos rodeados de monstruos ávidos que devoran nuestros valores, nos los arrebatan cuando depositan en nuestros ojos una falsa mirada, nublada por el miedo y una equívoca discreción..

Difícil tarea descubrir en la mujer su naturaleza esencial cuando confrontas escenarios ambiguos, las épocas y la cultura, pero es allí, justamente en los contrastes, de donde partirá paradojicamente la luz, la verdad.

TENGO

13 marzo, 2011


El Portal

Hilando palabras

TENGO

TENGO un enjambre de selva a mi alrededor, encajes verdes a través de cuyos calados puedo contemplar el cielo y El Avila. Vivo en una casa cuyo rústico acabado me llena de cálida acogida: ladrillos con pegostes de cemento, paredes color miel, muros rojo maya, zócalos morado berenjena que evocan la arbitraria, paradójica armonía y fiesta de colores de Frida Kalo.  Los pétalos y las hojas que se esparcen por el jardín me hacen sentir en el kiosko de flores de la esquina de mi infancia, o dentro de un cuadro de algún impresionista francés, o quizás en los bosque de los cuentos  infantiles. Aquí, y en soledad, tejo tapices acompañada por el clima de este entorno que me cautiva y empuja mi imaginación hacia sorpresivos espacios, y nos fundimos en un todo para construir un mundo propio, singular.

TENGO un pasado sembrado de experiencias únicas que me hacen ser YO y me siento contenta de serlo, a pesar de que en él, como en el de todos, existan páginas tristes y borrones que preferiría descartar para siempre.

TENGO, una afición que cultivo con placer, que debo cuidar, que debo defender, frente a cuyo perecer debo oponerme con aplomo.

TENGO QUE EMBARNECER LA CONFIANZA PARA LUCHAR CONTRA LOS MICROBIOS QUE ROMPEN MIS DEFENSAS Y QUE INFECTAN MI FE PERJUDICANDO MI LABOR, ROBÁNDOME ENERGÍA, SABOTEANDO MIS PLANES.

REFERENCIA

Me tomo la libertad de traer aquí y ahora una alusión a la escritora francesa, pues no puedo menos que coincidir con ella en cuanto a las condiciones y entorno adecuados para favorecer la labor del escritor.

La soledad de Marguerite Duras

El 3 de marzo de 1996, moría Marguerite Duras, escritora francesa. En su libro Escribir (especie de diario sobre la labor creativa) dejó dicho:

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella. También tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, de este jardín. De esta luz reflejada en el estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir.




SER MUJER Y OFICIO

15 julio, 2010


Veo cómo las ideas y las emociones negativas pueden enfermar. Cómo los decretos ajenos pueden paralizarte: bueno y en eso estoy, tratando de desterrarlos de mi mente y de mi corazón

Luchar por desprenderse de ese bagaje íntimo que emociona y mortifica, que bate y se debate entre el ayer y el hoy, porque no puede ser de otra manera, habiendo nacido en épocas que tapiaban los caminos al Yo femenino, tan rico, tan desconocido, tan cosificado a la opinión ancestral sobre su diminuto cerebro y sobre la pobreza de sus expectativas gracias a la mezquindad de un entorno social que la disminuía.

Vuelven aquí el ambiente que respiramos en la infancia, las anécdotas propias o ajenas que llenaban de colores alegres o sombríos la concepción sobre las personas y los modos de ser, restructuramos las épocas a través de escenas cotidianas oídas cuando niños y del repaso de valores y costumbres que se han ido borrando con las pisadas del acontecer implacable hacia el futuro que avanza diluyendo las huellas.

Y si esto de escribir es un trance y un enfrentamiento entre la razón, mi razón, y mi corazón, (o sea la sinrazón) ¿cómo acallar dentro del rollo discursivo las impertinencias de las emociones? ésas que te llevan a ser imprudente, a invadir con indiscreción terrenos sensibles y a perder la objetividad en la tarea, a distorsionarla, a restarle calidad.

Cómo olvidar que somos hijos de una cultura que nos amamantó con aquellos nutrientes amasados por tradiciones y costumbres que tantas veces negaron la esperanza a muchos por motivos de filiación, de sexo, de raza, de creencias y cultos, y entonces, el resentimiento del desplazado parece que se cuela y toma la palabra.

