LA NEGRITA CONTESTONA

5 abril, 2011


Ramona

Siglo XVI

Y algunos dicen que las blancas son mujeres decentes y virtuosas que no caen en bajas tentaciones como tantas otras. Pero yo me pregunto ¿cómo es que hay cárceles para blancas si ellas no cometen pecado? Y sin ir más allá, los niños expósitos de quiénes son sino de ellas que echan al mundo unos cuantos bastardos, hijos de jóvenes solteras o mujeres casadas y adúlteras, vástagos habidos en relaciones hasta con parientes y donde traicionan a su propios maridos.

Porque esas otras, es decir, nosotras, mostramos nuestras caídas y lacras públicamente, ostentando nuestras barrigas y cargando con nuestros hijos para dondequiera, sean de quien sean. Por eso dicen que no tenemos vergüenza, será, pero los nuestros no crecen solos en un hospicio, como expósitos ignorantes, sin saber de quiénes vienen. Y yo se lo dije así no más al ama Verónica que entre sus peticiones diarias durante el rezo, no hace más que aludir a “esas mujeres de abajo” –dice- (se refiere a indias, esclavas y sirvientas) que viven en pecado porque son unas perritas en celo que persiguen al hombre con tanto descaro. Pero no le cayó nada bien mi réplica, y hasta me amenazó:

-Cállate negra altanera, que te voy a quemar la lengua con un tizón encendido para que no andes por ahí faltando el respeto.

5 abril, 2011



LA INDIA ANA DE REINA

5 abril, 2011


SigloXVI

Pues sí, es verdad que muchas fueron esclavas y tuvieron dueño, pero otras hemos sido “doñas” con el privilegio de esposas y la oportunidad de darles ilustres hijos, conquistadores aguerridos  que han ido construyendo en esta tierra una vida sedentaria y empujando el progreso de las aldeas que fundaron y que han llegado a la categoría de ciudades. Y entre nosotras se cuentan valientes cacicas que han detentado el poder, nos producen vanidad y orgullo las empresas políticas y poblacionales que han realizado, y como escribió el cronista, en muchos pueblos han sido ellas, quienes como reinas han gobernado por sobre sus maridos y súbditos. Lindos nombres ostentan, Orocomay, Ampueya, éstos tienen sabor a nuestra tierra oriental, a pesar de que a muchas, el hombre blanco nos ha bautizado y con ello, nos han cambiado tan encantadores apelativos a la hora de hacernos sus esposas: María, Joana, Isabel, Francisca. Mujeres guerreras, y ardientes para el amor con el que sedujimos al cristiano.

Pero de que ha habido esclavitud, claro que sí, porque vendidas y hasta herradas, las ha habido.

 

5 abril, 2011



INDIAS

5 abril, 2011


La India Melania

Y ya voy para dos meses de haberme casado con el indio, y nada que los señores lo dejan venir a dormir conmigo, y dígame que eso es una disposición de ley, que los maridos de la indias en servidumbre vengar de noche a la casa donde ella desempeña sus faenas. Pero siempre hay un motivo, y no le han dado la respuesta a mi problema. Pero no es nada, sino que el señor Notario de esta localidad, no me deja ni a sol ni a sombra. Todas las noches empuja la puerta del establo donde duermo y me empieza a buscar, y tengo que correr de aquí para allá, y el último día que me atrapó, y empezó con sus amenazas para que me dejara con él, pues me puse a gritar y no logró taparme la boca porque lo mordí. Eso sí, se levantó y me dijo hasta del mal que me iba a morir. Yo ahora estoy asustada y quiero decírselo a la Doña, pero ¿y entonces? Él me desmentirá y ella ¿quién sabe?  A lo mejor le cree más bien a él. Entonces la emprenderá contra mí.

ESCLAVAS

5 abril, 2011


La negra Paula


Yo prefiero el trabajo en casa de los amos porque la jornada en el campo es muy brava, y ahí no cuenta que uno esté embarazado o criando a la criatura. En esas condiciones tiene uno que quitar la hierba, recoger el fruto o la leña, bajo ese sol que quema, o si es el caso, calándose hasta los huesos bajo la lluvia.

Y esto de ser esclavo parece que es para siempre, porque de nada han valido los testamentos dejados por los amos a la hora de la muerte. Los herederos niegan toda obligación cuando uno acude a presentar la queja para que en justicia uno sea liberado, pues no, ellos tienen todas las de ganar, y termina uno castigado.

Yo a veces envidio las que se han fugado, ¡pero que va¡ eso me dura poco, porque se sabe que lo que pasan es calamidad y persecución, entonces toda la vida huyendo y mendigando un poco de maíz. Y muchas veces para que lo atrapen a uno, entonces vengan los cuerazos y la prisión.

¿Y de los alzamientos y rebeliones? Pues sí los han habido, ¡pero no hombre¡ los sofocan, y entonces ahí viene más castigo, a veces ni se les vuelve a ver porque los mandan a vender bien lejos.

 

 



La Mujer de todos



Y se me murió el negrito, qué dolor, si era mi primera parida y qué mal que me salió. Y yo que a decir verdá ni sé quien era el padre, porque yo vivía con Juan Soler, esclavo como yo, y nos juntamos así sin matrimonio, como lo hacíamos la mayoría de lo esclavos, y eso no le preocupó a naiden. Pero en ese bohío, allí en el repartimiento, de noche entraba el que llegaba primero, menos Juan Soler, porque a él lo sacaban pa fuera, y era que el amo y los amitos, les gustaba hacerlo conmigo, y entre ellos ninguno se respetaba, ahí me tenían de mujer de emergencia, porque a veces entraban y se vaciaban, y pa fuera. A ninguno de ellos le importó la muerte del negrito, pero a Juan Soler yo creo que sí, porque él me dijo: -pues yo si creo que era mío, porque tú viste bien ¿verdá? viste que bien negrito que era y tenía esa nariz aplastada como la mía, apenas más chiquita.