CCE: 1663

OFICIO

DEPRESION Y OFICIO

12 julio, 2010


 

La mujer difusa

Quiero escribir sobre lo ajeno, sobre un afuera que no me pertenezca, que me sirva apenas como motivo para describir cosas y sentimientos en historias creadas como ejercicio, pero recaigo fatalmente en este adentro que me cose a mi angustia y a mi tristeza. Pero ¿cómo silenciar este ardor interno y disecarlo en maroma literaria, ausente de la emoción que justamente es la que me impulsa a escribir? De pronto entiendo cómo en tanto tiempo no he podido hacer algo que no tenga que ver íntimamente con mi diario acontecer, con el palpitar de mis sentimientos más íntimos. Creo que toda creación que violente este estado de espíritu, que lo eluda, que lo niegue, va a ser un trabajo artificial, sin alma, sin vida, con mentiras que tapen la verdad. Y me pregunto, si es éste un camino hacia el alma, si estoy indagando sin saberlo acerca de mi misma. Cuando empiezo a crear una protagonista se perfila una víctima: desprovista de virtudes estéticas, ausente de gracia y atractivo, abandonada, desamparada, relegada por la gente gracias a su insignificancia. Pero después todo se vuelve difuso, trato de escaparme, pienso con temor en el sentido profundo que tiene todo este proceso, ¿escritura y autoanálisis ?, está saliendo algo a flote y me siento triste.

2003

Oficio

RENACER

5 junio, 2010


Aquí estoy frente a este río transparente trazado por mi mano infantil para el dibujo; he colocado los colores más tenues porque quiero que su agua sea livianita e impalpable. Saltan sus ondas mientras desciende en la pendiente sembrada de rocas, y sus bordes repletos de hierbas salvajes sostienen los matices y las texturas de los pétalos que se aglomeran en las flores silvestres alfombrando, sin control, las orillas sombreadas a ratos por frondosos árboles donde posan esas aves que llenan el espacio de alegres cantos, de chillidos estridentes y gorjeos susurrantes, y cuando ellos irrumpen, el silencio se rompe y entonces parece que despierto. El agua corre y en su eterno fluir me arrulla, empuja el vuelo de mi mente. Cierro los ojos y medito melancólica, me visitan nuevas imágenes: he depositado una semilla dentro de la tierra impaciente, amorosa he regado su lecho con el agua transparente de mi arrollo; brota la vida: mi semilla estalla pariendo rayos dorados, es un sol, es mi sol, es la luz que aflora optimista, nacimiento, renacimiento. Y luego, silente, sutil, abriendo el suelo, el tallo busca la claridad, mi planta crece, busca el sol, agradecida recibe las caricias del aire, la lluvia, la luz, y en el cimbrear ostentoso que va trazando en su ascenso se ve ornamentada por las hojas que empiezan a cubrirla; brotes incipientes que revientan y se fortalecen mostrando atrevidos colores: el verde, el rojo, el morado, el amarillo; las hojas crecen, se expanden, se engruesan, desafían a sus rivales del bosque con su tamaño, sus tonos, con su calibre, brilla el follaje y ornamenta el muro que limita la jardinera. Y la lluvia no las doblega, son fuertes, danzan, pero el viento no logra desprenderlas, no las arrastra, ellas se sostienen tras el vendaval. Y ¡oh prodigio! mi planta se ve coronada por un capullito que crece minuto a minuto ¡es una flor! y yo la veo tras el trazado de mi mano impaciente que ha caído en un trance de líneas y colores: primero es un tenue rosado, y luego desafiante despliega un pétalo inmenso, y otro, y otro, se intensifican sus tonos y texturas, se oscurecen algunos, fucsia, rojizo en las puntas, satinado en el centro, y se multiplican los pétalos formando una regia corola, es una flor gigantesca, salvaje; y todo el jardín languidece ante su presencia de reina y su señorío, se inclinan los tallos, las hojas, las flores, para reverenciarla, para reconocerla por su belleza, por su arresto, por su salero, por su encanto singular. Ésa es mi flor, única, la soberana de mi bosque. Ella, ahora llena de garbo, también ostenta un coraje nuevo, recién nacido y palpitante, mi flor se dispone a encarar su entorno vital desde la conciencia de su naturaleza, desde el reconocimiento de su esencia, desde la fiesta de su renacimiento. Y yo empiezo a sentir un jolgorio que a veces armonioso, otras abigarrado, me persigue a todo sitio, y presiento que debo detener mi caminata, que he de atender a estos llamados, discriminar dentro del vocerío, desprender las palabras de esa espesa mezcla de párrafos que me aturden, debo separarlas para sentir la queja, el grito, el rezo, la  invocación, el clamor, la súplica, el susurro amoroso, la palabra que acompaña, consuela y llena de esperanza; la del compromiso valiente, la del piadoso perdón, y entonces comprender el sentido que ocultan cada una de las voces, voces de mujer brotando de su temperamento genuino. Y siento entonces cómo se entrelaza mi vida a esas vidas, mi voz a esas voces, por eso mi camino es en paralelo, busco los rastros de esas mujeres y en esta ruta me busco a mí misma.

CRISIS

2 junio, 2010


Hoy no tengo una historia que contar, sólo la mía, no puedo salir de este atolladero, quiero empezar a narrar sobre otros miles de espacios y personajes ¿dónde están? Antes bullían a mi alrededor pidiendo tinta y papel para ser perpetuados a través de estos signos, en sus hazañas, en su alegría, en su soledad, en sus miserias, en su egoísmo, en su vanidad, en su sueños, en sus penas. Ahora todo es silencio, estoy vacía, me acobardo, huyo, me escondo tras la puerta del dolor, pero soy incapaz de abrirla. Y escucho una y otra vez: “dad la palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”. (Helen Luke))

¿Cómo recuperar el espíritu perdido para volver a crear, para dar rienda suelta a esta tormenta amenazante que se agolpa sin expresión y apenas desata tempestad destructiva en mi interior, el desprendimiento de aguas viscosas que sólo traen desolación. Mi espíritu está sediento de ese fuego, del aliento que vivifica las imágenes ocultas que claman por volcarse en un texto, para transformar, para renovar mi vida. Busco el espíritu que alienta mi labor, ésa que imprime sentido a mi quehacer. Pero, recuerdo ahora las palabras de la psiquiatra inglesa, “Tiene que haber combustible antes de que el fuego arda: tiene que haber tierra tanto como semilla antes de que se cree nueva vida” (Helen M. Luke 37),

He de llegar hasta mis anhelos inconscientes ahogados, mis motivos ocultos, debo liberarlos de la oscuridad, correr el espeso velo que los cubre para descubrir mis verdaderas metas: he de explorar mi propia sabiduría para llegar a la conciencia de mis inquietudes, reconocerlas, convertirlas en propósitos. Tengo que descubrir cuál es mi tarea singular, discriminar el peso de mis componentes espirituales, conocer y valorar el principio que domina mi ser (Luke 41),

He padecido por mi pasividad sin saber que estoy hecha de cualidades opuestas y que mi naturaleza femenina me inclina a la paciente espera antes que a la acción diligente. Sin embargo debo equilibrar, sin sentimiento de culpa, mis potencialidades y descubrir hasta cuándo he de permanecer antes de actuar. Este camino de auto conocimiento me permite develar esta vergüenza perniciosa que suman pasividad y omisión, y del sufrimiento que la acompaña.

CRISIS DE LA CREADORA

10 mayo, 2010


El río se seca

-¿Cómo cargar con esta cotidianeidad aplastante?

Armar la vida cada día como tarea artificial en busca inútil de un espontáneo fluir que no brota porque el manantial se ha secado. Inventarme chorrillos para alimentar el caudal de los días, deseando que la lluvia desgaje su torrencial aguacero para alimentar un río de vida verdadera, allí donde pueda navegar con los ojos cerrados impulsada por la certeza de que el cauce es ése y se abre frente a mí para impulsarme en corriente vital.

-Y la lluvia persistente me encierra en esta bruma monótona que con insistente sonoridad me impregna casi verbalmente de palabras afirmando mi curso rutinario, mi condena a repetir ritos vacíos, aislados de mi propia vida, de mi fervor por otro algo que se perdió y que contenía la verdad, la razón de mi respirar, del despertar a diario, con sentido pleno.

-Esta sustitución arbitraria por una vida ajena, donde no me reconozco, y sé que he llegado a la temida alienación.

Pero un día……un salto….y. flotando, flotando sobre esta caudal cuyo afán me conduce (porque no soy yo quien dirige la travesía) me dejo llevar, pero al menos me he lanzado dentro de esta corriente que me acoge, húmeda, y me empuja obligándome a que sea yo quien sortee los peñascos y escoja el momento de alcanzar una orilla.

-Porque mis derrotas son distintas, no se empalman con los fracasos de los otros. Sus razones obedecen a mi mundo y en él, las cosas se organizan de distinta manera, la mía, y por eso me resbalan los consejos y argumentos que se empeñan en ofrecerme los otros como generosa ayuda. No los oigo porque todo eso me es ajeno, está fuera de mi realidad. Dicen que no quiero cambiar, y así es, pero es que no puedo renunciar a mis querencias, mis preferencias, a mí misma ¿no saben pues que terminaría de fragmentarme si rompo ese hilo que se entreteje y me empata con lo que soy?