MADRES DE LECHE

4 abril, 2011


Relatora

Y con el auge de la producción de cacao el comercio de esclavos prosperó. Y los terratenientes enriquecidos tenían a los esclavos no sólo para el trabajo en el campo, sino que convivían con ellos en su propia casa ya que se dedicaban a todos los oficios del hogar y del cuidado personal de los amos. Y no escasearon las madres de leche cuando la Doña no podía criar a su hijo y alguna de las negras estaba recién parida, por eso se crearon estrechos nexos entre blancos y esclavos, ya que fueron muchos los amamantados por aquellas. ¡Y cómo se encariñaron las esclavas, amas de leche, con los hijos de los blancos! ¿Y ellos? No hace falta decirlo, ¡mi mamá negra!

LA INDIA CARIBITA

4 abril, 2011



Caribita

Todo fue cambiando, lo digo pues porque nosotros practicábamos nuestras costumbres y ritos, y yo tenía mi hombre, marido desde que fui adolescente, y lo decidieron

mi padre y el jefe de la tribu junto con el brujo. Y toda emplumadita me entregaron a mi indio, el que fue el padre de mis crías. Porque a tener indiecitos y a trabajar bastante hasta la hora del alumbramiento en que el hijo venía al mundo, y uno cargaba con él para proseguir con la faena en el bohío y en la tierra, cuidando siempre de no hacer ningún acto que perjudique a la criatura. Pero ellos, los invasores, no comprenden nuestros modos y nos juzgan con dureza, fue así que cuando sacrifiqué a uno de los mellizos y lo enterré bien hondo, el Cura me enjuició, y fue que lo supo por Yanimel que fue soplona, ¿y por qué? pues para eso, para ponerse de buenas con él, para que le diera de esa comida de ellos que a ella le gusta tanto. Pues entonces el sacerdote me pidió cuentas, y yo tuve que explicarle que nunca traicioné a mi marido con nadie, que fui toitica de él siempre y de ningún otro macho, pero el indio siempre sospecha y condena, porque ¿qué es eso de dos niños en vez de uno? El otro tiene que ser de un ajeno, fruto de una cochinada de uno con otro hombre, y entonces ahí le cae a uno el castigo. Y eso que yo no he parido hembra, porque de haberlo hecho pues le hubiera dado muerte para salvarla de tanto padecimiento como el que nos toca a las mujeres, trabajo y maltrato, porque no reposamos ni de noche, a los maridos les aseguramos su alimentación, la chicha que les gusta para ponerse bien perdidos, también el que puedan contar con sus mujeres en buena armonía, porque ellos tienen varias, y todas vivimos juntas. Y ¿ellos? apenas si atrapan algún animal con sus flechas, y se lo comen entre ellos mismos, porque al bohío no traen nada, mientras que nosotras hemos pasado el día cavando la tierra y recolectando el producto con el piojo a cuestas, para la comida de la familia. Y ellos llegan a tenderse en la hamaca, a marearse con la bebida, y a caernos a palos por cualquier cosa. Y eso cuando no nos raptan los otros indios que atacan los poblados, y entonces uno va a parar a otra tribu en calidad de esclava, para pasarla peor.

Pero bueno así es, y uno le pide a la luna y al sol por los favores necesarios, para sobrevivir y criar los hijos.

LA MULATA MERCEDITAS

4 abril, 2011


Y claro que terminé entregándome a él, ¿acaso que fue mezquino su acoso? Y yo no puedo negar cómo se me aflojaban las piernas y me venía ese calor desde allá abajo. Pero luego vino la casa de corrección, me recluyeron y por poco que me quedo en aquella oscuridad para siempre.

Pero así digo yo, por ser mujer y con sangre negra tuve que pagar penitencia, porque a él, que fue quien me lo hizo, entonces a cuenta de “chapetón” recién llegado a estas tierras, le metieron una amonestación y le cantaron la amenaza de excomunión. Pero ¿y qué? si los pecados de los hombres, además terratenientes, pasan por debajo de la mesa. Y por supuesto que él prometió corregir su proceder: ¿cómo? pues abandonando a la negra, y se defendió, ¡si yo no tengo culpa, fue ella que con sus pócimas y hechizos me embrujó! ¡sáquenla de aquí, que lo que le toca es destierro! -así dijo el muy malparido. Lo regañaron de nuevo por lo de creer en hechicería, pero igual siguieron sus consejos, aunque a medias: no me botaron para otro pueblo, sólo que me tapiaron dentro de estos muros donde ni rayito de sol se mete. Y no es la misma cárcel de ellas, las blancas que también cometen pecado, ellas van a hogares de caridad, a hospicios o a conventos, yo estoy recluida en la cárcel para negras Y ¡ah malaya! qué será esto que con tanta rabia como le tengo, aquí solita echada en la tierra, cuando no puedo dormir, es en él que pienso, y Dios me perdone, pero me hace falta.

 

La buscadora de rastros

Amor robado, pero también encendido. La posesión tantas veces forzada, pero tras el espanto inicial, fluye el ardor que se apega a esa figura cruel, y es un modelo de conducta que se trasmite por generaciones: la sumisión, pero no sólo eso, también afección y la morbosa pasión hacia el verdugo.