Es así como hoy quiero estar sola, porque paradójicamente, yo puedo curarme en soledad, si me dejan llegar a ese núcleo donde ocurre el encuentro y la recuperación de mi yo extraviado, diluido en tantos avatares impropios que no logro afrontar sin desintegrarme, sin perderme de mi centro vital, aquel que me empata las piernas y me clava la columna, cada vez que necesito recobrar el equilibrio.

-¿Por qué despierto? nunca pensé en sueños eternos, ni en que me negaría a despertar- Abrir los ojos significa romper con la inconciencia y enfrentar la vigilia torturante. ¿Cómo hacer para no quebrantar ese maravilloso estado onírico (cuando no encierra imágenes amenazantes) donde me disuelvo entre envolventes nubes de algodón que me acogen, suaves y tibias, me protegen salvándome de los peligros de la verdad.  Me pierdo en su lecho esponjoso, flotando sin peso, levedad, me deslizo en firmamentos de paz hasta la ruptura estridente, un agresivo despertar me devuelve truncando mi escape.

-¿Qué hacer con un pasado cumplido que determina el hoy lleno de lastres? Es absurdo intentar cambiarlo apurando acciones para retroceder con ganas de borrarlo. No es posible, está vivido, cumplido, hecho, hecha la vida. Sólo queda el aprendizaje del saldo fatal, ése no podemos destruirlo de un plumazo, ni con la intención ni con una nueva promesa. Allí está, tantos años ¿perdidos o ganados?-

-Seguir actuando, disimulando frente a los otros, frente a mí misma. Para sobrevivir como un robot, como máquina programada sin consulta.

Pero son posibles las rupturas, gracias a ellas se entrevé la luz, y hoy más que nunca veo que pueden flotar en la magia, pero que lo eficiente y verdadero es la voluntad.

Hoy resistí la tentación, frente a una convidante a la dispersión (a las distracciones como dice el Don del Mar) pude decir que no para quedarme, enfrentándome a mí misma, necesito rescatar mi animus, y antes de ello, descubrirlo, ¿en qué región de mi inconsciente se ha escondido? ¿cómo abordarlo? ¿cómo atraparlo?

Toda esta reflexión me ayuda, me siento más liviana, y ¿por qué no, más optimista?. Quizás el milagro de la reintegración esté comenzando, quizás la curación no esté tan lejos. Debo reunir las piezas disgregadas, esos pedazos que he ido perdiendo, arrancados en dolorosos jirones  durante este largo camino de fraccionamiento.

MOTIVOS

7 abril, 2010


 

 

El otro día me preguntaste    -¿Por qué escribes?


-Buena pregunta….. muy buena pregunta, -respondí alelada concediéndome una generosa tregua que me permitiera lidiar con la impronta tribulación e instalarme frente al reto echando mano de algún arma eficaz, aquella que me ayudara a salir del trance más o menos airosamente. Y en ese momento sentí que intentabas derribar las barricadas que protegían mi intimidad, que ibas tras algo que era mío solamente. Ingenua de mí que huía de los motivos profundos, aquellos que subyacen entre las nieblas de una conciencia no siempre despierta.

Y me asusto al ver cómo esta simple pregunta ha sido capaz de suscitar en mí diversas, paradójicas reacciones: al principio, un enigmático bloqueo me obliga a congelar la respuesta dentro de un gesto vago y sorprendido, en una mueca torpe e inútil, incapaz de cooperar en el alumbramiento de la palabra; y luego, me desbordo locuaz en catarata que rebota desordenadamente sepultando cualquier intento de exposición lógica, de armónica declaración; y es que, contradictorios comportamientos, acusan mi estupor, he sido sorprendida. Y no sé si tú, mi interlocutor, has quedado defraudado, yo, sin duda alguna, permanezco aturdida; y entonces te convoco hoy, porque en el interludio de nuestros diálogos, yo he tratado de recoger para la confidencia, el vaso derramado de mis secretos.

Primero me acerqué a mis temores desentrañando el por qué de mi desconcierto, ¿por qué a tal punto, me he sentido violentada en mi intimidad, empujada hasta el borde del abismo? Y entonces veo con nitidez cómo este oficio se hilvana con sólidos remates a lo más profundo de mi espíritu, cómo en cada frase desgranada sobre el papel queda impreso un pedazo de vida. Por eso, hablar del por qué escribo, significa desnudarme, y tú, estoy segura, ausente de tal implicación, me has invitado a hacerlo. Y si te contesto con integridad, quizás voy a descubrirte quien soy, y me pregunto si debo hacerlo, si estoy preparada para ello, si estoy obligada. Y me doy cuenta que estoy jugando con mis contradicciones, que es un ejercicio de lúdica dialéctica, donde el halago de hablar sobre mi oficio se combina con la timidez de develar mis secretos. Paradojas, confieso que me enfrento a una tentadora seducción, el deseo de volcarme, el mismo que da sentido a mi oficio.

Escribo para regalarme espacios prometedores, despertares donde aún la somnolencia se cuela en la vigilia rasgándola con imágenes y palabras que se atropellan para anunciar la aurora de una nueva composición. Y el día cobra de inmediato la luz de un nuevo reto, la esperanza del trabajo creador, aquel que en cada párrafo te regocija en el convencimiento de ser un poco mago y alquimista, propietario de una identidad de inventor.

Y cómo ves, soy vanidosa, ¿acaso no me elogio? quizás nadie lo note, he procurado disimular practicando mil peripecias y humildes aplazamientos donde, no obstante, la demora no apaga la esperanza del reconocimiento. Y es que siento que este incesante bullir que late en mi cabeza debe llegar hasta el papel, y entonces me resisto a confinarlo entre las rejas de mi porfiado elucubrar donde temo que se agote en sí mismo; tampoco quiero dejar que el viento errante lo desgaje entre olvidos después de haber encendido la conversación apasionante.

Y en este examen que ahonda en los motivos de una tarea que está ceñida a la propia carne, y que es el aire con que se oxigenan cuerpo y espíritu, vas descubriendo paradojas: el escritor con etiquetas de egocéntrico y ermitaño está acosado por una sed de sociabilidad, y es que no se conforma con que ésos, sus hallazgos, aterricen solamente sobre la hoja de papel, él quiere compartirlos, él quiere difundirlos. Por eso, desde su cueva, tiendes hilos comunicantes, lanza voces al viento que convierte en heraldo portador de sus mensajes, quiere darlos a conocer con la esperanza de encontrar resonancias, quiere adivinar el impacto de su misiva, quiere descubrir el meollo del posible intercambio. Y será ese su descubrimiento, el encontrar sin proponérselo la tarea de escribir con atrayentes significados: conocer y conocerse, liberar memoria y corazón y dejar fluir la palabra que ayer aguardaba entre bastidores. Emprender en soledad un viaje sin agenda, y en el camino, ir reclutando compañeros insólitos.

Y en esta ruta intrincada, camino hacia sorpresivos encuentros, senda que te depara novedades, el oficio se vuelve catarsis y confesión, sueños y existencia, el duende que despertará a la memoria, la magia que hará estallar la fantasía. Y entonces en una travesía quimérica, disparatadamente irás atravesando la propia realidad, drogada de palabras y espejismos, de recuerdos y de anhelos pendientes, componiendo armonías caprichosas al ritmo de una lengua que cada vez te ofrece más hallazgos. Y escribir es entonces el trance que escogemos para volver a vivir o para vivir todo aquello que nos ha sido negado; es ocasión para adjudicarnos premios y castigos. Y porque soy rebelde escribo para denunciar, y como soy cobarde me escondo tras alguno de mis personajes para expiar mis culpas. Escribir te permite jugar el adivina quien soy, burlarte de los tiempos y crear escaramuzas donde batallan mentiras y verdades, es a la vez disfrazarte y quitarte la careta, porque escribir es compromiso que te lleva a delatar tu propia esencia.

Entonces contestar a la pregunta inicial, motivo de mi turbación y de mi desconcierto, es declarar que soy vulnerable a todas esas seducciones, a ese llamado que incesantemente me incita a vuelos etéreos en busca de estrellas o a pisar tierra a través de agobiantes caminos, que me descubre a ratos como obstinada impenitente y también como pecadora contrita en busca de la redención.

Por eso, hablar del por qué escribo, significa desnudarme, y tú, estoy segura, ausente de tal implicación,  me has invitado a hacerlo.Y si te contesto con integridad, quizás voy a descubrirte quien soy, y me pregunto si debo hacerlo, si estoy preparada para ello, si estoy obligada. Y me doy cuenta que estoy jugando con mis contradicciones, que es un ejercicio de lúdica dialéctica, donde el halago de hablar sobre mi oficio se combina con la timidez de develar mis secretos. Paradojas, confieso que me enfrento a una tentadora seducción, el deseo de volcarme, el mismo que da sentido a mi oficio.